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lunes, 17 de abril de 2017

Cuando Jesús aparece


El Domingo de Resurrección es especial para los cristianos. Hay muchas razones para esto. En primer lugar, la resurrección marca el inicio de la instalación de un nuevo y diferente Reino. Jesús irrumpe el viejo orden del mundo. Paulatinamente desplazado por su nuevo gobierno. También, en la Resurrección, Dios Padre vindica a Su Hijo. Ray Ortlund dice: "En el viernes santo, Jesús exclama: Consumado Es. En Domingo de Resurrección, el Padre afirma: "Amen a eso."

Por esto y mucho más, podríamos argumentar que este día es el más importante para el cristianismo. Ya que nuestra fe está centrada en el acto de la Resurrección. Y sus implicaciones para nosotros. Debemos, entonces, estar agradecidos por la oportunidad de celebrarlo con libertad.

Sin embargo, pocos se preguntan o sienten curiosidad por inquirir en las cosas que Jesús hizo o la gente con la que él se encontró después de haber resucitado. Entre el día de Resurrección y su ascensión pasaron aproximadamente seis semanas. ¿Qué hizo Jesús en este tiempo? Una de las cosas, al menos, que se puede observar es que hay un golfo de separación entre los relatos pomposos y espectaluares del nacimiento de Cristo y las historias sobre las apariciones del Jesús resucitado. El Nuevo Testamento registra alrededor de diez apariciones del Mesías. Según algunos comentaristas, la mitad de estas apariciones fueron en casi un día, durante unas breves horas de tiempo.

Imagina, por un momento, que tú eres Jesús. Has resucitado. ¿Que harías? ¿Qué sería lo primero en lo que te enfocarías después de haber regresado de la muerte? ¿De qué forma comunicarías tu mensaje que estás "de regreso"? Es probable que te fueras a un lugar muy transitado y deslumbraras a todos con un milagro llamativo. O tal vez entrarías caminando arrogantemente a la casa de Anás y Caifás para decirles que has venido por ellos. A vengarte. Harías algo en un lugar en donde todo mundo te viera. Para que sepan que venciste a la muerte. Y ahora vives.

Pero, Jesús no hace eso.

El Cristo resucitado tuvo apariciones extrañas. Contraproducentes, incluso. ¿Por qué? Bueno, Jesús se apareció a personas normales en situaciones ordinarias.

Se apareció en una cena privada con discípulos temerosos, a dos hombres desencajados que iban por el camino a Emaús, a una mujer que se encontraba en un jardín y a un grupo de pescadores frustrados en un lago.

De hecho, pareciera que a simple observación, Jesús prefería aparecésele a pequeños grupos de personas en lugares pocos visibles. Y luego se iba. El Cristo resucitado, el primero de los frutos de la nueva humanidad, se le aparece a personas ordinarias en circunstancias corrientes.

Creo que esto significa algo para ti.

Así como Jesús se apareció a muchos mientras realizaban labores ordinarias, el Cristo resucitado aparece en tu vida cuando menos lo esperas. Y donde menos te imaginas. Porque donde sea que Él llega, todo cambia.

Puede ser que muy de mañana estás preparando la merienda para tu hijo, en medio de lágrimas porque sientes que tu matrimonio cuelga de un hilo. Pero, ahí, de pronto el Cristo resucitado aparece para tomarte de la mano, acompañarte en tu dolor y ayudarte a seguir amando sacrificialmente.

A lo mejor, pasa que te quieres levantar para asear tu sala, pero rápido te topas con la realidad que tus energías no son las mismas después de atravesar muchas quimioterapias. En medio de la confusión que conlleva ajustarse a un nuevo estilo de vida, mucho más lento, el Cristo resucitado aparece dandote esperanza que un día tendrás un cuerpo glorificado. ¡No más cáncer!

O simplemente no quieres escribir el siguiente sermón. Porque estás en una temporada ministerial árida. La gente es malagradecida. Los corazones son duros. Los mensajes pasan por alto. Las oraciones no tienen efecto. Pero, de pronto el Cristo resucitado se te aparece para subirte a Sus grandes hombros. Y te recuerda que Él es el Buen Pastor. Y tú nada más un simple pastorcillo que también necesita ser guiado y pastoreado por Él.

Por lo general, Jesús se aparece en circunstancias que menos te lo esperas. En las más ordinarias y normales. Jesús está ahí. Pues, en lo natural y común de la vida es donde presenciamos lo sobrenatural y trascendental de Dios. Porque cuando el Cristo resucitado se aparece, todo cambia.

-Luís Luna Jr.
Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

domingo, 16 de abril de 2017

La Resurrección de Cristo: Evidencia y Significado


Hoy se celebra en el calendario lo que se conoce como "Domingo de Resurrección." Pero, muchos incluso aquellos que provienen de un trasfondo cristiano ven este día como algo meramente simbólico. De la misma forma que sucede con todo lo demás en la vida, lo que es concreto se vuelve simbólico, para después convertirse en nada más que una leyenda. Muchos que profesan a Cristo creen que Él está vivo porque "vive en sus corazones." 

Aunque entiendo el sentir detrás de una afirmación como esta, es algo muy erróneo de creer. Pensar así contribuye a que tengamos ideas con matices más platónicos que cristianos sobre la resurrección. En lugar de sostener una firme, sólida e inquebrantable convicción que Cristo en realidad resucitó de entre los muertos. Física y corporalmente.

Comprender bien la resurrección de Cristo significa, primero, situar este acontecimiento en la categoría de pensamiento adecuada. Esto quiere decir, por ejemplo, que la resurrección no es un asunto filosófico. Aunque tenga muchas implicaciones acerca de la metafísica (el ser), la ética (el hacer) y la epistemología (el saber).

De la misma forma, que la resurrección tampoco es un asunto exclusivamente teológico. Quiero ser claro aquí. Es cierto que la resurrección tiene explicaciones teológicas. Muchas. Y no puede ser entendida apropiadamente en un vacío exento de una interpretación acertada de lo que Dios ha revelado. En la Escritura y en Su hijo. Pero, no es algo que sólo se circunscribe, en última instancia, al campo de la teología.

Sino, que para entender mejor la resurrección debemos saber que es un asunto, primordialmente, histórico. Claro, hay una relación estrecha entre la historia y la teología. Los actos históricos son la materia prima de la interpretación teológica. Aquello que ocurre es lo que genera teología. Y la teología explica aquello que ocurrió. 

"Cristo resucitó" es un hecho histórico. "Cristo resucitó para justificación de nuestros pecados" es una explicación teológica al hecho histórico. Por eso, sólo se necesita dar un breve repaso a los escritos contemporáneos del judaísmo del tiempo de Jesús para darse cuenta que una afirmación como la de "Cristo está vivo porque Él vive en mi corazón" sería un concepto muy lejano para alguien viviendo en la Palestina del siglo I.

