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martes, 4 de abril de 2017

Tu pasado no te excluye de servir a Dios


Muchas personas piensan que sus pecados pasados son lo suficientemente grandes como para impedirles que sirvan a Dios. Pero, esto no es cierto. Y lo podemos evidenciar a través de la vida del apóstol Pedro, quien después de pecar de una forma tan escandalosa y pública, Dios lo siguió usando. Tanto así que el historiador Lucas registra que Pedro predicó uno de los sermones más efectivos en el comienzo de la iglesia primitiva.

En el día de pentecostés Pedro se pone de pie ante una multitud que no tenía idea alguna de lo que estaba pasando al ver personas bautizadas en el Espíritu Santo. Con mucho denuedo, Pedro prosigue a proclamar el mensaje del evangelio. Cualquiera diría que esto es un acto sorprendente. Considerando que un tiempo atrás, este mismo hombre había negado públicamente a Jesús. Y ahora se encontraba predicando con gran valentía, sin temor alguno a perder su vida, incluso.

Pensemos lo que pudo haber pasado por la mente de Pedro antes de pararse a predicar. Es posible que batalló entre si hacerlo o no. De todos modos, era muy probable que entre la audiencia reunida ahí se encontraba la criada que señaló a Pedro diciendo que él era uno de los seguidores del galileo, la noche que él negó a Jesús. ¿Qué tal si ahí estaban también las personas que insistieron esa fatídica vez reiterándole que él había andado con Jesús ya que su misma manera de hablar lo delataba? 

Era posible que el temor a que le sacaran a relucir su pecado pasado paralizara a Pedro. No obstante, él estaba confiado que su predicación no estaba fundamentada en su propia justicia, sino en la justicia de Cristo. De no haber sido así, entonces uno de los sermones más efectivos en la historia no se hubiera predicado.

Verás, Dios tiene la irresistible facultad de tomar tu fracaso y volverlo en un milagro. Eso fue exactamente lo que pasó con Pedro, el apóstol. Y es exactamente lo mismo que Dios quiere hacer contigo.

Los humanos no somos inmutables. Eso quiere decir que el estado en el que nos encontramos no necesariamente será el estado en el que permaneceremos. Si estamos en Cristo, debemos  parecernos más a Él paulatinamente. Ninguno de nosotros somos un producto terminado y empaquetado. Por el contrario, somos obras en proceso. Jarrones de gracia que estamos siendo moldeados por las manos amorosas del Alfarero. 

Es por eso, entre otras cosas, que amo la Biblia. Porque en ningún momento esconde los errores y tropiezos de sus personajes. Sino que los muestra con toda claridad para que nuestro ánimo en el Señor sea edificado.

Y esto desarrollo lo vemos en la vida de Pedro. El Dr. Steven Cole muestra cómo Pedro creció en tres diferentes maneras.

En primer lugar, al comienzo de su ministerio con Jesús, Pedro era una persona extremadamente arrogante. Podemos observar esto cuando Jesús predice que sus discípulos huirían negándolo. Pedro es el primero en decir que esto no sería así en el caso de él, ya que de ser necesario, estaba dispuesto incluso a dar su vida. Pero, jamás haría algo como dejar abandonado a Jesús. 

Esta arrogancia no debe confundirse con valentía. Pues, momentos después notamos que las cosas no fueron así. Sino que más bien, Pedro seguía a Jesús desde lejos y lo negó cuando las personas señalaron que él andaba con Cristo. Pero, años después, cuando Pedro escribió una de sus cartas, ahora con alguna experiencia sobre sus hombros, él aconseja con prudencia: "Vístanse de humildad y sírvanse unos a otros.” 1 Pedro 5:5.

El fracaso tiene una pedagogía fructífera: nos enseña a ser humildes. Así como se lo enseñó a Pedro. Por eso, siempre que te encuentres con personas que caminan por la vida llevándose a los demás con el pecho, estás viendo a alguien que va en el carril izquierdo dirigiéndose hacia un fracaso inevitable que terminará, en el mejor de los casos, con una severa dosis de humildad.

En segundo lugar, cuando Jesús pidió a tres de sus seguidores más cercanos que le acompañarán a orar, Pedro también estaba ahí. Pero, no pudo velar junto al Maestro en oración. Ni siquiera una hora. Al parecer, orar no era una de las prioridades en el ministerio de Pedro. Sin embargo, años después, Pedro en una de sus cartas, escribe que: "debemos velar y orar” (1 Pedro 4:7).

El fracaso tiene el potencial de enseñarnos a depender más de Dios a través de la oración. Siempre que confiamos en nuestro repertorio de talentos, conexiones y recursos por encima de todo lo demás, Dios tiene el irresistible hábito de permitir que nuestros castillos de arena sean llevados por la marea alta de la vida. 

Para que así caigamos a la realidad que todo procede de Dios y debemos depender de Él. La vida cristiana no se trata de hacer algo por Jesús sino de hacer todo con Jesús. El fracaso nos enseña a depender más de Dios por medio de la oración. 

En tercer lugar, la noche que los soldados llegaron a traer Jesús para llevarlo preso, Pedro no soportó el hecho que su Maestro fuera tratado como un criminal. Habiendo sido miembro de la organización revolucionaria de los zelotes, cuya misión principal era liberar a Israel de las cadenas del imperialismo romano, Pedro se levanta con una espada y le corta la oreja a uno de los soldados. 

Sin embargo, un tiempo después, Pedro escribe en una de sus cartas que es necesario "padecer con paciencia en los sufrimientos pues sólo así tendremos una gloria segura." (1 Pedro 2:20).

El fracaso le enseñó a Pedro a ser paciente en la escuela del sufrimiento. De la misma manera que las lecciones aprendidas en la universidad del fracaso nos ayudan a confiar en Dios pacientemente en medio de las pruebas.

Pedro no fue valiente cuando negó a Jesús. Todo lo contrario, fue un acto de cobardía. Pero, cuando él se paró a predicar el evangelio en el día de pentecostés, Dios había usado su fracaso pasado para hacerlo un mejor hombre y un mejor seguidor de Jesús. Tu pecado podrá ser grande, oscuro, escandaloso y muchas cosas más. Pero, eso no significa que Dios no te pueda usar. Dios está interesado en restaurarte, no en reemplazarte.

En cierta ocasión, un hombre salió de vacaciones con su esposa e hijos en el carro de la familia. Poco tiempo después, el carro se averió y quedó varado en medio de la nada. Sin saber mucho que hacer, el hombre se bajó, levantó el capó e intentó repararlo. De pronto, un carro lujoso se detuvo. Y se bajó un hombre millonario vestido de manera muy elegante. Se acercó al dueño del carro malo y le ofreció ayuda. 

Éste, incrédulo, pensó: “¿Qué sabe un millonario de arreglar carros?” Pero, como estaba en apuros y no había nadie cerca, lo dejó que le ayudara. Después de hacer unos arreglos en el motor, el millonario le dijo al hombre: “Cuando yo le diga, enciéndalo.” El dueño, aún incrédulo, como no tenía nada que perder le contestó: “Sí, como usted diga.” “Ahora, enciéndalo.” Y de pronto, como por arte de magia, el carro encendió.

Muy sorprendido, el dueño del carro le dijo al hombre rico: "¡¿Cómo hizo eso?! ¡Por favor déjeme pagarle!" El magnate le contestó: "No se preocupe, señor, así déjelo. Además, como usted podrá ver, no necesito su dinero. Que tenga un buen viaje."-"¡No, señor, no puedo dejar que usted se vaya así por así. Al menos dígame porqué usted se detuvo en medio de la nada para ayudarme” replicó el dueño.