Incluso, el mismo apóstol Pablo asevera contundentemente que las personas deberían sentir lástima por los cristianos si Jesús en realidad no resucitó. Porque si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe. Y también vana es nuestra predicación. Entonces aquel que con seguridad afirman que la única evidencia por la que Jesús vive es porque "Él vive en sus corazón" está consecuentemente socavando la misma fe que con ahínco ha decidido profesar.

El cristianismo está fundamentado principalmente en el acto histórico de la resurrección del hijo de Dios. Sin esto, nuestra fe sólo sería una forma ética de vivir con un par de recursos existenciales que ayudan a las personas a lidiar con el sufrimiento en el mundo.

La resurrección de Cristo es un elemento central en la buena noticia del Reino.

Lo que en verdad importa no es cuantos años tiene la tierra. Sino que Cristo resucitó. Lo esencial no es si los evangelios tuvieron o no el documento Q como fuente común. Sino que Cristo se levantó de entre los muertos. Es importante, entonces, que nos preguntemos: ¿En realidad fue la resurrección física y corporal de Jesús un acontecimiento que ocurrió dentro de la historia de la humanidad?

El historiador académico Gary Habermas comparte tres razones como explicaciones que así lo fue.

1. Los primeros testigos
Los relatos de los evangelios que registran la resurrección de Cristo afirman algo en común: los primeros testigos fueron mujeres. ¡Mujeres! Esto es un detalle importante. Pues, en esta época el testimonio de una mujer no se tomaba en cuenta. En ningún lugar. Mucho menos en una corte. Si la resurrección era un invento, estaba muy mal planeado desde el inicio. 

Según el apologista William Craig, el testimonio de las mujeres acerca de la resurrección de Jesús arruinaría la credulidad del mensaje para la audiencia original. Los discípulos tenían que haberse asegurado de registrar que los primeros testigos fueron hombres. No mujeres. A menos, claro, que en realidad Cristo haya resucitado. Y los biógrafos evangelistas nada más estaban registrando los hechos.


2. El lugar donde inició la predicación del evangelio
Lucas, el historiador, quien también era médico de profesión, relata que uno de los primeros lugares en donde se comenzó a predicar el evangelio fue en Jerusalén. ¿Qué tiene de importancia esto? Bueno, si tu mensaje es un cuento de hadas y puras patrañas, entonces lo más lógico es proclamarlo en un lugar lejos de los acontecimientos en los que tu mensaje se basa. 

Si todo es mentira, entonces lo normal sería comenzarlo a predicar en un lugar lejano en donde sería más fácil engañar a las personas. Pero, no. Los discípulos comenzaron a hablar del Cristo resucitado en aquellos lugares en donde Él había andado. Y específicamente en la ciudad en donde había sido brutalmente asesinado y muchos lo habían visto morir.

La explicación más viable de hacer algo tan sin sentido como proclamar acerca de una persona resucitada en el mismo lugar en donde fue asesinado es que, en verdad, esto ocurrió.

3. El origen de la iglesia.
Muchos críticos y escépticos afirman que la resurrección es nada más que un invento de los primeros cristianos para legitimar su fe. La iglesia, dicen, dio origen a la creencia de la resurrección de Jesús. Pero, esto es a la inversa. No fue la iglesia que originó, por así decirlo, la "idea" de la resurrección. 

Más bien, fue la resurrección como acto histórico que dio origen a la iglesia. Y que también sirvió como catalizador para la multiplicación tan rápida del cristianismo en el mundo entonces conocido.

Algunos observan que han habido relatos paganos similares a la resurrección de Jesús. En donde "hijos" de deidades paganos también regresan del más allá. Y esto influenció significativamente a los primeros cristianos de tal manera que adaptaron estos relatos paganos a la explicación de la historia sobre la resurrección. Pero, esto muestra un desconocimiento del judaísmo como religión. 

¿Por qué? Porque es necesario recordar que los primeros cristianos provenían de un trasfondo judío. Por tradición, los judíos son monoteístas. Es muy poco creíble pensar que una religión tan devota y celosa en mantenerse al margen de contaminaciones paganas sería fácilmente influenciada por estos relatos mitológicos de otros dioses. Tal cosa hubiese sido vista como una gran aberración hacia Yawheh.

Por otro lado, es importante observar que los primeros cristianos sufrieron persecución. Del peor tipo. Directa e indirectamente. Aun así, la sangre de los mártires fue la semilla de la expansión de la iglesia. Los primeros cristianos estuvieron dispuestos a dar su vida. No podían callar. Y la razón por la que no podían callar no era por lo que habían sido enseñados o instruidos. Sino por lo que habían visto y oído (Hechos 4:20).

Ahora, es necesario que nos preguntemos: ¿qué es lo que significa la resurrección? No sólo como un acontecimiento histórico en una línea de tiempo. Sino, ¿cuáles son algunas de las implicaciones teológicas de ella, por así decirlo?

El mensaje del Cristo resucitado significa, entre otras cosas, que la oscuridad no triunfó. Porque la muerte no lo pudo contener. En la resurrección, Dios estaba vindicando a Su hijo. Al mismo tiempo que estaba justificando a aquellos que habían de arrepentirse y creer en Su hijo. La resurrección es el mensaje que Dios venció a los principados y a las potestades de las tinieblas.

El milagro de la resurrección es lo que hace que el evangelio sea mucho más que un conjunto de buenos consejos. Sino, un mensaje de buenas noticias. La palabra evangelio proviene del vocablo griego "euangelion." En la antigua Grecia era usado de varias formas. Pero, una de ellas, la más común, quizá, era cuando era pronunciada por un mensajero que venía del campo de batalla. 

Cuando los ejércitos iban a la guerra, siempre llevaban a un muchacho en forma, atlético, que sirviera como mensajero para reportar el desarrollo del conflicto a las personas que quedaban en el pueblo. Los habitantes podían darse cuenta, viendo aún desde lejos, si las noticias que el mensajero traía eran buenas o malas. 

Ya sea por su forma de correr o por el semblante de su cara. Si el ejército iba perdiendo, el venía corriendo lentamente, por lo general, con un rostro desencajado. Eso daba la pauta para que los habitantes, atemorizados, se prepararan y tomaran las precauciones necesarias.

Pero, cuando las noticias eran buenas, entonces el mensajero corría rápidamente hacia la plaza de la ciudad o a los lugares más concurridos. Buscaba el lugar más alto en donde ubicarse, sacaba una espada y la alzaba al mismo tiempo que gritaba: "¡EUANGELION! ¡EUANGELION! ¡NUESTRO REY HA VENCIDO!"

Ese es exactamente el mensaje de la resurrección: ¡Buenas noticias: El Rey Jesús ha vencido a los ejércitos del mal! Y ahora nuestro Rey ofrece misericordia y perdón a aquellos rebeldes que se arrepienten y ponen su fe en Él.

La resurrección de Cristo deja de ser un simple acontecimiento dentro de la historia de la humanidad. Sino que es el nacimiento y el punto de partida de la nueva humanidad. La resurrección del Hijo de Dios comienza el ordenamiento de una comunidad alternativa a la sociedad en la que estamos. 

Un Reino inconmovible que es de otro mundo y que no es intimidado por los señores de este siglo. Y que avanza para instaurar el gobierno del orden, paz y armonía de Dios en cada pulgada de la tierra. Como en el Edén. Consumado es. La cabeza de la serpiente ha sido aplastada.

-Luís Luna Jr.
Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.


martes, 4 de abril de 2017

Tu pasado no te excluye de servir a Dios


Muchas personas piensan que sus pecados pasados son lo suficientemente grandes como para impedirles que sirvan a Dios. Pero, esto no es cierto. Y lo podemos evidenciar a través de la vida del apóstol Pedro, quien después de pecar de una forma tan escandalosa y pública, Dios lo siguió usando. Tanto así que el historiador Lucas registra que Pedro predicó uno de los sermones más efectivos en el comienzo de la iglesia primitiva.

En el día de pentecostés Pedro se pone de pie ante una multitud que no tenía idea alguna de lo que estaba pasando al ver personas bautizadas en el Espíritu Santo. Con mucho denuedo, Pedro prosigue a proclamar el mensaje del evangelio. Cualquiera diría que esto es un acto sorprendente. Considerando que un tiempo atrás, este mismo hombre había negado públicamente a Jesús. Y ahora se encontraba predicando con gran valentía, sin temor alguno a perder su vida, incluso.

Pensemos lo que pudo haber pasado por la mente de Pedro antes de pararse a predicar. Es posible que batalló entre si hacerlo o no. De todos modos, era muy probable que entre la audiencia reunida ahí se encontraba la criada que señaló a Pedro diciendo que él era uno de los seguidores del galileo, la noche que él negó a Jesús. ¿Qué tal si ahí estaban también las personas que insistieron esa fatídica vez reiterándole que él había andado con Jesús ya que su misma manera de hablar lo delataba? 

Era posible que el temor a que le sacaran a relucir su pecado pasado paralizara a Pedro. No obstante, él estaba confiado que su predicación no estaba fundamentada en su propia justicia, sino en la justicia de Cristo. De no haber sido así, entonces uno de los sermones más efectivos en la historia no se hubiera predicado.

Verás, Dios tiene la irresistible facultad de tomar tu fracaso y volverlo en un milagro. Eso fue exactamente lo que pasó con Pedro, el apóstol. Y es exactamente lo mismo que Dios quiere hacer contigo.

Los humanos no somos inmutables. Eso quiere decir que el estado en el que nos encontramos no necesariamente será el estado en el que permaneceremos. Si estamos en Cristo, debemos  parecernos más a Él paulatinamente. Ninguno de nosotros somos un producto terminado y empaquetado. Por el contrario, somos obras en proceso. Jarrones de gracia que estamos siendo moldeados por las manos amorosas del Alfarero. 

Es por eso, entre otras cosas, que amo la Biblia. Porque en ningún momento esconde los errores y tropiezos de sus personajes. Sino que los muestra con toda claridad para que nuestro ánimo en el Señor sea edificado.

Y esto desarrollo lo vemos en la vida de Pedro. El Dr. Steven Cole muestra cómo Pedro creció en tres diferentes maneras.

En primer lugar, al comienzo de su ministerio con Jesús, Pedro era una persona extremadamente arrogante. Podemos observar esto cuando Jesús predice que sus discípulos huirían negándolo. Pedro es el primero en decir que esto no sería así en el caso de él, ya que de ser necesario, estaba dispuesto incluso a dar su vida. Pero, jamás haría algo como dejar abandonado a Jesús. 

Esta arrogancia no debe confundirse con valentía. Pues, momentos después notamos que las cosas no fueron así. Sino que más bien, Pedro seguía a Jesús desde lejos y lo negó cuando las personas señalaron que él andaba con Cristo. Pero, años después, cuando Pedro escribió una de sus cartas, ahora con alguna experiencia sobre sus hombros, él aconseja con prudencia: "Vístanse de humildad y sírvanse unos a otros.” 1 Pedro 5:5.

El fracaso tiene una pedagogía fructífera: nos enseña a ser humildes. Así como se lo enseñó a Pedro. Por eso, siempre que te encuentres con personas que caminan por la vida llevándose a los demás con el pecho, estás viendo a alguien que va en el carril izquierdo dirigiéndose hacia un fracaso inevitable que terminará, en el mejor de los casos, con una severa dosis de humildad.

En segundo lugar, cuando Jesús pidió a tres de sus seguidores más cercanos que le acompañarán a orar, Pedro también estaba ahí. Pero, no pudo velar junto al Maestro en oración. Ni siquiera una hora. Al parecer, orar no era una de las prioridades en el ministerio de Pedro. Sin embargo, años después, Pedro en una de sus cartas, escribe que: "debemos velar y orar” (1 Pedro 4:7).

El fracaso tiene el potencial de enseñarnos a depender más de Dios a través de la oración. Siempre que confiamos en nuestro repertorio de talentos, conexiones y recursos por encima de todo lo demás, Dios tiene el irresistible hábito de permitir que nuestros castillos de arena sean llevados por la marea alta de la vida. 

Para que así caigamos a la realidad que todo procede de Dios y debemos depender de Él. La vida cristiana no se trata de hacer algo por Jesús sino de hacer todo con Jesús. El fracaso nos enseña a depender más de Dios por medio de la oración. 

En tercer lugar, la noche que los soldados llegaron a traer Jesús para llevarlo preso, Pedro no soportó el hecho que su Maestro fuera tratado como un criminal. Habiendo sido miembro de la organización revolucionaria de los zelotes, cuya misión principal era liberar a Israel de las cadenas del imperialismo romano, Pedro se levanta con una espada y le corta la oreja a uno de los soldados. 

Sin embargo, un tiempo después, Pedro escribe en una de sus cartas que es necesario "padecer con paciencia en los sufrimientos pues sólo así tendremos una gloria segura." (1 Pedro 2:20).

El fracaso le enseñó a Pedro a ser paciente en la escuela del sufrimiento. De la misma manera que las lecciones aprendidas en la universidad del fracaso nos ayudan a confiar en Dios pacientemente en medio de las pruebas.

Pedro no fue valiente cuando negó a Jesús. Todo lo contrario, fue un acto de cobardía. Pero, cuando él se paró a predicar el evangelio en el día de pentecostés, Dios había usado su fracaso pasado para hacerlo un mejor hombre y un mejor seguidor de Jesús. Tu pecado podrá ser grande, oscuro, escandaloso y muchas cosas más. Pero, eso no significa que Dios no te pueda usar. Dios está interesado en restaurarte, no en reemplazarte.