 -"Bueno, ya que insiste, buen hombre. Me detuve porque usted maneja un carro Ford. Y mi nombre es Henry Ford, por tanto, no puedo permitir que algo que yo diseñé no esté funcionando a la manera para la cual yo lo construí. Por eso tuve que restaurar mi creación."

Dios, tu Creador está interesado en restaurarte, no en reemplazarte. Tu pasado no significa que estés excluido de servir a Dios en el presente. Y en el futuro.

-Luís Luna Jr.

Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

viernes, 10 de marzo de 2017

¿Que buscar en un candidato político? (pt. 2)


Con tantos candidatos postulándose para tantos puestos y con tantos diferentes spots publicitarios, es necesario, hoy más que nunca, detenernos a reflexionar sobre que es lo que en realidad debemos buscar en un candidato. Más allá de las canciones pegajosas, más allá de las sonrisas, más allá de las fotos chineando a niños y abrazando a ancianas, ¿qué es lo que en realidad debe tener alguien rumbo a un cargo oficial gubernamental éste domingo 12 de marzo?


Debemos votar por candidatos competentes.

El carácter integro es una característica esencial y no negociable de un futuro funcionario público. Pero, también se requiere que el candidato sea una persona competente. Debe ser honrado y de carácter integro. Y también debe saber cómo lograr cambios positivos para el bien común del país. Debe tener integridad de carácter y habilidad administrativa. 

En la actualidad se han vuelto populares las candidaturas de ex-deportistas y artistas. No hay nada de malo en ello. Están en todo el derecho de usar su plataforma pública ya establecida. Sin embargo, es importante recordar que los candidatos más apropiados son aquellos con experiencia competente que sea acorde con el cargo al que se están postulando. Aunque esto no necesariamente significa que deban tener experiencia política. De hecho, cada vez más la población hondureña parece tener un escepticismo pronunciado hacia aquellos que han hecho de la política una carrera.

Sino que, en resumidas cuentas, un buen candidato debe ser mostrar que ha sido efectivo  gestionando proyectos o que ha tenido administraciones exitosas bajo su cargo. Los mejores candidatos son aquellos que han liderado algo en la vida. Y lo han hecho crecer. Sea en el sector privado, social o educativo. Pablo aconseja en la carta a los Romanos que aquellos que lideran deben hacerlo "con diligencia" (Rom. 12:8). Las caras lindas no hacen que las cosas sucedan. Pero, el trabajo duro e inteligente sí. Vota por personas competentes que tengan un historial de gestionar y movilizar proyectos en beneficio de una comunidad, organización o compañía.

Un buen candidato también debe ser competente en hacer alianzas. Incluso al otro lado del pasillo. Los políticos sectarios motivan su base electoral de correligionarios. Pero, no son buenos estadistas. Cuando alguien es elegido para un cargo público vía la elección popular debe aprender a hacer alianzas estratégicas con personas de una ideología opuesta. Con el propósito de beneficiar al país. 

Abraham Lincoln era conocido por asignar personas en su gabinete que abiertamente retaron y cuestionaron su candidatura durante el proceso de campaña. Cuando le preguntaban por qué lo hacía, él contestaba que los intereses del país eran más importantes que su ego. Y elegía a estas personas no porque estaban de su lado, sino porque eran los mejores en su oficio. Y por ende, la mejor elección para el país.

En otras palabras, el beneficio general del país debe estar por encima del avance particular de la agenda del partido. Esto implica renunciar al hábito tan común de satanizar al partido opositor, culpándole de todos los males que flagelan al país. Y beatificar al partido propio, dándole el crédito de todo lo bueno que ocurre dentro de la nación. Los mejores funcionarios públicos son los estadistas que saben que su deber es servir a todos los hondureños. Y no los sectarios que se interesan primero en ayudar a sus correligionarios.


Este es el segundo artículo de la serie: "¿Qué buscar en un candidato político?" Lee el primero aquí.

-Luís Luna Jr. 
Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

martes, 7 de marzo de 2017

¿Qué bucar en un candidato político? (pt. 1)




Este es el primer artículo de la serie: ¿Qué buscar en un candidato político?

Con tanta gente lanzándose para tantos puestos en estas elecciones primarias, es importante detenerse un momento a pensar. Más allá de las canciones pegajosas (y odiosas), de las sonrisas hermosas y de los chocoyos infalibles...
¿Qué debemos buscar los hondureños en los candidatos postulándose para un cargo público al momento de votar este domingo 26 de noviembre?

Debemos buscar candidatos íntegros.

El sociólogo Matías Fúnez (QDDG) solía decir que los hondureños le rendimos pleitesía a la corrupción, sin siquiera darnos cuenta. Porque cuando escuchamos de alguien corrupto que hizo de las suyas sin ser atrapado, casi de inmediato decimos: "Fulano de tal sí que le entiende al trámite." ¡Cómo si eso fuera algo digno de admirar! ¡Cómo si la picardía fuera una virtud por la cual alabar a alguien! Hoy más que nunca necesitamos funcionarios públicos que NO LE ENTIENDAN AL TRÁMITE.

No sé si esta historia es cierta. Al menos no he podido verificarla en fuentes de primera mano. Pero, mi sabia maestra de sociología siempre la relataba. Ella decía que José Trinidad Cabañas, uno de los próceres de nuestra patria, era un hombre muy honrado. Tanto así que después de servir como presidente, regresó a vivir a su humilde casa de campo. Por ley, el estado estaba obligado a darle una pensión vitalicia asignada a todos los ex-presidentes. Sin embargo, cuando él recibió la pensión, se rehusó a aceptarla. Argumentando que el país debía invertir ese dinero en salud y educación, en lugar de gastarlo en él.

José Trinidad Cabañas, se podría decir, no le entendía al trámite. Porque era un hombre de carácter íntegro. La integridad significa que una persona sea de una sola pieza. Que lo que dice sea coherente con lo que hace. Que no “le entienda al trámite.” La integridad de un candidato siempre será más importante que la habilidad de un candidato. El talento sólo puede llevar a una persona hasta donde su carácter se lo permite. Más que políticos sagaces y habilidosos, necesitamos funcionarios públicos con integridad. 

Honduras necesita de políticos íntegros cuyo interés sea el bien común y no hacer del país un patrimonio personal. Honduras debe ser la república de todos, no de algunos. Toma en cuenta la integridad de alguien antes de darle tu voto. 

Y pocas cosas hablan más del carácter y la integridad de un hombre que su familia. Un elemento que debe tomarse en consideración al momento de elegir a un funcionario público es la estela que ha dejado en la guianza de su hogar. No me refiero a que sus familias deben ser perfectas. No hay familias que no tengan disfuncionalidad. Tampoco estoy hablando que sus hijos tienen que ser santos. Pues, llega un punto en donde los hijos adultos toman decisiones contrarias a la crianza en casa. Eso pasa hasta en "los mejores hogares."

Sin embargo, resulta un poco difícil creer que un alguien en su quinto matrimonio sea capaz de ser efectivo en la administración de un cargo público. Eso no significa tirar piedras injustamente. Sino reflexionar en que la forma en cómo un candidato ha gobernado su hogar dice mucho de su integridad…o de la falta de la misma. Es una falsedad creer que la vida privada y la vida pública son dos cosas distintas. La vida privada de alguien siempre rebalsará en su plataforma pública.