En cierta ocasión, un hombre salió de vacaciones con su esposa e hijos en el carro de la familia. Poco tiempo después, el carro se averió y quedó varado en medio de la nada. Sin saber mucho que hacer, el hombre se bajó, levantó el capó e intentó repararlo. De pronto, un carro lujoso se detuvo. Y se bajó un hombre millonario vestido de manera muy elegante. Se acercó al dueño del carro malo y le ofreció ayuda. 

Éste, incrédulo, pensó: “¿Qué sabe un millonario de arreglar carros?” Pero, como estaba en apuros y no había nadie cerca, lo dejó que le ayudara. Después de hacer unos arreglos en el motor, el millonario le dijo al hombre: “Cuando yo le diga, enciéndalo.” El dueño, aún incrédulo, como no tenía nada que perder le contestó: “Sí, como usted diga.” “Ahora, enciéndalo.” Y de pronto, como por arte de magia, el carro encendió.

Muy sorprendido, el dueño del carro le dijo al hombre rico: "¡¿Cómo hizo eso?! ¡Por favor déjeme pagarle!" El magnate le contestó: "No se preocupe, señor, así déjelo. Además, como usted podrá ver, no necesito su dinero. Que tenga un buen viaje."-"¡No, señor, no puedo dejar que usted se vaya así por así. Al menos dígame porqué usted se detuvo en medio de la nada para ayudarme” replicó el dueño.

 -"Bueno, ya que insiste, buen hombre. Me detuve porque usted maneja un carro Ford. Y mi nombre es Henry Ford, por tanto, no puedo permitir que algo que yo diseñé no esté funcionando a la manera para la cual yo lo construí. Por eso tuve que restaurar mi creación."

Dios, tu Creador está interesado en restaurarte, no en reemplazarte. Tu pasado no significa que estés excluido de servir a Dios en el presente. Y en el futuro.

-Luís Luna Jr.

Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

viernes, 31 de marzo de 2017

Tu pecado no es suficiente


Todos los pecados son ofensas delante de Dios. Pero, hay algunos que causan un impacto negativo mayor en las personas que nos rodean. Por ejemplo, no es lo mismo que un cristiano se pase un semáforo en rojo. A que un líder espiritual sea encontrado en una falta moral grave como el adulterio. Claro que uno causará mucho más escándalo que el otro. Por eso, si ha habido alguien que pecó de una forma tan públicamente escandalosa, ese fue el apóstol Pedro. La negación de Pedro hacia Jesús, según lo relatado por los biógrafos del Mesías, fue algo nefasto. Por muchas razones.

En primer lugar, Pedro fue muy cercano a Jesús. Durante el desarrollo de su ministerio, Cristo se convirtió en un líder popular. Las masas se aglomeraban para escuchar lo que él tenía que decir ya que la gente encontraba que enseñaba con una autoridad que parecía faltarle al resto de los rabinos contemporáneos. Así también, Jesús realizaba muchos milagros. Sanando enfermos y haciendo grandes prodigios. Por esto, las multitudes siempre estaban detrás de él en cualquier lugar que estuviera.

No obstante, aunque era muy seguido por muchos, Jesús eligió a doce hombres para compartir su vida y ministerio de una forma más íntima que con el resto. Si te tomas el tiempo de leer los evangelios, te darás cuenta que estos hombres no tenían nada espléndido. No eran la crema de la nata, ni mucho menos. Eran simples hombres comunes y corrientes que tenían trabajos sencillos.

Curiosamente, uno de los axiomas de liderazgo más populares es que si quieres llegar lejos debes rodearte de gente capaz con un buen pedigree. Tal parece que Jesús fracasó de acuerdo a la sabiduría convencional de los bestsellers modernos de liderazgo. Porque estos simples hombres eran nada más y nada menos que eso: simples hombres. Y dentro de estos doce discípulos, Jesús tenía un círculo más cercano aún, compuesto por tres de sus seguidores: Juan, Jacobo y Pedro. 

Es decir, Pedro era parte del grupo más íntimo con el que Jesús compartió. Y a pesar de esto, Pedro negó a Jesús.

En segundo lugar, Pedro fue de los discípulos que experimentó de primera mano muchas de las obras milagrosas del Maestro. Por ejemplo, cierta vez que Jesús se le apareció a un grupo de pescadores por la noche mientras caminaba por las aguas, Jesús invitó a Pedro a que hiciera lo mismo. Y por un breve momento de fe seguido de incredulidad, Pedro, al igual que Jesús, milagrosamente caminó por las aguas sin hundirse. 

Pedro también estuvo ahí cuando los panes y los peces fueron multiplicados delante de los ojos de la multitud. A sí mismo, Pedro estuvo en primera fila cuando Jesús sanaba a los paralíticos y daba vista a los ciegos. En definitiva, Pedro jamás podría argumentar que fue orillado a las periferias del ministerio por Cristo. Siempre tuvo acceso directo al Maestro. Y pesar de esto, Pedro negó públicamente al Salvador.

Y por si esto fuera poco, Pedro negó a Jesús en el momento en que su Maestro más necesitaba de los suyos. Antes que Jesús fuera apresado, él se retiró a orar en el monte Getsemaní. El escritor bíblico relata que la aflicción era tan grande en el corazón de Jesús que su sudor era tan denso como gotas de sangre. 

Estas fueron, muy probablemente, las horas más difíciles que Jesús tuvo que atravesar. Y cuando más Él necesitó de aquellos por los que estaba a punto de dar su vida, Pedro le dio la espalda. En el momento más vulnerable, el apóstol negó a Jesús.

Pedro fracasó de forma pública y escandalosa delante de muchos. Y puede que tú sientas que ese es tu caso también.

A lo mejor has amanecido demasiadas veces en la cama equivocada junto a la persona incorrecta.

Tal vez estás atravesando la difícil etapa de un embarazo pre-matrimonial.

Es posible, incluso, que has consumido más droga de la que tu sistema tolera y tus recuerdos están llenos de remordimientos a causa de eso.

O probablemente tu hogar se está desintegrando delante de tus propios ojos...y de los ojos de los demás.

Puede que todo eso sea cierto y sea una verdad difícil de confrontar.

Pero, también, la buena noticia del evangelio es que tu pecado, por muy estrepitoso y público que sea, al igual que el de Pedro, no puede separarte del amor de Dios en Cristo.

En la biografía de Jesús escrita por Juan Marcos, en el capítulo 16, Dios permite que un muchacho se encuentre providencialmente con un par de mujeres que llevaban especies aromáticas para ungir el cadáver de Jesús. Y el mensaje que este joven les da es el siguiente (v.7): "díganle a los discípulos y a Pedro, que él (Jesús) va delante de vosotros a Galilea, ahí le veréis, tal y como él lo había prometido."  Ahora, bien, notemos que lo que este muchacho NO dice es: "Díganle a los discípulos, EXCEPTO al traicionero de Pedro." 

Él pudo haber dicho esto. De todos modos, había vasta evidencia para desechar a una sabandija cobarde como lo fue este hombre. Pero, el comunicado no fue así. De haber usado la palabra "excepto" el mensaje hubiese denotado exclusión. Pero, la palabra que usó el mensajero fue una llena de compasión sacrificial. Él dijo: "Díganle a los discípulos Y a Pedro." Esto denota inclusión, misericordia y gracia escandalosa hacia alguien que públicamente negó a Su Salvador.

Si alguna vez hubo alguien en la historia de la Iglesia cristiana con argumentos de sobra para ser excomulgado después de tocar fondo de una forma tan horrible, ese fue Pedro, el apóstol. Pero, las cosas no resultaron así. Porque tu pecado, tal como el de Pedro, es insuficiente para separarte del amor de Dios. Pues, el sacrificio de Cristo fue suficiente para reconciliarte con Dios.

Este amor no es barato. Todo lo contrario. Tiene un costo muy alto. Tu pecado fue tan grande que el hijo de Dios tuvo que morir por ti. Tu estado es peor de lo que crees. Pero, Su gracia es tan vasta que el hijo de Dios estuvo dispuesto a morir por ti.   Eres más amado de lo que imaginas. De hecho, las cicatrices de Jesús son fuentes inagotables de agua viva, que saben a gracia sacrificial y a misericordia fresca. 

Esto no quiere decir que tienes una licencia para seguir pecando. De todos modos, fue tu pecado lo que causó esas cicatrices. Sino, que ahora puedes correr libremente hacia el Trono. En donde siempre serás recibido por el Rey del Universo. El que murió por los cobardes que le han negado, como Pedro. Y como yo.

-Luís Luna Jr.

Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

¿Qué hiciste este año?


Unos días atrás, mi equipo de líderes en la iglesia y yo hicimos una especie de ejercicio espiritual. Si es que se le puede llamar así. Pues, en realidad no fue algo innovador o fuera de serie. Simplemente, nos preguntamos dos cosas con el fin de reflexionar cerca del fin de año. La primera pregunta fue: ¿Qué metas personales nos propusimos al inicio de año, que por alguna razón, no se dieron? Y la segunda: ¿cómo contribuimos nosotros a este resultado?

Las respuestas fueron variadas. En especial, porque las preguntas no se limitaban a las "cosas espirituales" sino a la vida en general. Algunos quisieron aprender a ejecutar un instrumento, pero no se pudo. Otros mencionaron que querían viajar, pero tampoco se pudo. Alguien incluso dijo que este año quería ser papá, pero su esposa perdió el bebé. Ese fue, sin duda alguna, el "no se pudo" más doloroso.

Comienzo fresco y reflexión continua
La mayoría de nosotros comenzamos el año con iniciativas frescas. Con deseos de cambiar nuestras vidas. La víspera de año nuevo siempre es un tiempo favorable para dar lugar a cambios. O al menos de hacer el intento. Por eso, las dietas se vuelven populares y los dueños de gimnasio hacen mucha plata en enero. Muchos incluso quieren que el año termine pronto. Porque el que viene, sin duda, será "mejor." Según como se entienda "mejor."

Pero, si somos honestos, muchos de nuestros deseos al iniciar el 2016 no se cumplieron. Por cualquiera que sea la razón. En algunos casos, los factores externos pudieron haber tenido mucho que ver. Ya sea cosas como la economía nacional o tendencias globales que están más allá de nuestro círculo de control.

Pero, también, si queremos crecer, de verdad, es importante reconocer que algunas veces, nosotros fuimos los responsables de porqué las cosas no se cumplieron. A lo mejor hay muchas cosas malas que hicimos. O muchas cosas buenas que dejamos de hacer.

Cualquiera que sea el caso, es importante que encontremos un tiempo y espacio, en estas fechas, para sentarnos a reflexionar. Esto no siempre es fácil. Muchos viven intencionalmente huyendo de tiempos así. Temen meditar sobre lo que hacen porque quieren seguir bajo la falsa ilusión de qué estar ocupado significa ser productivo. En lo personal, conozco demasiadas personas que tienen una fascinación con hacerles ver a todo mundo que pasan bien ocupados. Porque así engañan a muchos haciéndoles creer que en realidad están haciendo algo sólo porque andan “de aquí para allá.”

El peligro de reflexionar
Con todo y esto, meditar en el logro de nuestras metas a veces puede ser peligroso. Pues, por lo general, una de dos cosas usualmente ocurre en nuestros corazones que tanto necesitan de la gracia santificadora de Dios.

En primer lugar, si hemos alcanzado lo que nos propusimos, es difícil evitar que el orgullo toque la puerta de nuestra alma. Siendo la arrogancia algo tan sutíl, a veces, es complicado identificar su multiforme manifestación. Y nos podemos volver más arrogantes al compararnos con personas que hacen lo mismo que nosotros, pero que tuvieron un muy mal año. La comparación es siempre tóxica. Y puede envenenar nuestro espíritu si continuamente nos ponemos al lado de quienes consideramos como "menos exitosos."

Pero, lo contrario también es igualmente peligroso. Si después de examinar nuestros resultados, nos damos cuenta que no hemos logrado, básicamente, "nada" entonces nos hundiremos en las arenas movedizas de la desesperación. Poco a poco. Y la frustración será mayor si piensas más en cómo tu pequeño negocio vendió en comparación con la gran empresa, de tu mismo rubro, en la ciudad.

Está bien sentarnos a reflexionar sobre lo que hicimos. O mejor dicho, sobre lo que quisimos hacer, pero no pudimos. Pero, la única manera de hacer esto sin que nuestro corazón caiga en el orgullo o en la desesperación es recordando no sólo lo que hemos hecho, o lo que quisimos haber hecho, sino lo que Jesús, por nosotros, ha hecho.

Sin importar cuan bien nos haya ido, debemos recordar que nuestra relación con el Padre no está determinada por nuestros buenos logros. Sino por mera gracia.

Al igual que debemos recordar, que sin importar los fracasos que hayamos tenido, nuestro caminar con Dios no está definido por las desilusiones que pasamos. Sino por mera gracia.

Está bien que reflexionemos sobre lo que hicimos o no hicimos para Dios. Pero, mayor es nuestro deber, y deleite, de considerar lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo.