Muchos están en desacuerdo, por ejemplo, con las políticas implementadas y las órdenes ejecutivas emitidas por el ex-presidente norteamericano Barack Obama. Pero pocos se atreverían a refutar el hecho que durante los ocho años de su mandato, su hogar, tan examinado por el ojo público, estuvo limpio de escándalos morales en el seno de su familia. La manera en cómo un candidato ha cuidado de su familia es un indicador más importante que la cantidad de bebés que besa o las ancianas que abraza en los mitínes políticos.

Por consiguiente, este domingo 26 de noviembre debemos votar por candidatos que sean íntegros, que no le entiendan al trámite y que hayan manejado su hogar con sabiduría.

-Luís Luna Jr.

Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

lunes, 19 de diciembre de 2016

Como usar tu dinero (sabiamente) en Navidad



Son muchas las opiniones que hay acerca de si es correcto que los cristianos celebramos navidad o no. Tengo buenos amigos que son mejores cristianos que yo que deciden abstenerse y no celebrarla. También, tengo buenos amigos que son mejores cristianos que yo que deciden participar de ella. En lo personal, creo que hay buenos argumentos en ambos lados de la opinión. Pero, decido celebrar la navidad. Porque es más un asunto de consciencia que algo doctrinal.

Sin embargo, cualquiera que sea tu postura con respecto a la celebración de la navidad lo que es casi seguro es que todos participamos del consumismo excesivo de la navidad. Ya sea que decidas no hacer tamales o que si decidas hacerlos (de ser así por favor avísame), ya sea que decores arbolito o que no porque las bolitas que cuelgan de los árboles representan las cabezas de los niños que Herodes mandó a decapitar, lo que es casi seguro es que terminarás gastando más de lo normal para estas fechas.

Esta es la razón por la que considero que el verdadero enemigo a luchar para esta temporada no son tanto los demonios que se pueden infiltrar a nuestras vidas por participar en estas fiestas sino más bien el ídolo del consumismo que podemos levantar en nuestro propio corazón.

Por eso quiero compartir tres consejos para reflexionar sobre cómo usar nuestro dinero en estas fechas.

1. Distingue entre necesidades y deseos.
A veces la manera en que hablamos muestra el razonamiento que usamos para tomar decisiones. No siempre. Pero a veces. Creo que este es el caso cuando nos referimos sobre compras navideñas. Usualmente, nos hemos encontrado a nosotros mismos decir cosas como: “Necesito ese par de zapatos. Y necesito que sean de esa marca.” Claro, puesto de esa manera entonces, la compra parece justificada. Pues, de todos modos es algo necesario. Pero, ¿en realidad es una necesidad o un deseo? 

Esto no significa que una sea más espiritual que la otra. O que el hecho que quieras algo sea inherentemente malo. Pero, lo que sí significa es que debes reflexionar entre aquellas cosas que sí requieres para tus quehaceres o para ser más efectivo y aquellas que nada más son deseos tuyos. Hace algunos días estuve a punto de comprar una computadora nueva. Cuando estaba casi decidido a desembolsar una cantidad considerable de dinero, al menos para mí presupuesto, me detuve a reflexionar: “Yo ya tengo una computadora. Y me funciona perfectamente bien para lo que yo necesito hacer. Yo no necesito una computadora nueva. Yo quiero una computadora nueva.” Con el fin de ayudarte a ser más sabio y no para hacerte sentir mal después de comprar algo, ¿por qué no pruebas hacerte esta pregunta antes de comprar?: ¿Necesito esto o deseo esto?

2. Prioriza experiencia sobre objetos.
Según estudios recientes, las personas más satisfechas consigo mismos y con la vida en general son aquellas que tienen un repertorio lleno de experiencias en lugar de un armario lleno de ropa. En otras palabras, la gente feliz es la que tiene más y mejores recuerdos en lugar de más ropa, zapatos y aparatos tecnológicos. Las experiencias quedan para siempre. Las cosas se vuelven, con el tiempo, obsoletas. El Smartphone que tanto amas y que te hace sentir una persona “trendy” en un par de meses estará desactualizado porque saldrá uno mejor. Pero, un viaje a la playa con tus amigos estará lleno de gratos recuerdos. Y algunos no tan gratos también.

Entonces, si vas a usar tu dinero, considera gastarlo en experiencias enriquecedoras con tus amigos y familia en lugar de llenar tu casa de cosas que no necesites que compraste con dinero que no tienes para sorprender a gente que ni siquiera te cae bien. Así que lo que esto puede significar, es que en lugar de comprar zapatos caros, puedes planear un viaje a la playa un 25 de diciembre con tu familia. Claro, escribo esto desde un país tropical cercano al ecuador en el que la idea de viajar a la playa en diciembre es viable. Pero, si estás en otro lado del mundo, entiendes el punto. Las personas son más importantes que las cosas. Los recuerdos que hacemos con las personas valen mucho más que los objetos que almacenamos. Prioriza personas en lugar de cosas. 

3. Usa tu dinero como medio de gracia
Muchos de nosotros queremos atribuirle a la temporada de la navidad significados que son nobles, pero no esenciales. Por eso hay personas que dicen: “este es un tiempo para compartir en familia, este es un tiempo para agradecer por todo, este es un tiempo para sentarse a planear para el futuro, este es un tiempo para ser generoso.” Todas estas cosas son verdades. Y muy nobles. Pero, ese no es el verdadero significado de la navidad. Lo que en realidad celebramos en estas fechas es que nuestra situación pecaminosa era tan desesperada que requería que el hijo de Dios tomara forma de hombre para vivir entre nosotros y morir por nosotros.

Porque Jesús vino a habitar en medio de nuestro desastre es que nosotros podemos tener esperanza en medio de los diferentes desastres de la vida. Porque Jesús vino a nacer en un pesebre siendo temporalmente excluido nosotros estamos seguros que somos eternamente recibidos en el abrazo del Padre. Jesús vivió la vida que nosotros teníamos que vivir. Y murió la muerte que nosotros teníamos que morir. Navidad es Jesús. Y el milagro de la Encarnación.

Y porque el milagro de la encarnación es el centro de la navidad, nosotros podemos usar nuestro dinero como un medio de gracia. Nuestras posesiones, entonces, se convierten en canales de redención para apoyar lo que Dios ya está reconstruyendo. Por eso, puedes usar tus recursos para alcanzar a más gente para Cristo donando y siendo parte de diferentes iglesias y ministerios transparentes que están haciendo una diferencia alrededor nuestro. El dinero sí puede traer felicidad, cuando lo usamos para ayudar a otros.

-Luís Luna Jr. 
Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente por Abba.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Una actitud de gratitud


¿Has estado al lado de alguien que se queja siempre? ¡Que duro que es! ¡Soportar su verborrea negativa! ¡Ver siempre la manera en cómo contentarlos y cumplirles sus caprichos porque de lo contrario no se callaran! ¡Hay gente con la que simplemente nunca se queda bien!

Algunos se quejan porque hace mucho calor. Otros se quejan porque hace mucho frío. Algunos se quejan porque la música está muy bajita. Otros porque está demasiado estridente. 

Algunos se quejan porque tienen mucho tiempo de trabajar y no les han aumentado el sueldo. Otros se quejan porque les aumentaron el sueldo y ahora tendrán que pagar más impuestos. 

Algunos se quejan porque no soportan ya la vida de soltero y quieren casarse. Otros se quejan porque no soportan la vida de casados y quieren regresar a estar solteros.

Todos nosotros en algún punto de nuestra vida nos hemos quejado. O nos vivimos quejando. La ironía del comienzo de este artículo es que inicié quejándome de la gente que se queja. Entonces, creo que eso automáticamente me convierte en alguien igual a las personas de las que me estoy quejando, ¿no?