Está bien que hagamos un análisis de las cosas que hicimos o dejamos de hacer por Jesús; pero, mayor que eso es tener presente que la vida cristiana no se trata de hacer algo por Jesús, sino de hacer todo con Jesús.
Pues, lo paradójico del evangelio es que entre más reflexionamos sobre lo que Dios ha hecho por nosotros, más se enciende nuestro corazón para hacer cosas por Él.

-Luís Luna Jr.

Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Sobre La Reelección: Tú derecho y tu deber.


El tema de la reelección sigue viento en popa. El pueblo hondureño se vuelve cada más polarizado con respecto a qué posición tomar. Una de las cosas que ha hecho este proceso más polémico es que el actual presidente Juan Orlando Hernández Alvarado ha sido inscrito para ser parte del proceso electoral. Esto ha venido a estremecer la institucionalidad gubernamental, o lo que queda de ella, en nuestro país. Pues, el artículo 239 de la Constitución establece que tal cosa no puede ser posible.

"Cada cabeza es un mundo" dice el refrán. Y en temporada de elecciones políticas esto no puede ser más cierto. Todos tenemos una manera muy particular de ver el mundo. Y esto incluye la forma en como nuestro país debe ser administrado y por quien debe ser administrado.

Incluso, las personas que dicen no inmiscuirse en asuntos de política están tomando una postura, aunque ellos no se den cuenta. Están siendo políticamente indiferentes y apáticos.

“La iglesia no se debe meter en esto.”
En la diversidad de la flora y fauna que existe dentro del sistema ecológico evangélico, muchos enseñan que la iglesia debe estar fuera de asuntos que tengan que ver con la política. Porque es algo demasiado "impuro." Por eso, según piensan algunos, lo mejor que podemos hacer es lavarnos las manos, como Pilato. Y dejar que el mundo sea gobernado según sus patrones. Pues, nosotros "gobernamos desde las alturas" (lo que sea que eso signifique).

Esta alternativa puede sonar noble y muy espiritual. Pero, no es la más sabia ni la más saludable. Por varias razones.
En primer lugar, es un tanto ingenuo pensar así. Es imposible separar la fe de la política. El pensamiento religioso casi siempre está concatenado al actuar político. Cuando se hace bien, la reflexión teológica es el fundamento del activismo político coherente, en el mejor de los casos. La primera iglesia se fundamentaba sobre un enunciado en medio de la persecución que sufría: "Jesús es Señor y el César, no."

Este enunciado no está exento de implicaciones políticas sobre quién debe poseer nuestra lealtad suprema. De la misma forma cuando nosotros hoy cantamos sobre el establecimiento del trono de Dios eso significa que todos los demás tronos, o sillas presidenciales, son pequeñas en comparación con el gran Trono Celestial en el que está sentado nuestro Señor.

En segundo lugar, esta forma de pensar no es cristiana. Sino más bien, influenciada por el dualismo platónico. El filósofo griego Platón enseñó, y estoy sobre generalizando aquí, que el mundo de las formas o de las ideas (inmaterial) era superior al mundo material. Algunos pensadores intentaron sintetizar el pensamiento cristiano con el pensamiento platónico y concluyeron que el mundo espiritual (religión/inmaterial) es superior al mundo material (política/todo lo "secular"). 

Pero, hay algo que derriba este paradigma pagano: el milagro de la Encarnación. El hijo de Dios (verbo inmaterial) se hizo carne en Jesús (hombre físico/material). Por consiguiente, cuando enseñamos que la iglesia no debe meterse en asuntos “impuros” como la política porque es menos espiritual y es una actividad menos sublime entonces no estamos siendo coherentemente cristianos sino parcialmente platónicos.

Y en tercer lugar, si la iglesia de veras no tiene nada que hacer metiéndose en asuntos políticos, entonces ¿por qué la iglesia si se metió algunos años atrás en materia política reclamando y denunciando el intento de reelección de parte del presidente en gobierno durante la crisis del 2009? ¿Por qué lo que antes era condenado como un pecado y delito de traición a la patria ahora tiene una respuesta de silencio otorgador? ¿Acaso la moralidad muta con el pasar de los tiempos y de los gobiernos?

A lo que tienes derecho y a lo que no tienes derecho.
En vista que cada ciudadano hondureño tiene su propia opinión al respecto, mi interés no radica en persuadir a las personas a cambiar su manera de pensar, sino más bien a reflexionar sobre cómo expresan su forma de pensar hacia aquellos que no la comparten.

Como ciudadano hondureño tienes el derecho de tener una de las dos opiniones predominantes en la población actualmente. Puedes estar indignado porque sientes que la constitución está siendo pisoteada. Puedes estar molesto con todos los líderes políticos y religiosos que años atrás a viva voz condenaban todo acto de reelección pero en la actualidad han decidido quedarse callados o hacerse de la vista gorda. Puedes sentirte incluso desesperanzado porque la institucionalidad de nuestro país cada vez está en mayor decadencia. Puedes sentir una gran desconfianza hacia nuestros líderes porque hacen lo que dijeron que no harían. O no hacen lo que dijeron que sí harían. Es tu derecho sentirte así. También es tu derecho de expresar tu opinión. Y esto, también puede incluir el activismo no violento a través de manifestaciones o marchas. 

También tienes el derecho de estar contento. Porque piensas que el actual mandatario ha sido el mejor presidente que nuestro país ha tenido en toda la historia. Y por lo tanto, ya que el estado en el que se encontraba nuestra nación era tan deplorable, hace falta que alguien gobierne por más de cuatro años. Por eso, la idea de la reelección no es tan mala después de todo. Puedes estar rebosante de alegría porque el actual presidente es el David que nuestra nación tanto ha necesitado por varios días. Estás en tu derecho de pensar así y de expresar tu pensamiento. Esto incluye la manifestación de tu apoyo hacia la adminsitración actual por medio del voto. Tengo hermanos en Cristo que son mejores cristianos que yo que genuinamente piensan de esta forma. 

Pero, aunque tengamos estas libertades, hay algo de lo que sí no tenemos libertad. Hay algo de lo cual no tenemos el derecho de hacer. Hay algo que no se nos es permitido. Podemos pensar diferente. Pero, no podemos satanizar a aquellos que piensan distinto a nuestra manera de pensar. Y esto, claro está, incluye la expresión de nuestra opinión en cuanto a asuntos políticos. Los siguientes días estarán llenos de debates acerca de los acontecimientos que han rodeado el tema de la reelección. Pero, lo que debe primar por encima de todo es algo mucho más que la tolerancia y el civismo. Para los que seguimos a Jesús debe reinar un espíritu de amabilidad. Pablo nos enseña que el siervo del Señor no debe ser contencioso. En otras palabras, no debe pelear por el mero hecho de iniciar una pelea.

Ser amable y amoroso con aquellos que diferimos no significa que nuestras convicciones políticas deban languidecer. Podemos mantener firmeza en nuestras convicciones. Y amabilidad en nuestro trato con aquellos que no comparten nuestras convicciones. Una cosa no niega la otra. Ser brusco y tosco no es señal de tener solidez ideológica.

De hecho, la verdadera tolerancia política no es la ausencia de convicciones. Sino, más bien como tus propias convicciones te llevan a tratar a las personas que no comparten lo que tú crees. Hay mucho camino que recorrer, muchos temas que debatir y muchas acciones que tomar. Pero, por encima de todo esto, debe reinar algo que es mucho mayor que el mero civismo: hablar la verdad en amor. En conclusión, tu derecho a opinar no significa libertad para irrespetar. Tienes derecho a expresar tu sentir. Pero, tienes deber de, no sólo respetar, sino amar a aquellos que no comparten tu sentir.

-Luís Luna Jr

Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

sábado, 10 de septiembre de 2016

¡Ayuda!: Una respuesta cristiana hacia el bullying



Yo también ví el video. Y sentí la misma ira que cualquiera con una pizca de sentido de justicia sintió. Lo primero que pensé cuando vi al joven con la camisa del futbol club Barcelona golpear de forma repetida al jovencito delgado y menos corpulento es: “No me quiero imaginar cómo se sintieron los padres del jovencito abusado cuando vieron el video.”

El video sólo nos mostró una realidad que no es ni nueva ni inusual. El tipo de abuso que se lleva a cabo en su mayoría en centros educativos, conocido como bullying, es un fenómeno que ocurre a lo largo y ancho de las escuelas y colegios del país.

Pero, a todo esto: ¿Qué es el bullying? El término se ha popularizado recientemente. En especial, en el contexto de centros educativos. Por definición, el bullying es un acoso físico o psicológico al que es sometido un alumno por sus compañeros, de manera sistemática y continua. Es importante enfatizar el hecho que para que el bullying esté presente, el abuso debe ser realizado forma sistemática y continua.

¿Qué lo causa?
Los aspectos que generan o que están relacionados con el bullying pueden ser varios. Por un lado, cuando la agresión que los niños manifiestan en los primeros años de edad no es bien controlada entonces ese niño es un posible "bully" (abusador).  También, en muchos casos, los niños abusadores, o “bullies” estén imitando el comportamiento que ven en casa, por parte de las personas que están encargadas de él. O están canalizando hacia los demás el abuso que están recibiendo.

Es posible, también, que un “bully” esté abusando en respuesta a su propia inseguridad. La incomodidad que los abusadores sienten consigo mismos hacen que ellos busquen personas más “débiles” a quien maltratar para así sentirse poderosos o fuertes. En realidad, los bullies no son fuertes. Son internamente débiles y por eso hacen bullying.

Si bien es cierto, estos factores contribuyen e intensifican la problemática. Sin embargo, la causa definitiva del bullying es el pecado que radica en el corazón de cada adulto, joven y niño. Desde Caín rebelándose contra Dios matando a su propio hermano, nosotros abusamos a nuestro prójimo de diferentes maneras y en las diferentes etapas de nuestras vidas.

¿Cómo detectarlo?
Es muy común que los niños o adolescentes en el colegio estén siendo abusados y sus padres no se dan cuenta. En el caso de los niños que están sufriendo abuso, una señal es que tengan miedo de ir a la escuela. Normalmente, pocos niños están entusiasmados de ir a clases, por las implicaciones obvias de levantarse temprano y hacer tareas. 

Pero, cuando un niño o adolescente está sufriendo bullying es como si todos los días se levantara temprano para ir camino a una tortura. También, cuando las cosas como lonchera, ropa, utensilios, comienza a desaparecer misteriosamente, es probable que el niño esté siendo abusado y prefiera guardar silencio.

Una respuesta cristiana
Una forma efectiva no sólo de combatir el bullying sino de prevenirlo es desarrollar lazos de confianza con su hijo(a), de manera que él se sienta cómodo contando las dificultades que atraviesa en la escuela. Puede ser que si le preguntas a un niño de manera directa si está siendo abusado no responda nada. Pero, es importante aprender a leer el lenguaje corporal. El silencio después de tal pregunta revela más que las palabras.

Porque amamos a las personas, los cristianos debemos odiar el bullying. Y la razón por la que amamos a las personas es porque Dios ama a las persona. Y cada ser humano es un portador activo de la imagen de Dios. Cuando Dios creó a los seres humanos decidió depositar en nosotros su imagen (Génesis 1:26). Esto se conoce como la doctrina de la imago Dei, o la imagen de Dios.

Si Dios puso su imagen en cada persona que habita sobre la faz de la tierra, eso significa que cada vez que una persona es abusada, explotada, insultada o denigrada, la misma imagen de Dios en ese individuo está siendo explotada, insultada, denigrada y abusada. Cuando un niño está siendo abusado por un bully, la imagen de Dios en el niño está siendo abusada también. La doctrina de la imagen de Dios nos hace odiar al bullying. Pero, la doctrina de la gracia de Dios nos lleva a buscar restauración tanto en abusados como en abusadores.

El mensaje del evangelio de la gracia es tanto para aquellos que han sido víctimas como para, y esto es lo radical del asunto, aquellos que son victimarios. El evangelio de Jesús es para los abusados y también para los abusadores. El mismo Dios que defiende a las potenciales víctimas de abuso diciendo: “Ay de Aquel que haga tropezar a uno de mis pequeñitos…” (Mateo 18:6) Es el mismo Dios que se acerca a un victimario y abusador llamado Zaqueo diciendo: “Hoy es necesario que pose yo en tu casa.” (Lucas 19:5)

Esto no significa que los “bullies” o abusadores están exentos de recibir castigos por su comportamiento de abuso hacia otros. Es imprescindible poner límites y enseñarles a respetar la dignidad humana en cada persona. Pero, lo que sí significa es que sus pecados, si se arrepienten y creen en Jesús, han sido pagados por el abuso que Jesús recibió en el Gólgota.

-Luís Luna Jr.
Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba

jueves, 8 de septiembre de 2016

Buenas noticias: Jesús no es tu coach


Ya varias veces he intentado ser parte de la cultura fit que se ha apoderado del mundo. Con pena, admito que no he podido. Mi pancita es evidencia empírica de ello. Un tiempo atrás probé ingresar a un gimnasio. “De todos modos”, solía decirme a mí mismo, “no es algo que parezca tan difícil. Sólo voy, hago mi rutina y me largo.” Eso era lo que yo creía. Los veteranos del gym han detectado esta misma ingenuidad en los novatos que se inscriben la primera semana de enero de todos los años.

Entré pensando que como yo sabía el resultado que quería alcanzar, no necesitaba de alguien que me dijera lo que tenía que hacer. Pasó poco tiempo para reconocer lo equivocado que estaba. Me di cuenta que, por mucho que no quisiera, necesitaba de un coach, o instructor o de gimnasio cuyo nombre fuera Mike, Tony o Charlie. ¿Alguna vez se han preguntado porque casi todos los entrenadores de gimnasio llevan nombres como esos?