Pero, Dios no quiere que nuestras vidas estén marcadas por un corazón quejumbroso. Todo lo contrario, Dios espera que caminemos con un espíritu agradecido.

Porque una actitud de gratitud abre las puertas a la plenitud.

La manera en cómo desarrollamos un espíritu de gratitud es a través de la práctica del agradecimiento. Esto es: continuamente agradecer a Dios por todo lo que proviene de su mano. Esto no quiere decir vamos a agradecer hipócritamente, sin sentir lo que estamos expresando. La gratitud fingida es esencialmente, al fin y al cabo, mera ingratitud. 

Pero, en ocasiones no necesitamos sentir el deseo de algo para realizar la acción. Sino, más bien, cuando decidimos hacer algo por convicción el sentimiento se une después. Aunque no “sintamos” ser agradecidos, si decidimos ser agradecidos entonces el "sentimiento" de gratitud nos acompañará después.

Pero, ante todo esto es importante que nos preguntemos porque es necesario cultivar un corazón agradecido en primer lugar.

La gratitud sustituye al pecado. Ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias." (Efesios 5:4).

Las palabras que hablamos evidencian el contenido que llena el corazón que cargamos. Si nuestras palabras están marcadas por negativismo, quejas y reclamos entonces eso significa que nuestro corazón está seriamente descontento. Y por consiguiente, el círculo vicioso es reforzado. Ósea, un corazón descontento expresa palabras negativas que a su vez refuerzan el malestar de un corazón que ya estaba inconforme en primer lugar.

Hablar con negativismo es algo malo no porque los libros de auto-ayuda y de psicología popular lo condenan, pues nos impiden "cumplir nuestras metas." En realidad, el asunto es más profundo que eso. Dejar de ser agradecido, o ser mal-agradecido, es un síntoma que indica una patología más peligrosa: la incredulidad en el carácter bondadoso de Dios. 

Un cristiano con un corazón quejumbroso es, en primera instancia, alguien que no cree que Dios verdaderamente cuida de sus hijos. No lo expresaríamos de esta manera tan cruda. Pero, esa es la música de fondo que suena en el corazón de una persona que se pasa la vida quejándose.

Si somos malagradecidos significa que primero fuimos incrédulos. No creemos, o creemos parcialmente, que Dios es bueno y que cuida de nosotros. Y todo lo que proviene de la incredulidad es pecado (Rom. 14:23). Vivir con una mentalidad quejumbrosa, no sólo es señal de incredulidad, sino que también asfixia el proceso de ver las cosas desde una perspectiva celestial. La vela de la esperanza y el optimismo se apagan por el viento implacable de las quejas. El pecado se nutre de la incredulidad y crece en la oscuridad. Por consiguiente, un corazón quejumbroso está más propenso a vivir en pecado.

Es en vista de esto, que tenemos la necesidad de cultivar un corazón agradecido. Porque cuando lo hacemos nos estamos poniendo lentes de optimismo. Estamos viendo al mundo de la manera en que Dios lo ve.  Los cristianos, de todas las personas, deberíamos ser los más agradecidos, optimistas y llenos de esperanza. Porque nuestro optimismo no es ingenuo y frágil, basado en nuestros impulsos intermitentes de hacer el bien. Sino, sólido y bien fundamentado, basado en la revelación de un Dios que está haciendo nuevas todas las cosas.

La esperanza escatológica de un cielo nuevo y una tierra nueva deben llenarnos de agradecimiento por lo que Dios hará. Un corazón distinguido por el agradecimiento a un Dios que cumple sus promesas es terreno fértil para que crezcan las flores de la piedad en lugar de la maleza del pecado.

¿Agradecido en todas las circunstancias? Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (1 Tes. 5:16-18).

Muchos leyendo esto sienten que tienen derecho a quejarse. Porque las personas los han tratado mal. O la vida les ha jugado una mala carta. Es fácil sentirse agradecido cuando todo está bien. Cuando lo que emprendamos da resultados. Cuando la familia está unida. Cuando las cuentas están pagadas. Pero, ¿qué pasa cuando todo se desmorona? ¿Qué ocurre cuando, a simple vista, no hay ninguna razón lógica por la que deberíamos estar agradecidos?

¿Qué pasa cuando sentimos que tenemos todo el derecho de quejarnos después de lo que hemos sufrido? Es importante entender que Dios no te llama a negar la, a veces, cruda realidad que rodea tu vida. La fe bíblica no niega lo que es. 

Al contrario, al negar lo que realmente es estamos removiendo el escenario para que Dios haga lo que sólo Él puede hacer. Es como si estuviéramos sentados frente a un médico y juráramos que no hemos estado teniendo los síntomas respectivos de un tumor maligno.

Sin embargo, la verdadera fe bíblica es creer que la realidad de Dios puede invadir la realidad aquí en la tierra y transformarla para Su gloria. Cuando creemos esa verdad entonces estamos comenzando a ver el mundo a través de los lentes de Dios. Con los ojos de la fe. 

Y sólo cuando vemos al mundo con los ojos de la fe es que podemos estar agradecidos ante cualquier tipo de circunstancia. Creemos en lo que Dios puede hacer y creemos en lo que Dios ha prometido hacer. ¿Por qué? Nuestra confianza en lo que Dios promete descansa en que Él ha cumplido lo que ha prometido en el pasado.

Del cumplimiento de las promesas pasadas dependen la certeza de nuestra fe en el futuro y nuestra gratitud en el presente. ¿Y cómo podemos estar seguros que Dios cumple sus promesas? Viendo la cruz. Mucho se puede decir sobre las razones por las que Dios permite el mal. Pero, una de las razones que con seguridad podemos afirmar que NO es, es esta: Dios es indiferente al sufrimiento y al mal en el mundo. Eso no es cierto. 

De hecho, Dios mismo ha pasado por los niveles de dolor y sufrimiento más grandes que alguien haya podido experimentar siendo brutalmente asesinado en una cruz romana. La cruz, al igual que la tumba vacía, son las evidencias más grandes que Dios cumple lo que promete. Las promesas del Antiguo Testamento sobre un Redentor que salvaría el mundo a través de su propio sufrimiento se llevan a cabo en la vida y obra de Jesús.

Por eso, ahora a la luz de estas verdades nosotros caminemos con seguridad. Pues estamos siendo sostenidos por las mismas manos que diseñaron el cosmos y fueron clavadas por nosotros. Pase lo que pase y venga lo que se venga, podemos tener una actitud de gratitud. Porque aunque no tengamos el control de las cosas, somos inmensamente amados por Aquel que sí lo tiene. Y por eso, gracias Dios.

-Luís Luna Jr.

Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Buenas noticias: Jesús no es tu coach


Ya varias veces he intentado ser parte de la cultura fit que se ha apoderado del mundo. Con pena, admito que no he podido. Mi pancita es evidencia empírica de ello. Un tiempo atrás probé ingresar a un gimnasio. “De todos modos”, solía decirme a mí mismo, “no es algo que parezca tan difícil. Sólo voy, hago mi rutina y me largo.” Eso era lo que yo creía. Los veteranos del gym han detectado esta misma ingenuidad en los novatos que se inscriben la primera semana de enero de todos los años.

Entré pensando que como yo sabía el resultado que quería alcanzar, no necesitaba de alguien que me dijera lo que tenía que hacer. Pasó poco tiempo para reconocer lo equivocado que estaba. Me di cuenta que, por mucho que no quisiera, necesitaba de un coach, o instructor o de gimnasio cuyo nombre fuera Mike, Tony o Charlie. ¿Alguna vez se han preguntado porque casi todos los entrenadores de gimnasio llevan nombres como esos?

En fin, nos guste o no, en el gimnasio en particular y en la vida en general necesitamos de coaches o entrenadores que nos ayuden a tomar decisiones correctas.
Necesitamos coaches, por ejemplo, en nuestras finanzas. Tal vez tienes metas financieras grandes. Pero, ¿adivina qué? Hay personas que ya han logrado los objetivos que tú recién te acabas de poner. Y una de las mejores cosas que puedes hacer es acercarte a estas personas para invitarles un café, hacerle buenas preguntas y luego callarte la boca para aprender acerca de cómo han logrado lo que han logrado.

Necesitamos coaches que nos ayuden a llevar buenas relaciones interpersonales. Si analizamos bien nuestras vidas nos daremos cuenta que una causa común de los problemas que cargamos son conflictos no resueltos que involucran las relaciones más cercanas y significativas que tenemos. Pero, hay personas que han sabido caminar el a veces espinoso trecho de las relaciones humanas y pueden guiarnos para que seamos saludables en esta área.

Estos sólo son algunos ejemplos, pero podemos seguir nombrando áreas en las que necesitamos la retroalimentación y el consejo de aquellos que ya han estado en donde nosotros queremos llegar. Y que pueden guiarnos hasta ahí, en lugar de cargarnos hasta ahí. Después de todo, los mejores coaches son aquellos que nos guían acerca de qué hacer en lugar de aquellos que hacen las cosas por nosotros.

Y por muy novedoso que se pueda escuchar el concepto de tener un coach, no es algo innovador en la Biblia. Pablo aconseja a Timoteo para que enseñe a los hombres y mujeres mayores de la iglesia en Éfeso a que puedan ayudar a madurar a aquellos que están más jóvenes dentro de la congregación. Pero, por mucha ayuda que es tener un coach hay momentos en nuestras vidas que necesitamos algo más que mera instrucción y sabiduría práctica. A veces los consejos no son suficiente. Porque hay momentos en nuestra vida que necesitamos más que sólo buenos consejos y buenos instructores. 

Cómo cuando te encuentras tan cansado que no quieres seguir. Sabes que Dios te ha llamado. Pero, no sabías que la misión a veces puede drenar tu vida. Te sientes cansado. Pero, no sólo físicamente cansado. Sino un cansancio que va más allá. Del tipo de cansancio que no se arregla con dormir 20 minutos por la tarde.  Un cansancio de tanto hacer el bien. Cansado de ser el parachoques de la familia, del trabajo y de la iglesia. Cansado de ser el basurero emocional de la gente que te rodea. Un cansancio del espíritu que se manifiesta en el cuerpo.

O como cuando has sido traicionado. No de forma superficial. Sino traicionado de verdad. Por personas que jamás te lo imaginaste. Traicionado por aquellos en quienes tuviste el atrevimiento de poner tu confianza en las manos de otros. Y ellos la tomaron, la tiraron al suelo, la escupieron y la pisotearon. El puñal duele más cuando es clavado por aquellos que sostenían tu corazón.

O como cuando has perdido a un ser querido. Y el dolor es indescriptible. Si lo quisieras poner en palabras, dirías que la mitad de tu alma se está asfixiando. Porque la otra mitad se fue con la persona que te dejó. La soledad, el desamparo, la ira hacia Dios, y a veces, hacia el difunto. Tanto así que no puedes si quiera funcionar bien en horas laborales. Y estás ausente en horas familiares.

Es bueno tener un coach. Pero, en momentos en la vida como estos necesitas más que un instructor que te diga que hacer. Necesitas a alguien que no sólo te de consejos que lo único que revelan es que él o ella no ha pasado por lo que tú estás pasando. Necesitas a alguien que haya atravesado lo mismo que tú.
Necesitas a un salvador.  Necesitas a Jesús.  El problema central del hombre no es falta de instrucción. El problema central es un problema del corazón. El corazón de todo problema es un problema del corazón. Sólo Jesús puede sostener tu corazón y ayudarte en momentos que sientes que te ahogas y estás espiritualmente y emocionalmente agonizando.

Por eso, cuando estás recogiendo los pedazos que quedaron de tu alma después de haber sido traicionado por alguien que amabas, Jesús no viene a ti con el libro de Dale Carnegie sobre como “Ganar amigos e influenciar a las personas.” El viene a sentarse a tu lado y a decirte: “Me di cuenta que te hirieron.  Yo fui traicionado también por un amigo, sabes. Se llamaba Judas. Sé exactamente cómo te sientes. Y estoy contigo.” En Jesús, Dios ha sido traicionado. Al igual que tú.

Cuando estás atravesando los momentos más oscuros después de la pérdida de un ser querido, Jesús no viene a ti con una presentación de PowerPoint sobre las diferentes etapas del duelo y como atravesarlas de forma efectiva. Jesús viene a conversar contigo diciéndote: “Supe que perdiste a alguien que amabas. Yo también he llorado la muerte de un ser querido. Se llamaba Lázaro. Sé exactamente cómo te sientes. Y estoy contigo.” En Jesús, Dios ha sufrido duelo. Al igual que tú.

Cuando te encuentras a punto de tirar la toalla porque sientes que tu vida es una montaña rusa emocional y estás cansado de todo, Jesús no viene con el artículo más reciente de Harvard Business Review sobre los 5 secretos para incrementar tu productividad en horas laborales. Sino que Jesús viene a contarte acerca de la vez que el sol le fatigó tanto que tuvo que detenerse a pedir agua a una mujer samaritana de dudosa reputación que estaba cerca de un pozo. En Jesús, Dios se cansa y tiene sed. Al igual que tú.

Jesús no es tu coach. Claro, hay muchas cosas que Él tiene tiene que decir acerca de las diferentes áreas de nuestras vidas que debemos escuchar y obedecer. Pero, Jesús da mucho más que buenos consejos. Y es mucho más que un buen instructor. Jesús no es sólo buenos consejos. Jesús es buenas noticias. Jesús es mucho más que un instructor, Jesús es un Redentor. El sumo sacerdote que se compadece de nuestras debilidades porque las ha atravesado todas y ha sufrido de todo al igual que nosotros pero sin pecado.

En medio de los problemas, en medio de las crisis, en medio de las dificultades Jesús no viene a darte una promesa que todo saldrá bien, que todo pasará rápido o que todo se arreglará. Jesús viene a darte algo mucho mejor que eso. Jesús viene a darse a sí mismo. Jesús no siempre trae la solución. Al menos según lo que nosotros concebimos como solución. Pero, siempre trae Su presencia. Porque Su presencia es Su promesa.

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-Luís Luna Jr.
Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba

sábado, 3 de septiembre de 2016

Si quieres reformar la iglesia primero necesitas saber esto


Si somos sinceros con nosotros mismos vamos a reconocer que los humanos a veces somos demasiado críticos de lo que está a nuestro alrededor. Por ejemplo, la selección nacional de fútbol de mi país Honduras recién acaba de jugar. Y cada vez que eso pasa muchos que jamás han puesto un pie dentro de un campo de fútbol de pronto se convierten en balones de oro y asistentes del director técnico. Yo he sido culpable de esto. 

Pero, el fútbol es sólo una de las tantas esferas en las que esto lleva lugar. También ocurre en otros asuntos.

Pueda  ser que algunos no tengan la menor idea de cómo calentar agua en un microondas en la cocina, pero pueden volverse un Gordon Ramsay en esteroides cuando prueban un plato que no estaba bien hecho. Al menos según el paladar de ellos.

A lo mejor algunos no son padres biológicos ni mucho menos son responsables de la crianza de alguien, pero tienen bastantes opiniones acerca de cómo los demás padres deben criar a sus hijos.

Tal vez algunos jamás han estado a cargo de nada, nunca. Pero creen que el presidente y todos los líderes del mundo libre harían bien en sentarse a escucharles por 15 minutos para corregir todo lo que está mal en materia de finanzas, educación y seguridad.

Claro, el problema no radica en tener una opinión crítica. Desarrollar un pensamiento crítico es importante para cada persona sin importar su credo religioso o afiliación política. Desafortunadamente, son demasiadas las personas que aprenden qué pensar, pero no aprenden a pensar. Nuestro aprendizaje no debe limitarse a memorizar información sino también debe incluir aprender a reflexionar. Habiendo dicho esto, creo que a veces confundimos un pensamiento crítico con un espíritu crítico. Está bien poseer un pensamiento crítico. Pero, no está bien ser poseído por un espíritu crítico. Y en más casos de los que deseamos, muchos con espíritu crítico trasladan su sentido nocivo de descontento a la iglesia bajo el título auto proclamado de reformador.

Por gracia de Dios, crecí en un hogar cristiano. Asisto a la iglesia desde que tengo memoria. Si quisiera mostrar mis credenciales, mencionaría el repertorio de canciones de Francisco Orantes que memoricé en escuela dominical. O la cantidad de veces que me dormí debajo de las bancas en el templo. Ahora ya casi no hay bancas en los templos. Pero, las personas que son lo suficiente viejas como para acordarse cuando habían bancas en los templos saben a lo que me refiero. O también mencionaría la cantidad de fogatas en campamentos para jóvenes en los que he estado. O las veces que me he escondido cuando ha llegado un predicador invitado con don de profecía y palabra de ciencia. 

En fin, las congregaciones de las que he sido parte han tenido un papel significativo en cada etapa de desarrollo en mi vida. El mundo relacionado con la iglesia universal tiene un lugar especial en mi corazón. Pero, a pesar de esto, no pretendo defender algunas prácticas presentes que están lejos de la idea que Dios tiene acerca de la iglesia en el nuevo testamento.

Sin embargo, paralelamente a eso, creo que debemos tener cautela hacia la gran muchedumbre contemporánea de personas que se autoproclaman reformadores. Y bajo ese título escudan muchas de las continuas granadas que lanzan hacia la iglesia. A veces pareciera que si alguien quiere tener un espacio en la farándula cristiana en la actualidad debe construir su nicho con las piedras que lanzara al cuerpo de Cristo.

Primero que nada, y al riesgo que esto sea tangencial, si en serio eres un reformador, permite que sean otros quien te asignen ese título. Es un poco raro y poco creíble cuando eres tú quien te lo asigna.

Y segundo, si en serio quieres causar una reforma en la iglesia, ya sea que tengas en mente a la iglesia como cuerpo de Cristo universal o a tu congregación local, el requisito indispensable para reformar la iglesia es, según el pastor Juan Sánchez, amar la iglesia. Nadie puede reformar una iglesia que primero no ama.

Porque si intentamos reformar la iglesia sin primero amar la iglesia terminaremos deformando la iglesia.

Deformamos la iglesia cuando nuestro deseo de "reformarla" proviene de un amor narcisista que quiere llenar templos con minions que emulen nuestras opiniones y gustos personales. Si es el caso contigo, eso no te hace un reformador. Eso te hace un líder egocéntrico e inseguro.  La verdadera reforma ocurre cuando nuestro deseo por hacer cambios sustanciales dentro de la iglesia proviene de una convicción profunda de trabajar por ver realidad todo lo que Dios ha dicho que la Iglesia es y debe hacer.

Antes de reformar la iglesia, primero debemos estar seguros que nuestro motivo para reformarla es porque la amamos. Y la razón por la que amamos la iglesia es porque Jesús ama la iglesia. El amor de Jesús hacia la iglesia no es un concepto vago, abstracto y un tanto nebuloso. La evidencia del amor de Jesús hacia la iglesia es un madero oliente a sudor y sangre; un par de manos y pies traspasados por clavos romanos y una tumba vacía.

Y porque Jesús ama la iglesia de manera sacrificial, nosotros también podemos y debemos hacerlo. Debemos amar la iglesia con sinceridad y con intensidad. Amamos la iglesia con sinceridad cuando la aceptamos tal cual es. El teólogo alemán y espía que intentó asesinar a Adolf Hitler, Dietrich Bonhoeffer, decía que muchos ministros sostienen una visión tan grande de la iglesia que desean tener que no aman la iglesia que en realidad tienen. Debemos amar la iglesia en la que Dios nos ha permitido liderar. No la que nosotros fantaseamos con liderar.

Pero, también debemos amar la iglesia con intensidad. Amamos la iglesia con intensidad cuando damos nuestra vida para que se convierta en la radiante novia que espera la venida de su Amado. Amamos la iglesia sinceramente, con manchas y arrugas. Pero,  amamos la iglesia intensamente. Trabajamos y damos nuestras vidas para que reciba a Su amado con esplendor, sin manchas y arrugas.

Estoy seguro que, al igual que yo, son muchas las cosas que te disgustan de la iglesia en la actualidad. Puede que te disgusten las cosas grandes y malas que ocurren en los lugares más altos dentro de ella. Su  aparente intoxicación por el poder político a través de la historia. O la corrupción de cuello blanco que en ocasiones hay dentro de círculos administrativos.
Tal vez son las cosas pequeñas las que te sacan de casillas. Como el hecho que el líder de alabanza sea desafinado. O que el pastor cuente los mismos chistes y las mismas historias en sus sermones.

A lo mejor tu malestar es porque tu iglesia es demasiado grande y lujosa. O demasiado pequeña y sencilla. Pero, cristiano, si en tu congregación, Dios y Su Palabra son imperfectamente exaltados, Jesús está ahí. Jesús está en tu congregación porque Él murió por tu congregación. Está bien si tienes una lista de las 95 cosas que deben cambiar en tu iglesia. ¿Quieres reformarla? ¡Excelente! Uno de los lemas en el tiempo de la reforma protestante en el siglo 16 era SEMPER REFORMANDA, que quiere decir: "Siempre reformando." Pero, ¿qué tal si antes de reformarla primero intentas amarla? De todos modos, sólo aquellos que han amado la iglesia profundamente han reformado la iglesia radicalmente.

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-Luís Luna Jr.

Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

martes, 30 de agosto de 2016

Predicador, nunca serás profesional


Siempre me han interesado los deportes. Pero, he sido un aficionado casi sólo del fútbol. Mi papá suele decir que pude tener un futuro como futbolista. Pero, claro él es mi papá. Y eso es lo que se supone que los papás dicen, ¿no es cierto?

Aunque, les seré sincero, por algunos años me la creí. Y decidí probar mi suerte como jugador inscribiéndome en las pruebas para entrar al equipo de fútbol del colegio. Tenía un cuerpo modestamente atlético. Y pasé las pruebas con éxito. El entrenador, después, me dio la noticia que formaba parte del equipo. No tienen idea de lo extático que me sentía cuando me di cuenta.
Sólo que había un pequeño detalle: yo era el más pequeño del equipo. No sólo en edad sino que en estatura también. Y aunque me gustaría decir que mi falta de calificativos físicos estaba complementada por un desborde natural de talento, eso no es cierto. Yo no era ninguna promesa para el deporte. Y el experimentado ojo del entrenador no tardó en darse cuenta de esto. Verán, no quiero remover recuerdos dolorosos que conscientemente he enterrado en mi subconsciente, pero sólo diré que la banca y yo nos llevábamos bien.

Hasta que un día, casi al final del segundo tiempo, el entrenador gritó: "Luís, vaya a calentar." Me paralicé. No sabía que hacer. Tenía emociones confusas. Por un lado, sorprendido porque el entrenador me esté tomando en cuenta. Y por otro, nervioso por temor a hacer el ridículo. Después del tiempo normal de hacer calistenia, ingresé al campo de juego.
Esta es la parte en la que me gustaría alterar la historia y decir que mi equipo iba perdiendo y mi entrada al partido fue determinante para cambiar el marcador de una manera tan legendaria que quedaría registrada en los libros históricos del deporte Rey.

Pero, no fue así. Mi debut fue sin pena ni gloria. O tal vez, más pena que gloria. Estaba tan emocionado por entrar al campo que una vez dentro no sabía qué hacer. Mi entrenador lo notó y me llamó aparte para instruirme: "si no sabe qué hacer, sólo pase la pelota a quien sí sabe hacerlo." Ese día no hubo goles. No hubo asistencias de mi parte. Y nadie salió diciendo que habían visto al joven que llevaría a la selección al próximo mundial. Pero, lo que sí ocurrió es que, por alguna razón, comencé a jugar más seguido. El nerviosismo se fue disipando. Y la confianza en mí mismo se fue fortaleciendo. Comencé a notar un comportamiento peculiar. Cuando antes prefería que nadie me pasara la pelota para no llevar responsabilidad, ahora me enojaba porque no me pasaban la pelota a mí. Cuando antes prefería pasar la pelota a los que sí sabían que hacer con ella, ahora levantaba las manos gritando para que los ineptos de mis compañeros me pasaran el balón a mí. Porque ahora quería que todos los reflectores y todas las miradas estuvieran puestas en mí. No era un profesional del deporte, pero tenía la actitud como si lo fuera.

De manera curiosa, he notado que esto ocurre no sólo dentro de un campo de fútbol sino que dentro del campo ministerial también.

Si tienes algún tiempo de estar sirviendo al Señor a través de un ministerio en tu iglesia local, quiero hacerte una pregunta: ¿recuerdas cuando comenzaste? ¿Recuerdas la primera vez que alguien te pidió que predicaras en un culto de oración porque es el día que menos gente llega y así hay menos riesgo? ¿Recuerdas cuando te pidieron cantar por primera vez en un servicio de la iglesia? ¿Recuerdas cuando te preguntaron si estabas dispuesto a servir en ese ministerio? ¿Recuerdas que casi vomitaste de los nervios antes de enseñar la palabra en el grupo de crecimiento por primera vez? ¿Recuerdas lo necesitado y desesperado que estabas al ver que tu repertorio de habilidades significaba nada ante la ausencia del poder de Dios?

Pero, es posible que, así como yo, un par de partidos después, un par de congresos después, un par de afiches después, un par de púlpitos después las cosas hayan cambiado. Y cuando antes tu estrategia era sencilla: depender de quien sí sabe hacer las cosas y pasarle el balón, ahora parece que quieres que los reflectores y miradas estén sobre ti.

No estoy haciendo un llamado a continuar caminando en un tipo de inseguridad que, siendo sincero, es una muestra de arrogancia porque estás demasiado obsesionado sobre cómo la gente evaluará tu predicación, enseñanza, cantos, dramas, etc.

Sino, quiero invitarte a seguir caminando en un asombro ante la realidad del peso de la asignación que Dios soberanamente ha decidido poner sobre ti. Ese asombro traerá un sentido apropiado de inadecuación personal. Es decir, sentirás que no eres digno y que no mereces que Dios te haya llamado. Porque en realidad, así lo es. Dios nos llama por gracia y por misericordia. Por eso, no existe tal cosa como el profesionalismo en el púlpito. Entiendo la intención detrás de querer hacer las cosas con excelencia. Todo lo que se hace para Dios debe ser hecho con excelencia. Pero, por otro lado no hay tal cosa como la gracia profesional, la unción profesional o exorcismo profesional. La obra de enseñanza y predicación siempre será una obra de exaltación expositiva guiada por la soberanía del Espíritu y la veracidad de la Palabra.

Así que puedes tener 30 años de estar ministrando de manera ininterrumpida en todos los continentes. O puede que la semana pasada haya sido la primera vez que compartiste un mensaje en tu grupo de crecimiento durante 15 minutos. Cualquiera que sea el caso, tu llamado es por gracia. Así que dale el balón a quien sabe. Tú no eres quien debe estar bajo el reflector. Tú eres quien debe sostener el reflector para que la gente vea al Único que vale la pena contemplar: Jesús.

-Luís Luna Jr.
Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

miércoles, 29 de junio de 2016

La noche que dios lloró



Algunos días han pasado. Pero, la imagen todavía sigue presente en la retina de muchos. La mayoría de quienes vieron la final de la copa américa recuerdan poco acerca del partido en sí. En general, fue un juego ríspido marcado por el protagonismo arbitral. La imagen que todos recordamos no es ni siquiera la merecida victoria del equipo chileno. La imagen que todos recordamos es otra.
La imagen de la desilusión. La foto de los sueños quebrantados y de las esperanzas fallidas. La imagen de la noche en que Lionel Messi lloró.  La confusión de emociones incrementó más aun cuando minutos después el argentino declaró en la zona mixta ante la prensa que se retiraba por completo de la selección argentina de fútbol. Después de perder 4 finales. "Evidentemente no es para mí", dijo Messi.

Claro, las opiniones de diferentes bandos vinieron como un torrente. Algunos, sus críticos acérrimos, dicen que Messi es un "pecho frío", que no siente los colores de la camiseta. No juega con pasión. Pasa caminando en la cancha. Ha ganado todo con su club. Pero, necesita demostrarlo con la selección. No se le compara a Maradona. Messi le debe a Argentina, dicen.

Otros, sus fieles defensores, dicen que siente demasiado los colores de la camiseta. Pudiendo haber jugado para España, decidió jugar para Argentina. No necesita correr por todos lados pues de la nada saca una genialidad. Ha ganado todo con su club. Por eso, no necesita demostrar nada a nadie. Menos con la selección. Mejor, por mucho, que el Diego. Argentina le debe a Messi, dicen.

Cualquiera que sea la opinión, podemos estar de acuerdo, al menos, en esto: Lionel Messi Cuccitini es un gran atleta. Incluso, aficionados del eterno rival, el Real Madrid, son prestos en admitirlo. Y más de alguna vez no les ha quedado otra que pararse y celebrar involuntariamente un gol imposible de la pulga. ¿Y quién no? Me atrevería a decir que ver jugar a Lionel Messi es un regalo de la gracia común de Dios. Déjame explicar. La gracia común es el favor general de Dios hacia el mundo, creyentes e inconversos por igual (Salmo 145:9; Hechos 14:17; Nahúm 1:3). Esto es lo que la Biblia quiere decir cuando declara que Dios hace llover y salir al sol a buenos y a malos (Mateo 5:45; Lucas 6:35). Por ejemplo, no necesitas ser cristiano para disfrutar un lindo atardecer en la playa. Eso es un regalo de gracia común. No tienes que entregar tu vida a Jesús para degustar de un buen café cosechado a 1,700 pies de altura. Eso es un don de gracia común. No hay que ser discípulo de Jesús para disfrutar de la 5ta sinfonía de Beethoven ejecutada por una gran orquesta. Eso es evidencia de la gracia común. No tienes que ser cristiano (Ronaldo) para disfrutar del talento de un gran deportista, como Messi, en acción. Eso es gracia común.

Sin embargo, un teólogo llamado Juan Calvino escribe en su obra magna, "Institutos de la Religión Cristiana", que el corazón humano es una manufacturera de hacer ídolos. Calvino quiere decir que nosotros tenemos la tendencia natural de idolatrar de manera continua e inconsciente. Ahora, cuando pensamos en ídolos se nos viene a la mente estatuillas de madera. O unos aborígenes danzando alrededor de una fogata. Pero, un ídolo es algo o alguien que ocupa funcionalmente el lugar de Jesús en el altar de tu corazón. Y como resultado de la caída, nuestro corazón toma buenos regalos de parte de Dios y los eleva a un estatus divino, sin siquiera nosotros darnos cuenta. Está bien, entonces, disfrutar de un partido en el que Lionel Messi hace cosas fuera de serie. Pero, si lo que hace dentro del campo afecta tu vida de manera funcional fuera del campo. Como por ejemplo, tus relaciones, tu estado de ánimo y tu perspectiva hacia la vida, entonces está ocupando un lugar para el que no fue diseñado ocupar. Es cierto. Lionel Messi es un gran jugador, pero es un pésimo salvador.

Esa es la razón por la que lo ocurrido en la final del domingo haya enviado ondas expansivas por todos lados. En realidad, cualquiera puede fallar un penal. Hasta jugadores que son conocidos por ser efectivos desde los 11 pasos han fallado lanzamientos decisivos. Roberto Baggio en la final del mundial de USA 94 viene a la mente. Pero, el domingo que pasó, Messi no sólo falló un penal.

Cualquier equipo, por muy bueno que sea, puede perder una final. Los registros históricos del fútbol están llenos de equipos con una larga racha de perder partidos decisivos y finales de manera dramática o, hasta injusta. Pero, el domingo Messi no sólo perdió una final. Fue mucho más allá que perder una final o fallar un penal.

Cuando Messi falló el penal, Messi le falló al obrero que gana salario mínimo y está preocupado a ver si llegará con las cuentas al fin de mes. Pero que un gane de la Albi le hubiera traído un éxtasis que habría hecho olvidar todo.

Cuando Messi falló el penal, Messi le falló al pastor evangélico desanimado por una mala racha de baja asistencia en los cultos. Pero, que de Argentina haberse traído la copa sus problemas se hubieran, temporalmente, desvanecido.

Cuando Messi falló el penal, Messi le falló a la esposa desilusionada porque está pasando una mala temporada en su matrimonio pero que ver a la selección triunfar la hubiera consolado.

Cuando Messi falló el penal, Messi le falló a su gente. La esperanza de un país entero y de un mundo futbolístico estaban sobre los hombros de un tímido muchacho proveniente de la ciudad de Rosario.

Un dios fue edificado. Pero, falló. Y lloró. Porque Messi es un gran jugador. Pero, un pésimo redentor. Los dioses falsos, los ídolos, los pseudo-salvadores siempre desilusionan. No importa cuan altas sean las esperanzas. 

¡Oh! Si tan sólo tuviéramos a un salvador que hiciera realidad nuestros anhelos de gozo exhilarante... (Salmo 16:11).

¡Oh! Si tan sólo tuviéramos un salvador que nos asegurara siempre la victoria... (1 Cor. 15:57).

¡Oh! Si tan sólo tuviéramos a un salvador que interviniera en momentos decisivos...(Rom. 5:6)

¡Oh! Si tan sólo tuviéramos a un salvador de verdad...

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-Luís Luna Jr.

Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

viernes, 17 de junio de 2016

Piensa dentro de la caja




He escuchado muchos consejos y principios sobre liderazgo. La mayoría de ellos son muy buenos. Con el tiempo algunos prevalecen. Otros, no tanto. Entre aquellos que más he escuchado está el famoso: "Piensa fuera de la caja.” Esto puede ser traducido en las siguientes frases inspiracionales: "No te limites"; "No seas conformista"; "Piensa en grande."

En resumidas cuentas "pensar fuera de la caja" significa abordar un problema considerando alternativas externas o diferentes.

A lo mejor eres un emprendedor y pensar fuera de la caja, para ti, significa expandir tu visión a diferentes ciudades a lo largo y ancho del país.

Tal vez eres un líder de jóvenes y pensar fuera de la caja equivale a hacer uso de la materia prima extranjera que puede ayudar a tu ministerio de jóvenes.

Es probable que estés teniendo problemas con tu familia y pensar fuera de la caja es ver a un diferente consejero o terapeuta.

Para la mayoría, pensar fuera de la caja representa que eres una persona de visión. Es una señal de valentía. Es evidencia de un espíritu innovador y atrevido. Es un testimonio que estás dispuesto a mirar a los ojos al status quo y desafiarlo.

Pero, a veces, pensar fuera de la caja puede paralizarte en lugar de impulsarte. Ya que puedes estar demasiado enfocado en la solución que está "allá afuera" que pierdes de vista los recursos que ya están "aquí adentro."

Por eso, deja de pensar fuera de la caja. Y comienza a pensar “dentro de la caja.”

Para algunos esto puede sonar mediocre. Demasiado corriente. Porque están tan programados a ver la solución allá afuera que este tipo de lenguaje puede olerles a conformismo. Incluso, hay libros enteros diciendo que evadas este manera de pensar.

Pero, pensar dentro de la caja envuelve desarrollar la costumbre de inventariar las soluciones que pueden estar dentro en lugar de las ayudas que pueden estar fuera. Pensar dentro de la caja es trabajar con lo que tienes en lugar de analizar los recursos que quisieras tener. La práctica de pensar dentro de la caja no es un conformismo maquillado de psicología positiva. Sino que está firmemente arraigada en la convicción del carácter soberano de Dios.

La soberanía de Dios es tan grande que Él te ha dado todo lo que necesitas para hacer lo que Él quiere que hagas en este preciso momento. En ocasiones, lo que puede parecer un límite que te impide en realidad es una pista que te guía.

Detente. Y lee esas dos últimas líneas. Despacio.

Toma a Moisés por ejemplo. Dios lo llama a liberar al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto (Éxodo 4). Nada mal para un fugitivo de la ley que ahora es pastor de ovejas. Y que también tiene problemas para hablar. Cuando Moisés expresa su desacuerdo, Dios le hace una pregunta punzante: "¿Qué tienes en tu mano?" Este episodio es fascinante porque lo que Moisés tiene en su mano es una maravillosa e innovadora...vara de madera. Sí, una vara. ¿Acaso Dios estaba bromeando? ¿Cómo era posible que Moisés podía causar una revolución libertadora con un pedazo de madera? Digo, sería comprensible si lo que tuviera sería una especie de cetro. O al menos, una espada. Pero, ¿una vara?

Sí, una vara. Porque con esto, Dios le está diciendo a Moisés: la solución no está allá afuera. Sino, cerca de ti. En tu mano. La solución no está fuera de la caja. Sino dentro de la caja: tu vara.

Los relatos del Éxodo muestran más adelante que la vara de Moisés fue un símbolo de libertad e intervención divina (Éxodo 14:21).

En ocasiones, Dios hace más con los recursos dentro de la caja que con las opciones fuera de la caja.

Puedes pensar fuera de la caja y paralizarte. O hacer uso de la vara que está en tu mano, dentro de la caja, y accionar.

Cuando te preguntes: ¿Qué es lo que Dios quiere que haga en este problema?

Dios, irónicamente te contestará con otra pregunta: ¿Qué tienes en tu mano? ¿Qué hay dentro de la caja?

Antes de ver las opciones que están fuera, ¿ya te fijaste en los recursos que hay dentro?

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-Luís Luna Jr.
Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.