En fin, nos guste o no, en el gimnasio en particular y en la vida en general necesitamos de coaches o entrenadores que nos ayuden a tomar decisiones correctas.
Necesitamos coaches, por ejemplo, en nuestras finanzas. Tal vez tienes metas financieras grandes. Pero, ¿adivina qué? Hay personas que ya han logrado los objetivos que tú recién te acabas de poner. Y una de las mejores cosas que puedes hacer es acercarte a estas personas para invitarles un café, hacerle buenas preguntas y luego callarte la boca para aprender acerca de cómo han logrado lo que han logrado.

Necesitamos coaches que nos ayuden a llevar buenas relaciones interpersonales. Si analizamos bien nuestras vidas nos daremos cuenta que una causa común de los problemas que cargamos son conflictos no resueltos que involucran las relaciones más cercanas y significativas que tenemos. Pero, hay personas que han sabido caminar el a veces espinoso trecho de las relaciones humanas y pueden guiarnos para que seamos saludables en esta área.

Estos sólo son algunos ejemplos, pero podemos seguir nombrando áreas en las que necesitamos la retroalimentación y el consejo de aquellos que ya han estado en donde nosotros queremos llegar. Y que pueden guiarnos hasta ahí, en lugar de cargarnos hasta ahí. Después de todo, los mejores coaches son aquellos que nos guían acerca de qué hacer en lugar de aquellos que hacen las cosas por nosotros.

Y por muy novedoso que se pueda escuchar el concepto de tener un coach, no es algo innovador en la Biblia. Pablo aconseja a Timoteo para que enseñe a los hombres y mujeres mayores de la iglesia en Éfeso a que puedan ayudar a madurar a aquellos que están más jóvenes dentro de la congregación. Pero, por mucha ayuda que es tener un coach hay momentos en nuestras vidas que necesitamos algo más que mera instrucción y sabiduría práctica. A veces los consejos no son suficiente. Porque hay momentos en nuestra vida que necesitamos más que sólo buenos consejos y buenos instructores. 

Cómo cuando te encuentras tan cansado que no quieres seguir. Sabes que Dios te ha llamado. Pero, no sabías que la misión a veces puede drenar tu vida. Te sientes cansado. Pero, no sólo físicamente cansado. Sino un cansancio que va más allá. Del tipo de cansancio que no se arregla con dormir 20 minutos por la tarde.  Un cansancio de tanto hacer el bien. Cansado de ser el parachoques de la familia, del trabajo y de la iglesia. Cansado de ser el basurero emocional de la gente que te rodea. Un cansancio del espíritu que se manifiesta en el cuerpo.

O como cuando has sido traicionado. No de forma superficial. Sino traicionado de verdad. Por personas que jamás te lo imaginaste. Traicionado por aquellos en quienes tuviste el atrevimiento de poner tu confianza en las manos de otros. Y ellos la tomaron, la tiraron al suelo, la escupieron y la pisotearon. El puñal duele más cuando es clavado por aquellos que sostenían tu corazón.

O como cuando has perdido a un ser querido. Y el dolor es indescriptible. Si lo quisieras poner en palabras, dirías que la mitad de tu alma se está asfixiando. Porque la otra mitad se fue con la persona que te dejó. La soledad, el desamparo, la ira hacia Dios, y a veces, hacia el difunto. Tanto así que no puedes si quiera funcionar bien en horas laborales. Y estás ausente en horas familiares.

Es bueno tener un coach. Pero, en momentos en la vida como estos necesitas más que un instructor que te diga que hacer. Necesitas a alguien que no sólo te de consejos que lo único que revelan es que él o ella no ha pasado por lo que tú estás pasando. Necesitas a alguien que haya atravesado lo mismo que tú.
Necesitas a un salvador.  Necesitas a Jesús.  El problema central del hombre no es falta de instrucción. El problema central es un problema del corazón. El corazón de todo problema es un problema del corazón. Sólo Jesús puede sostener tu corazón y ayudarte en momentos que sientes que te ahogas y estás espiritualmente y emocionalmente agonizando.

Por eso, cuando estás recogiendo los pedazos que quedaron de tu alma después de haber sido traicionado por alguien que amabas, Jesús no viene a ti con el libro de Dale Carnegie sobre como “Ganar amigos e influenciar a las personas.” El viene a sentarse a tu lado y a decirte: “Me di cuenta que te hirieron.  Yo fui traicionado también por un amigo, sabes. Se llamaba Judas. Sé exactamente cómo te sientes. Y estoy contigo.” En Jesús, Dios ha sido traicionado. Al igual que tú.

Cuando estás atravesando los momentos más oscuros después de la pérdida de un ser querido, Jesús no viene a ti con una presentación de PowerPoint sobre las diferentes etapas del duelo y como atravesarlas de forma efectiva. Jesús viene a conversar contigo diciéndote: “Supe que perdiste a alguien que amabas. Yo también he llorado la muerte de un ser querido. Se llamaba Lázaro. Sé exactamente cómo te sientes. Y estoy contigo.” En Jesús, Dios ha sufrido duelo. Al igual que tú.

Cuando te encuentras a punto de tirar la toalla porque sientes que tu vida es una montaña rusa emocional y estás cansado de todo, Jesús no viene con el artículo más reciente de Harvard Business Review sobre los 5 secretos para incrementar tu productividad en horas laborales. Sino que Jesús viene a contarte acerca de la vez que el sol le fatigó tanto que tuvo que detenerse a pedir agua a una mujer samaritana de dudosa reputación que estaba cerca de un pozo. En Jesús, Dios se cansa y tiene sed. Al igual que tú.

Jesús no es tu coach. Claro, hay muchas cosas que Él tiene tiene que decir acerca de las diferentes áreas de nuestras vidas que debemos escuchar y obedecer. Pero, Jesús da mucho más que buenos consejos. Y es mucho más que un buen instructor. Jesús no es sólo buenos consejos. Jesús es buenas noticias. Jesús es mucho más que un instructor, Jesús es un Redentor. El sumo sacerdote que se compadece de nuestras debilidades porque las ha atravesado todas y ha sufrido de todo al igual que nosotros pero sin pecado.

En medio de los problemas, en medio de las crisis, en medio de las dificultades Jesús no viene a darte una promesa que todo saldrá bien, que todo pasará rápido o que todo se arreglará. Jesús viene a darte algo mucho mejor que eso. Jesús viene a darse a sí mismo. Jesús no siempre trae la solución. Al menos según lo que nosotros concebimos como solución. Pero, siempre trae Su presencia. Porque Su presencia es Su promesa.

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-Luís Luna Jr.
Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba