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lunes, 17 de abril de 2017

Cuando Jesús aparece


El Domingo de Resurrección es especial para los cristianos. Hay muchas razones para esto. En primer lugar, la resurrección marca el inicio de la instalación de un nuevo y diferente Reino. Jesús irrumpe el viejo orden del mundo. Paulatinamente desplazado por su nuevo gobierno. También, en la Resurrección, Dios Padre vindica a Su Hijo. Ray Ortlund dice: "En el viernes santo, Jesús exclama: Consumado Es. En Domingo de Resurrección, el Padre afirma: "Amen a eso."

Por esto y mucho más, podríamos argumentar que este día es el más importante para el cristianismo. Ya que nuestra fe está centrada en el acto de la Resurrección. Y sus implicaciones para nosotros. Debemos, entonces, estar agradecidos por la oportunidad de celebrarlo con libertad.

Sin embargo, pocos se preguntan o sienten curiosidad por inquirir en las cosas que Jesús hizo o la gente con la que él se encontró después de haber resucitado. Entre el día de Resurrección y su ascensión pasaron aproximadamente seis semanas. ¿Qué hizo Jesús en este tiempo? Una de las cosas, al menos, que se puede observar es que hay un golfo de separación entre los relatos pomposos y espectaluares del nacimiento de Cristo y las historias sobre las apariciones del Jesús resucitado. El Nuevo Testamento registra alrededor de diez apariciones del Mesías. Según algunos comentaristas, la mitad de estas apariciones fueron en casi un día, durante unas breves horas de tiempo.

Imagina, por un momento, que tú eres Jesús. Has resucitado. ¿Que harías? ¿Qué sería lo primero en lo que te enfocarías después de haber regresado de la muerte? ¿De qué forma comunicarías tu mensaje que estás "de regreso"? Es probable que te fueras a un lugar muy transitado y deslumbraras a todos con un milagro llamativo. O tal vez entrarías caminando arrogantemente a la casa de Anás y Caifás para decirles que has venido por ellos. A vengarte. Harías algo en un lugar en donde todo mundo te viera. Para que sepan que venciste a la muerte. Y ahora vives.

Pero, Jesús no hace eso.

El Cristo resucitado tuvo apariciones extrañas. Contraproducentes, incluso. ¿Por qué? Bueno, Jesús se apareció a personas normales en situaciones ordinarias.

Se apareció en una cena privada con discípulos temerosos, a dos hombres desencajados que iban por el camino a Emaús, a una mujer que se encontraba en un jardín y a un grupo de pescadores frustrados en un lago.

De hecho, pareciera que a simple observación, Jesús prefería aparecésele a pequeños grupos de personas en lugares pocos visibles. Y luego se iba. El Cristo resucitado, el primero de los frutos de la nueva humanidad, se le aparece a personas ordinarias en circunstancias corrientes.

Creo que esto significa algo para ti.

Así como Jesús se apareció a muchos mientras realizaban labores ordinarias, el Cristo resucitado aparece en tu vida cuando menos lo esperas. Y donde menos te imaginas. Porque donde sea que Él llega, todo cambia.

Puede ser que muy de mañana estás preparando la merienda para tu hijo, en medio de lágrimas porque sientes que tu matrimonio cuelga de un hilo. Pero, ahí, de pronto el Cristo resucitado aparece para tomarte de la mano, acompañarte en tu dolor y ayudarte a seguir amando sacrificialmente.

A lo mejor, pasa que te quieres levantar para asear tu sala, pero rápido te topas con la realidad que tus energías no son las mismas después de atravesar muchas quimioterapias. En medio de la confusión que conlleva ajustarse a un nuevo estilo de vida, mucho más lento, el Cristo resucitado aparece dandote esperanza que un día tendrás un cuerpo glorificado. ¡No más cáncer!

O simplemente no quieres escribir el siguiente sermón. Porque estás en una temporada ministerial árida. La gente es malagradecida. Los corazones son duros. Los mensajes pasan por alto. Las oraciones no tienen efecto. Pero, de pronto el Cristo resucitado se te aparece para subirte a Sus grandes hombros. Y te recuerda que Él es el Buen Pastor. Y tú nada más un simple pastorcillo que también necesita ser guiado y pastoreado por Él.

Por lo general, Jesús se aparece en circunstancias que menos te lo esperas. En las más ordinarias y normales. Jesús está ahí. Pues, en lo natural y común de la vida es donde presenciamos lo sobrenatural y trascendental de Dios. Porque cuando el Cristo resucitado se aparece, todo cambia.

-Luís Luna Jr.
Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

miércoles, 18 de enero de 2017

11 consejos de Charles Spurgeon para los predicadores


Charles Spurgeon es considerado como el príncipe de los predicadores.

Algunos datos interesantes sobre su vida son los siguientes:
-Predicó alrededor de 600 sermones antes de cumplir 20 años.
-La compilación de sus sermones registrados llenan alrededor de 63 volúmenes y sobre 20 millones de palabras, haciéndolo el autor cristiano con una mayor colección de libros.
-En cierta ocasión se dirigió a una audiencia de 23,654 personas sin usar micrófonos o sistema de sonido.
-Él frecuentemente predicaba diez veces por semana porque aceptaba muchas invitaciones a predicar.

Sin lugar a dudas fue un predicador auténticamente dotado para el tiempo específico en el que vivió. Por fortuna, las charlas de predicación que Spurgeon daba a sus pupilos quedaron registradas. Aquí hay 12 consejos que él continuamente daba a sus estudiantes.

1. La oración es parte de la preparación del sermón.

"La oración te asistirá de una forma singular en la entrega de tu sermón; de hecho. De hecho, nada puede prepararte tan gloriosamente como descender fresco del monte de comunión con Dios para hablar con los hombres. Nadie es tan capaz para rogar con los hombres como aquellos que han luchado con Dios por la vida de ellos."

2. Usa introducciones sorprendentes

"Yo prefiero hacer la introducción del sermón similar a la de un heraldo que suena su campana diciendo '¡Oh si! ¡Oh si! Traigo un anuncio' sólo para hacerle saber a la gente que él tiene un anuncio para ellos y quiere que le escuchen. Para hacer eso, la introducción debe tener algo sorprendente en ella. Es bueno hacer un disparo estrepitoso como señal que todos empiecen la acción."

3. Los sermones largos son el producto de estudios cortos.

"Si me preguntaras qué deben hacer para acortar tus sermones, yo diría, estudia mejor...generalmente predicamos sermones más largos cuando tenemos poco que decir."


4. Varía tu voz

"¡Que pesar que un hombre que desde su corazón comunique doctrinas de gran valor, en lenguaje apropiado, cometa suicidio ministerial al tocar sólo una cuerda! ¡Cuidado! Con esa voz que sonaba y sonaba como rueda de molino con el mismo giro monótono, se que hablara del cielo o infierno, vida eterna o ira sin fin. Puede ser que, por accidente, un poco más fuerte o más suave, de acuerdo a la longitud de la oración, pero su tono era siempre el mismo, una desdichada pérdida de sonido en donde no había reposo, variedad, tonalidad, nada sino una horrible monotonía."

5. Vive lo que predicas

"Todos hemos escuchado la historia del hombre que predicaba tan bien y vivía tan mal, que cuando estaba en el púlpito todos querían que no bajara y cuando estaba fuera del púlpito, todos querían que no subiera...de la misma forma que, según el proverbio, las acciones hablan más fuerte que las palabras, así también una mala vida eventualmente ahogará la voz del ministerio más efectivo."

6. Pronuncia correctamente las palabras
"Toma mucho cuidado de las consonantes, pronuncia cada una de ellas con claridad; ellas son las expresiones de las palabras. Practica sin fatiga hasta que pronuncies bien cada consonante como debe ser; las vocales tienen un sonido propio y ellas pueden hablar por sí mismas.”

7. El silencio es oro

"Aprende a saber cuándo pausar. Hablar es plata; pero, el silencio es oro cuando los oyentes no están poniendo atención. Sigue hablando del mismo asunto y estarás meciendo la cuna y eso resultará en sueño profundo; dale una sacudida a la cuna y el sueño se irá."

8. Usa gestos naturales

"Tus gestos siempre deben ser los tuyos, y nunca una mentira bien adornada..."

9. Cuenta historias
"Con frecuencia he visto a algún pobre hombre parado en el pasillo de la Iglesia. ¡Se mira como un gorrión que recién entró al templo y ahora no puede salir! No puede entender lo que está pasando en el servicio; comienza a contar cuantas personas están sentadas en la primera fila, y todo tipo de ideas pasan por su mente. Ahora, yo quiero atraer su atención; ¿cómo lo haré? Si cito un texto de la Escritura, puede que él no sepa lo que eso significa y no esté interesado en ello. ¿He de ponerle un poco de latín o citar el hebreo o griego original de mi texto? Eso no servirá para ese hombre. ¿Qué haré? ¡Ah! Sé de una historia que seguramente, yo creo, le vendrá bien."

10. Predica a Cristo

"De todo lo que quisiera decir, este es el resumen: mis hermanos, prediquen a Cristo, siempre y todas las veces. Él es el evangelio completo. Su persona, oficios y obra deben ser nuestro tema central. El mundo necesita escuchar de Su Salvador y de cómo llegar a Él...no somos llamados a proclamar filosofía y metafísica, sino el evangelio simple. El pecado del hombre, la necesidad del nuevo nacimiento, perdón a través de expiación y salvación como resultado de la fe; estas son nuestras hachas de batalla y nuestras armas de guerra."

11. Invita la evaluación

"Elige a un amigo que te diga tus errores, o mejor aún, dale la bienvenida a un enemigo que te vigile agudamente y te ponga aguijones de forma salvaje. ¡El crítico irritante es una bendición para el hombre sabio, pero una molestia intolerable para el necio! Corrígete a ti mismo con diligencia y frecuencia, o caerás en errores que ni siquiera te darás cuenta. Así que, critícate a ti mismo sin cuidado. Pero, nunca te degeneres en volverte en crítico del púlpito, que piensan que los gestos y la voz es lo más importante."

-Extraído del libro “Preaching: Nuts and Bolts” de Brandon Hilgeman. *Las citas de Spurgeon fueron tomadas de su libro "Discursos a mis estudiantes."*

-Luís Luna Jr.

Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba. 

jueves, 15 de diciembre de 2016

Sobre La Reelección: Tú derecho y tu deber.


El tema de la reelección sigue viento en popa. El pueblo hondureño se vuelve cada más polarizado con respecto a qué posición tomar. Una de las cosas que ha hecho este proceso más polémico es que el actual presidente Juan Orlando Hernández Alvarado ha sido inscrito para ser parte del proceso electoral. Esto ha venido a estremecer la institucionalidad gubernamental, o lo que queda de ella, en nuestro país. Pues, el artículo 239 de la Constitución establece que tal cosa no puede ser posible.

"Cada cabeza es un mundo" dice el refrán. Y en temporada de elecciones políticas esto no puede ser más cierto. Todos tenemos una manera muy particular de ver el mundo. Y esto incluye la forma en como nuestro país debe ser administrado y por quien debe ser administrado.

Incluso, las personas que dicen no inmiscuirse en asuntos de política están tomando una postura, aunque ellos no se den cuenta. Están siendo políticamente indiferentes y apáticos.

“La iglesia no se debe meter en esto.”
En la diversidad de la flora y fauna que existe dentro del sistema ecológico evangélico, muchos enseñan que la iglesia debe estar fuera de asuntos que tengan que ver con la política. Porque es algo demasiado "impuro." Por eso, según piensan algunos, lo mejor que podemos hacer es lavarnos las manos, como Pilato. Y dejar que el mundo sea gobernado según sus patrones. Pues, nosotros "gobernamos desde las alturas" (lo que sea que eso signifique).

Esta alternativa puede sonar noble y muy espiritual. Pero, no es la más sabia ni la más saludable. Por varias razones.
En primer lugar, es un tanto ingenuo pensar así. Es imposible separar la fe de la política. El pensamiento religioso casi siempre está concatenado al actuar político. Cuando se hace bien, la reflexión teológica es el fundamento del activismo político coherente, en el mejor de los casos. La primera iglesia se fundamentaba sobre un enunciado en medio de la persecución que sufría: "Jesús es Señor y el César, no."

Este enunciado no está exento de implicaciones políticas sobre quién debe poseer nuestra lealtad suprema. De la misma forma cuando nosotros hoy cantamos sobre el establecimiento del trono de Dios eso significa que todos los demás tronos, o sillas presidenciales, son pequeñas en comparación con el gran Trono Celestial en el que está sentado nuestro Señor.

En segundo lugar, esta forma de pensar no es cristiana. Sino más bien, influenciada por el dualismo platónico. El filósofo griego Platón enseñó, y estoy sobre generalizando aquí, que el mundo de las formas o de las ideas (inmaterial) era superior al mundo material. Algunos pensadores intentaron sintetizar el pensamiento cristiano con el pensamiento platónico y concluyeron que el mundo espiritual (religión/inmaterial) es superior al mundo material (política/todo lo "secular"). 

Pero, hay algo que derriba este paradigma pagano: el milagro de la Encarnación. El hijo de Dios (verbo inmaterial) se hizo carne en Jesús (hombre físico/material). Por consiguiente, cuando enseñamos que la iglesia no debe meterse en asuntos “impuros” como la política porque es menos espiritual y es una actividad menos sublime entonces no estamos siendo coherentemente cristianos sino parcialmente platónicos.

Y en tercer lugar, si la iglesia de veras no tiene nada que hacer metiéndose en asuntos políticos, entonces ¿por qué la iglesia si se metió algunos años atrás en materia política reclamando y denunciando el intento de reelección de parte del presidente en gobierno durante la crisis del 2009? ¿Por qué lo que antes era condenado como un pecado y delito de traición a la patria ahora tiene una respuesta de silencio otorgador? ¿Acaso la moralidad muta con el pasar de los tiempos y de los gobiernos?

A lo que tienes derecho y a lo que no tienes derecho.
En vista que cada ciudadano hondureño tiene su propia opinión al respecto, mi interés no radica en persuadir a las personas a cambiar su manera de pensar, sino más bien a reflexionar sobre cómo expresan su forma de pensar hacia aquellos que no la comparten.

Como ciudadano hondureño tienes el derecho de tener una de las dos opiniones predominantes en la población actualmente. Puedes estar indignado porque sientes que la constitución está siendo pisoteada. Puedes estar molesto con todos los líderes políticos y religiosos que años atrás a viva voz condenaban todo acto de reelección pero en la actualidad han decidido quedarse callados o hacerse de la vista gorda. Puedes sentirte incluso desesperanzado porque la institucionalidad de nuestro país cada vez está en mayor decadencia. Puedes sentir una gran desconfianza hacia nuestros líderes porque hacen lo que dijeron que no harían. O no hacen lo que dijeron que sí harían. Es tu derecho sentirte así. También es tu derecho de expresar tu opinión. Y esto, también puede incluir el activismo no violento a través de manifestaciones o marchas. 

También tienes el derecho de estar contento. Porque piensas que el actual mandatario ha sido el mejor presidente que nuestro país ha tenido en toda la historia. Y por lo tanto, ya que el estado en el que se encontraba nuestra nación era tan deplorable, hace falta que alguien gobierne por más de cuatro años. Por eso, la idea de la reelección no es tan mala después de todo. Puedes estar rebosante de alegría porque el actual presidente es el David que nuestra nación tanto ha necesitado por varios días. Estás en tu derecho de pensar así y de expresar tu pensamiento. Esto incluye la manifestación de tu apoyo hacia la adminsitración actual por medio del voto. Tengo hermanos en Cristo que son mejores cristianos que yo que genuinamente piensan de esta forma. 

Pero, aunque tengamos estas libertades, hay algo de lo que sí no tenemos libertad. Hay algo de lo cual no tenemos el derecho de hacer. Hay algo que no se nos es permitido. Podemos pensar diferente. Pero, no podemos satanizar a aquellos que piensan distinto a nuestra manera de pensar. Y esto, claro está, incluye la expresión de nuestra opinión en cuanto a asuntos políticos. Los siguientes días estarán llenos de debates acerca de los acontecimientos que han rodeado el tema de la reelección. Pero, lo que debe primar por encima de todo es algo mucho más que la tolerancia y el civismo. Para los que seguimos a Jesús debe reinar un espíritu de amabilidad. Pablo nos enseña que el siervo del Señor no debe ser contencioso. En otras palabras, no debe pelear por el mero hecho de iniciar una pelea.

Ser amable y amoroso con aquellos que diferimos no significa que nuestras convicciones políticas deban languidecer. Podemos mantener firmeza en nuestras convicciones. Y amabilidad en nuestro trato con aquellos que no comparten nuestras convicciones. Una cosa no niega la otra. Ser brusco y tosco no es señal de tener solidez ideológica.

De hecho, la verdadera tolerancia política no es la ausencia de convicciones. Sino, más bien como tus propias convicciones te llevan a tratar a las personas que no comparten lo que tú crees. Hay mucho camino que recorrer, muchos temas que debatir y muchas acciones que tomar. Pero, por encima de todo esto, debe reinar algo que es mucho mayor que el mero civismo: hablar la verdad en amor. En conclusión, tu derecho a opinar no significa libertad para irrespetar. Tienes derecho a expresar tu sentir. Pero, tienes deber de, no sólo respetar, sino amar a aquellos que no comparten tu sentir.

-Luís Luna Jr

Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Una actitud de gratitud


¿Has estado al lado de alguien que se queja siempre? ¡Que duro que es! ¡Soportar su verborrea negativa! ¡Ver siempre la manera en cómo contentarlos y cumplirles sus caprichos porque de lo contrario no se callaran! ¡Hay gente con la que simplemente nunca se queda bien!

Algunos se quejan porque hace mucho calor. Otros se quejan porque hace mucho frío. Algunos se quejan porque la música está muy bajita. Otros porque está demasiado estridente. 

Algunos se quejan porque tienen mucho tiempo de trabajar y no les han aumentado el sueldo. Otros se quejan porque les aumentaron el sueldo y ahora tendrán que pagar más impuestos. 

Algunos se quejan porque no soportan ya la vida de soltero y quieren casarse. Otros se quejan porque no soportan la vida de casados y quieren regresar a estar solteros.

Todos nosotros en algún punto de nuestra vida nos hemos quejado. O nos vivimos quejando. La ironía del comienzo de este artículo es que inicié quejándome de la gente que se queja. Entonces, creo que eso automáticamente me convierte en alguien igual a las personas de las que me estoy quejando, ¿no?

Pero, Dios no quiere que nuestras vidas estén marcadas por un corazón quejumbroso. Todo lo contrario, Dios espera que caminemos con un espíritu agradecido.

Porque una actitud de gratitud abre las puertas a la plenitud.

La manera en cómo desarrollamos un espíritu de gratitud es a través de la práctica del agradecimiento. Esto es: continuamente agradecer a Dios por todo lo que proviene de su mano. Esto no quiere decir vamos a agradecer hipócritamente, sin sentir lo que estamos expresando. La gratitud fingida es esencialmente, al fin y al cabo, mera ingratitud. 

Pero, en ocasiones no necesitamos sentir el deseo de algo para realizar la acción. Sino, más bien, cuando decidimos hacer algo por convicción el sentimiento se une después. Aunque no “sintamos” ser agradecidos, si decidimos ser agradecidos entonces el "sentimiento" de gratitud nos acompañará después.

Pero, ante todo esto es importante que nos preguntemos porque es necesario cultivar un corazón agradecido en primer lugar.

La gratitud sustituye al pecado. Ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias." (Efesios 5:4).

Las palabras que hablamos evidencian el contenido que llena el corazón que cargamos. Si nuestras palabras están marcadas por negativismo, quejas y reclamos entonces eso significa que nuestro corazón está seriamente descontento. Y por consiguiente, el círculo vicioso es reforzado. Ósea, un corazón descontento expresa palabras negativas que a su vez refuerzan el malestar de un corazón que ya estaba inconforme en primer lugar.

Hablar con negativismo es algo malo no porque los libros de auto-ayuda y de psicología popular lo condenan, pues nos impiden "cumplir nuestras metas." En realidad, el asunto es más profundo que eso. Dejar de ser agradecido, o ser mal-agradecido, es un síntoma que indica una patología más peligrosa: la incredulidad en el carácter bondadoso de Dios. 

Un cristiano con un corazón quejumbroso es, en primera instancia, alguien que no cree que Dios verdaderamente cuida de sus hijos. No lo expresaríamos de esta manera tan cruda. Pero, esa es la música de fondo que suena en el corazón de una persona que se pasa la vida quejándose.

Si somos malagradecidos significa que primero fuimos incrédulos. No creemos, o creemos parcialmente, que Dios es bueno y que cuida de nosotros. Y todo lo que proviene de la incredulidad es pecado (Rom. 14:23). Vivir con una mentalidad quejumbrosa, no sólo es señal de incredulidad, sino que también asfixia el proceso de ver las cosas desde una perspectiva celestial. La vela de la esperanza y el optimismo se apagan por el viento implacable de las quejas. El pecado se nutre de la incredulidad y crece en la oscuridad. Por consiguiente, un corazón quejumbroso está más propenso a vivir en pecado.

Es en vista de esto, que tenemos la necesidad de cultivar un corazón agradecido. Porque cuando lo hacemos nos estamos poniendo lentes de optimismo. Estamos viendo al mundo de la manera en que Dios lo ve.  Los cristianos, de todas las personas, deberíamos ser los más agradecidos, optimistas y llenos de esperanza. Porque nuestro optimismo no es ingenuo y frágil, basado en nuestros impulsos intermitentes de hacer el bien. Sino, sólido y bien fundamentado, basado en la revelación de un Dios que está haciendo nuevas todas las cosas.

La esperanza escatológica de un cielo nuevo y una tierra nueva deben llenarnos de agradecimiento por lo que Dios hará. Un corazón distinguido por el agradecimiento a un Dios que cumple sus promesas es terreno fértil para que crezcan las flores de la piedad en lugar de la maleza del pecado.

¿Agradecido en todas las circunstancias? Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (1 Tes. 5:16-18).

Muchos leyendo esto sienten que tienen derecho a quejarse. Porque las personas los han tratado mal. O la vida les ha jugado una mala carta. Es fácil sentirse agradecido cuando todo está bien. Cuando lo que emprendamos da resultados. Cuando la familia está unida. Cuando las cuentas están pagadas. Pero, ¿qué pasa cuando todo se desmorona? ¿Qué ocurre cuando, a simple vista, no hay ninguna razón lógica por la que deberíamos estar agradecidos?

¿Qué pasa cuando sentimos que tenemos todo el derecho de quejarnos después de lo que hemos sufrido? Es importante entender que Dios no te llama a negar la, a veces, cruda realidad que rodea tu vida. La fe bíblica no niega lo que es. 

Al contrario, al negar lo que realmente es estamos removiendo el escenario para que Dios haga lo que sólo Él puede hacer. Es como si estuviéramos sentados frente a un médico y juráramos que no hemos estado teniendo los síntomas respectivos de un tumor maligno.

Sin embargo, la verdadera fe bíblica es creer que la realidad de Dios puede invadir la realidad aquí en la tierra y transformarla para Su gloria. Cuando creemos esa verdad entonces estamos comenzando a ver el mundo a través de los lentes de Dios. Con los ojos de la fe. 

Y sólo cuando vemos al mundo con los ojos de la fe es que podemos estar agradecidos ante cualquier tipo de circunstancia. Creemos en lo que Dios puede hacer y creemos en lo que Dios ha prometido hacer. ¿Por qué? Nuestra confianza en lo que Dios promete descansa en que Él ha cumplido lo que ha prometido en el pasado.

Del cumplimiento de las promesas pasadas dependen la certeza de nuestra fe en el futuro y nuestra gratitud en el presente. ¿Y cómo podemos estar seguros que Dios cumple sus promesas? Viendo la cruz. Mucho se puede decir sobre las razones por las que Dios permite el mal. Pero, una de las razones que con seguridad podemos afirmar que NO es, es esta: Dios es indiferente al sufrimiento y al mal en el mundo. Eso no es cierto. 

De hecho, Dios mismo ha pasado por los niveles de dolor y sufrimiento más grandes que alguien haya podido experimentar siendo brutalmente asesinado en una cruz romana. La cruz, al igual que la tumba vacía, son las evidencias más grandes que Dios cumple lo que promete. Las promesas del Antiguo Testamento sobre un Redentor que salvaría el mundo a través de su propio sufrimiento se llevan a cabo en la vida y obra de Jesús.

Por eso, ahora a la luz de estas verdades nosotros caminemos con seguridad. Pues estamos siendo sostenidos por las mismas manos que diseñaron el cosmos y fueron clavadas por nosotros. Pase lo que pase y venga lo que se venga, podemos tener una actitud de gratitud. Porque aunque no tengamos el control de las cosas, somos inmensamente amados por Aquel que sí lo tiene. Y por eso, gracias Dios.

-Luís Luna Jr.

Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

lunes, 21 de noviembre de 2016

6 Estrategias Para Luchar Contra El Orgullo


Dios es quien se encarga de edificar Su obra. Y lo hace otorgando diferentes tipos de dones y habilidades a diferentes tipos de personas. Si por su gracia Dios te ha dotado sobrenaturalmente para algunas tareas específicas de Su Reino, las personas se acercarán para felicitarte y afirmarte. Y aunque este no sea el impulso que te mueve a hacer las cosas, es necesario que tu espíritu se mantenga vigilante a lo que puede ocurrirle a tu corazón al recibir aprobación humana.

No hay nada de malo en expresar admiración por lo que Dios hace a través de otros. Muchas veces siento que un sermón ha salvado mi vida. Y en la manera que puedo, intento expresar mi agradecimiento y admiración hacia la persona que Dios usó para edificarme.

Muchos obreros están haciendo una labor fenomenal. Pero, a la vez, caminan desanimados. Porque casi nunca reciben afirmación de parte de aquellos a quienes sirven fielmente. Por eso, cuando puedas, agradece y felicita a las personas que Dios usa para asistirte en tu caminar con Jesús.

Sin embargo, el fin de este artículo es ayudarte cuando recibas felicitaciones o afirmación de otros por lo que haces en el Reino de Dios. La aprobación humana puede intoxicar el corazón. Y al igual que muchas sustancias tóxicas, nos podemos volver adictos a ella si no tenemos cuidado. Una señal de esto, por ejemplo, es cuando sentimos que los demás están obligados a darnos un "like", "retweet" o una palmada en el hombro después de haber bateado lo que nosotros pensamos fue un "home run."

En nuestro caminar, la clave para crecer más en conformidad a Cristo radica no en controlar o domesticar nuestro ego. Sino en atravesarle una espada para matarlo. Una y otra vez. Y las veces que sean necesarias. Al compartir este artículo, en ninguna manera pretendo haber vencido en totalidad este tipo de pecado. Pensar eso sería suicidio para mi alma. Sino que en mi lucha contra la arrogancia remanente en mi propio corazón, que no es poca, me encontré con las siguientes recomendaciones prácticas del pastor John Piper. Creo que son útiles. 

Si bien es cierto el orgullo se manifiesta de muchas formas, estas dagas son más efectivas contra la arrogancia naciente en un corazón que se quiere acostumbrar a ser alabado:

1. Recuerda que no eres auto-existente; sólo el Dios trinitario lo es. Sólo Dios es absoluto. Tú eres contingente. Recuerda que eres dependiente de Dios en tu origen, presente y futuro. Recuerda esto y medita en esta verdad.

2. Recuerda que eres por naturaleza un pecador depravado y que en todo tu pecado has tratado a Dios con desprecio, prefiriendo otras cosas en lugar de su gloria. Recuerda que no hay nada bueno que hayas hecho que no requiera arrepentimiento. Todas tus buenas obras están, de alguna manera, manchadas por el pecado. Cada una tiene algún grado de error porque Dios demanda perfección. Y por eso, Dios no te debe nada más que dolor en esta vida y en la venidera. Todo lo bueno que tienes a tu alrededor, entonces, es una obra de gracia y no por tu propio mérito.

3. Medita en la realidad que tú condición era tan desesperada que sólo pudo ser remediada por la horrible muerte del hijo de Dios, quien llevó tu pecado y proveyó tu justicia. Y gózate en el perdón y justicia que ahora es tuya en Jesús.

4. Renuncia a todos los deseos de fama y notoriedad cuando sientas que se levantan en tu corazón diciendo: "¡No! En el nombre de Jesús salgan de mi cabeza." Y voltea tu mente con frescura hacia la belleza, verdad y valor de Cristo.

5. Trata de recibir toda crítica, ya sea de amigo o enemigo, asumiendo que casi siempre hay algún grado de verdad del cual te puedes beneficiar. "Sé pronto para oír, tardo para hablar y tardo para airarse." -Santiago 1:19.

6. Trata de acudir a escritores cristianos de siglos anteriores que conocían a Dios en profundidades que la mayoría de nosotros, gente moderna, somos incapaces de conocer.


*En lo personal, he sido redargüido, confrontado y edificado por los escritos de los Padres del Desierto del siglo IV y los predicadores puritanos del siglo 17.* 

-Luís Luna Jr. 
Pecador rescatado por Gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

Puedes encontrar todas las recomendaciones del pastor John Piper haciendo click aquí

martes, 13 de septiembre de 2016

Trastorno de bipolaridad eclesial: La Iglesia ante la reelección


"Nunca voy a probar el sushi", le dije a un amigo después de insistirme que comiera el tradicional platillo japonés. "Sólo son rollos de pescado crudo. ¿Quién en su sano juicio lo haría? ¡No importa lo trendy o chic que esté, no voy a comerlo!" Esa era mi postura firme. Antes de haber probado el sushi, claro está. De más está decir que cambié de opinión después de comer sushi por primera vez. Ahora, aunque a mi billetera no le parezca tanto, me fascina el sushi. (Acepto invitaciones. Nos podemos poner de acuerdo en la sección de los comentarios.)
Al igual que yo, estoy seguro que hay muchos que han cambiado su opinión sobre varias cosas con el pasar del tiempo.

Tal vez amabas la soltería. Y no entendías porque la gente se quería complicar la vida casándose. Pero, ahora estás casado. Y después de haber visto el ultrasonido de tu hijo(a) quieres retroceder el tiempo. Para decirle a tu "yo" de hace 5 años atrás que es un patán. Porque nada se compara con la alegría de saber que Dios te usó para concebir a un ser humano.

O puede ser que tenías una postura marcada frente a algunos temas considerados como dilemas éticos. Como la eutanasia o la pena de muerte. Y después de estudiar y reflexionar al respecto ahora razonas de manera diferente.  
Tener una perspectiva distinta acerca de un asunto con el pasar del tiempo no es algo inherentemente bueno. O necesariamente malo. No equivale a un relativismo de convicciones o a un fundamentalismo extremista. En ocasiones, puede ser una señal de humildad reconocer que no todo lo que pensabas acerca de algunas problemáticas estaba acertado.

Habiendo dicho esto, por otro lado, también pienso que hay algunos cambios de opinión general que pueden ser grandes y rápidos a la vez. Existen cambios radicales de proporciones épicas. Como, por ejemplo, el giro de 180 grados que ha dado un gran sector de la Iglesia evangélica con respecto al tema de la reelección presidencial.
Entiendo que hablar sobre eso puede causar controversia. Pero, quiero aclarar que no intento discutir si la reelección presidencial es ética o no. Personas entrenadas en la disciplina jurídica y además, mucho más inteligentes que yo, han determinado que ese es un caso juzgado.

Dejando a un lado el hecho que no todo lo legal es necesariamente moral, mi consternación no recae en decidir si la reelección es lo mejor para el país o no. Esas conversaciones se dan mejor en persona. Preferiblemente, con un café en medio. La iglesia es un solo Cuerpo en Cristo. Pero, eso no implica que todos vamos a pensar de la misma manera sobre todas las cosas. En especial, lo que concierne a temas en los que hay un espacio para el desacuerdo saludable.

A pesar de todo, no deja de ser un tanto bizarro la aparente bipolaridad repentina que un gran sector de la iglesia evangélica ha evidenciado con respecto a su postura hacia esta temática. Algunos años atrás, en el 2009 para ser exactos, las plazas y los parques estaban saturados de personas que querían a un país de paz. El mar de las camisetas blancas, símbolo de pureza, reclamaba que la Carta Magna de la nación no fuese reformada. ¡Que atentado querer cambiar los artículos pétreos! "Amo mi país y por eso defiendo mi constitución" clamaban a unísono. ¿Y quién no?

El presidente de turno, anunciaban, quería cambiar este país y volverlo un enclave socialista. En donde las iglesias serían cerradas y se harían parques de diversiones en su lugar. Las biblias serían quemadas. Suplantadas por "El Manifiesto del Partido Comunista" de Karl Marx. Los maestros adoctrinarían a los alumnos. Diciéndoles que cerraran los ojos, pidieran un chocolate y que abrieran los ojos. Sólo para ver una barra de dulces en su pupitre que decía: "Este chocolate proviene del comandante en jefe, no del Dios de arriba." Así es como el proyecto de transformar a Honduras en una nación marxista-leninista tendría lugar. Honduras sería Bolivariana. Y el gran Chávez, en lugar del  Sabio Valle, aparecería en el billete de 100 lempiras. El presidente de aquel entonces era el anticristo. Y la reelección era un prototipo de la Gran Tribulación.

Pero, algunos años después, las cosas parecen haber cambiado. Bastante. Al menos según, la óptica de una parte de la iglesia. La reelección ya no es, tal parece, la gran tribulación. Sino, el reino milenial. Y el comandante en jefe ya no es el anticristo, sino un David. Quienes defendían la Constitución guardaron el escudo con el que la protegieron y ahora sacaron la pluma para editarla. Los artículos que antes eran pétreos, ahora son moldeables. Las camisas que antes eran blancas, ahora son beige. Eran los peores tiempos, ahora son los mejores tiempos.

Estamos en una época adecuada para que el escritor inglés, Charles Dickens, autor de la épica novela "Un cuento de dos ciudades" resucite para dar a luz a una narrativa que lleve por título algo como "Un cuento de dos iglesias." Una iglesia a lo Harvey Dent. Un extraño cuadro clínico que sugiere la presencia de un trastorno de bipolaridad eclesial.

Pero, tal vez, sobre esto, hay otro relato que sea pertinente a la actualidad. Como la historia que narra la Biblia en Números 22 y 23, por ejemplo. La trama gira entorno a un profeta llamado Balaam, la voz de Dios para el pueblo. Un día un rey llamado Balac le ofrece dinero al profeta para que maldiga a Israel. El profeta, Balaam, ensilla su burro decidido a tomar camino. De pronto, el burro se detiene porque ve a un ángel que impide su paso. Tanto fue el enojo del profeta hacia el burro terco que le pegó. Tanta fue la frustración del burro hacia el profeta que, sobrenaturalmente, le reclamó. Ante esto, el ángel que estaba en medio le dio a Balaam las instrucciones de lo que en realidad tenía que decir una vez estuviese parado ante el rey. 

¿La moraleja? El autor bíblico quiere ilustrar que nadie puede maldecir lo que Dios bendice. Y si esto es cierto, su corolario inverso también lo es: nadie puede bendecir lo que Dios maldice. El autor del libro de Números quiere dar un mensaje claro: la voz profética de Dios hacia una nación no se condiciona por ofertas de gobernantes. Y si eso es cierto para aquel entonces, también lo es para ahora.

Es sólo un relato. Y soy sólo yo pensando, o escribiendo, en voz alta. No condeno, ni apruebo el movimiento telúrico que ha causado el giro tectónico de la opinión de un sector de la iglesia hacia el asunto de la reelección. Sólo es algo que encuentro extrañamente fascinante. A lo mejor es porque estoy demasiado joven e ingenuo. Es probable que la razón sea que, en buen español, no le entiendo al trámite. O no sé "como corre el agua." Tal vez es porque soy un simple y obstinado...burro. Pero, considerando lo que hizo el burro sobre el que iba montado Balaam, tal vez eso significa que estoy en no tan mala compañía.

-Luís Luna Jr.

Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

viernes, 9 de septiembre de 2016

Lo que Satanás de verdad quiere


Cierta vez estaba me encontraba en una iglesia fuera de la ciudad. Cuando de pronto un ruido molesto que provenía del sistema de audio interrumpió el desarrollo del servicio. Era el micrófono del cantante principal en el equipo de alabanza. El ruido persistía y se volvía cada vez más incómodo.  El pastor pasó, y sin micrófono dijo lo siguiente en voz alta: “Iglesia, este es el diablo queriendo robarnos la bendición, el gozo y la paz. No le demos lugar al diablo. Reprendemos todo espíritu malo que quiera dañar el sonido.”

El sonidista, al escuchar esto, se me acercó y muy sinceramente me dijo: “Hermano predicador, tengo varias semanas de decirle al pastor que compre un nuevo cable. Ese ya días está dando problemas. Yo no sé mucho de la biblia. Pero, ¿verdad que el diablo no tiene nada que ver con esa mecha?”

De manera similar, muchos de nosotros en ocasiones pensamos que el diablo tiene la culpa de todo lo malo que acontece en nuestras vidas. Cuántas veces no nos hemos encontrado diciendo cosas como: “el diablo está detrás de mi esposo; el enemigo quiere destruir mi matrimonio; satanás quiere destruir la iglesia; El diablo quiere dañar el cable del micrófono de la congregación.” Esto puede sonar como una herejía, pero a veces parece que el diablo sigue siendo diablo porque está resentido con todos los cristianos que le culpan de hacer cosas que en realidad él no tuvo nada que ver.

Claro, esto no significa que sea inocente. Y no lo estoy defendiendo. Yo también lo odio.  Al fin y al cabo, él anda como león rugiente buscando a quien devorar. Pero, Satanás no está detrás de la mayoría de cosas que nosotros pensamos que él quiere destruir. El enemigo está interesado detrás de algo mucho más profundo de lo que nosotros creemos.

Satanás está detrás de esto: tu fe. Lo único que el enemigo quiere destruir es tu fe. Satanás se alimenta de absorber tu fe. Él se fortalece de la fe que se drena de tu espíritu cuando atraviesas apuros y dificultades (Lucas 22:31-32; 1 Pedro 5:8-9).

El pastor John Piper dice que el diablo desayuna fe. Y almuerza fe. Y cena fe. Así que, cuando él ataca las cosas que te rodean, lo hace no porque está detrás de eso. Ya sea que “eso” signifique matrimonio, negocio, ministerio, visión, etc. Sino por cómo el ataque a “eso” puede debilitar tu fe.

Entonces, cuando el enemigo ataca tu matrimonio, lo hace no porque quiere destruir tu matrimonio. Sino porque quiere derribar tu fe. Y sabe que si destruye tu matrimonio entonces llegará a drenar tu fe. Satanás no está interesado en atacar a tus hijos. En realidad, él está interesado en comer tu fe. Y sabe que si ataca a tus hijos entonces te volverás vulnerable. Satanás no está tan interesado en atacar tu salud. Él ataca tu salud porque sabe que eso puede hacer que tu fe tambalee.

Por consiguiente, si el diablo busca destruir nuestra fe atacando las cosas a nuestro alrededor, entonces la única manera de tener una fe inquebrantable es depositándola en la manos de algo o alguien que no esté al alcance de él.

La única vía de asegurarnos que nuestra fe permanezca inquebrantable es depositándola en manos de Alguien que es inquebrantable. Esta es la razón por la que sólo cuando nuestra fe está puesta por completo en Jesús es que podemos atravesar los ataques que el enemigo hace a nuestras vidas, con el fin de quebrantar nuestra fe. Sólo cuando nuestra fe es sostenida por las manos cicatrizadas de Aquel que sostiene el Universo es que podemos permanecer firmes.

Porque la certeza de nuestra salvación no proviene de cómo confiamos sino en qué, o en Quien confiamos.

¿Qué es lo que esto quiere decir? Imagina que estás en un precipicio muy alto. A punto de caerte. Lo único que se interpone entre tú y una muerte segura al golpear el suelo desde 3,000 metros de altura una rama de la que estás sostenido. Tú confías y tienes una fe firme en que esa rama te sostendrá. Crees con todo tu corazón que esa rama evitará que mueras de forma instantánea. Pero, si esa rama es débil y a punto de quebrarse porque no puede sostener tu peso, no importa cuanta fe tengas, morirás. Tu fe, aunque firme, estaba depositada en un objeto débil.

Pero, si por otro lado, la rama de la que te encuentras sostenido es una rama robusta, grande y sólida que está anclada a sus raíces de 60 metros de profundidad, no importa si tu confianza en esa rama es débil, te salvarás. Porque tu salvación es determinada no por la fortaleza de tu fe sino por el objeto de tu fe. No en cómo crees sino en Quien crees.

Satanás está obsesionado por destruir tu fe. Ponla en las manos sólidas de Quien es la Roca de Nuestra Salvación. Pon tu fe en Jesús.

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-Luís Luna Jr.

Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Buenas noticias: Jesús no es tu coach


Ya varias veces he intentado ser parte de la cultura fit que se ha apoderado del mundo. Con pena, admito que no he podido. Mi pancita es evidencia empírica de ello. Un tiempo atrás probé ingresar a un gimnasio. “De todos modos”, solía decirme a mí mismo, “no es algo que parezca tan difícil. Sólo voy, hago mi rutina y me largo.” Eso era lo que yo creía. Los veteranos del gym han detectado esta misma ingenuidad en los novatos que se inscriben la primera semana de enero de todos los años.

Entré pensando que como yo sabía el resultado que quería alcanzar, no necesitaba de alguien que me dijera lo que tenía que hacer. Pasó poco tiempo para reconocer lo equivocado que estaba. Me di cuenta que, por mucho que no quisiera, necesitaba de un coach, o instructor o de gimnasio cuyo nombre fuera Mike, Tony o Charlie. ¿Alguna vez se han preguntado porque casi todos los entrenadores de gimnasio llevan nombres como esos?

En fin, nos guste o no, en el gimnasio en particular y en la vida en general necesitamos de coaches o entrenadores que nos ayuden a tomar decisiones correctas.
Necesitamos coaches, por ejemplo, en nuestras finanzas. Tal vez tienes metas financieras grandes. Pero, ¿adivina qué? Hay personas que ya han logrado los objetivos que tú recién te acabas de poner. Y una de las mejores cosas que puedes hacer es acercarte a estas personas para invitarles un café, hacerle buenas preguntas y luego callarte la boca para aprender acerca de cómo han logrado lo que han logrado.

Necesitamos coaches que nos ayuden a llevar buenas relaciones interpersonales. Si analizamos bien nuestras vidas nos daremos cuenta que una causa común de los problemas que cargamos son conflictos no resueltos que involucran las relaciones más cercanas y significativas que tenemos. Pero, hay personas que han sabido caminar el a veces espinoso trecho de las relaciones humanas y pueden guiarnos para que seamos saludables en esta área.

Estos sólo son algunos ejemplos, pero podemos seguir nombrando áreas en las que necesitamos la retroalimentación y el consejo de aquellos que ya han estado en donde nosotros queremos llegar. Y que pueden guiarnos hasta ahí, en lugar de cargarnos hasta ahí. Después de todo, los mejores coaches son aquellos que nos guían acerca de qué hacer en lugar de aquellos que hacen las cosas por nosotros.

Y por muy novedoso que se pueda escuchar el concepto de tener un coach, no es algo innovador en la Biblia. Pablo aconseja a Timoteo para que enseñe a los hombres y mujeres mayores de la iglesia en Éfeso a que puedan ayudar a madurar a aquellos que están más jóvenes dentro de la congregación. Pero, por mucha ayuda que es tener un coach hay momentos en nuestras vidas que necesitamos algo más que mera instrucción y sabiduría práctica. A veces los consejos no son suficiente. Porque hay momentos en nuestra vida que necesitamos más que sólo buenos consejos y buenos instructores. 

Cómo cuando te encuentras tan cansado que no quieres seguir. Sabes que Dios te ha llamado. Pero, no sabías que la misión a veces puede drenar tu vida. Te sientes cansado. Pero, no sólo físicamente cansado. Sino un cansancio que va más allá. Del tipo de cansancio que no se arregla con dormir 20 minutos por la tarde.  Un cansancio de tanto hacer el bien. Cansado de ser el parachoques de la familia, del trabajo y de la iglesia. Cansado de ser el basurero emocional de la gente que te rodea. Un cansancio del espíritu que se manifiesta en el cuerpo.

O como cuando has sido traicionado. No de forma superficial. Sino traicionado de verdad. Por personas que jamás te lo imaginaste. Traicionado por aquellos en quienes tuviste el atrevimiento de poner tu confianza en las manos de otros. Y ellos la tomaron, la tiraron al suelo, la escupieron y la pisotearon. El puñal duele más cuando es clavado por aquellos que sostenían tu corazón.

O como cuando has perdido a un ser querido. Y el dolor es indescriptible. Si lo quisieras poner en palabras, dirías que la mitad de tu alma se está asfixiando. Porque la otra mitad se fue con la persona que te dejó. La soledad, el desamparo, la ira hacia Dios, y a veces, hacia el difunto. Tanto así que no puedes si quiera funcionar bien en horas laborales. Y estás ausente en horas familiares.

Es bueno tener un coach. Pero, en momentos en la vida como estos necesitas más que un instructor que te diga que hacer. Necesitas a alguien que no sólo te de consejos que lo único que revelan es que él o ella no ha pasado por lo que tú estás pasando. Necesitas a alguien que haya atravesado lo mismo que tú.
Necesitas a un salvador.  Necesitas a Jesús.  El problema central del hombre no es falta de instrucción. El problema central es un problema del corazón. El corazón de todo problema es un problema del corazón. Sólo Jesús puede sostener tu corazón y ayudarte en momentos que sientes que te ahogas y estás espiritualmente y emocionalmente agonizando.

Por eso, cuando estás recogiendo los pedazos que quedaron de tu alma después de haber sido traicionado por alguien que amabas, Jesús no viene a ti con el libro de Dale Carnegie sobre como “Ganar amigos e influenciar a las personas.” El viene a sentarse a tu lado y a decirte: “Me di cuenta que te hirieron.  Yo fui traicionado también por un amigo, sabes. Se llamaba Judas. Sé exactamente cómo te sientes. Y estoy contigo.” En Jesús, Dios ha sido traicionado. Al igual que tú.

Cuando estás atravesando los momentos más oscuros después de la pérdida de un ser querido, Jesús no viene a ti con una presentación de PowerPoint sobre las diferentes etapas del duelo y como atravesarlas de forma efectiva. Jesús viene a conversar contigo diciéndote: “Supe que perdiste a alguien que amabas. Yo también he llorado la muerte de un ser querido. Se llamaba Lázaro. Sé exactamente cómo te sientes. Y estoy contigo.” En Jesús, Dios ha sufrido duelo. Al igual que tú.

Cuando te encuentras a punto de tirar la toalla porque sientes que tu vida es una montaña rusa emocional y estás cansado de todo, Jesús no viene con el artículo más reciente de Harvard Business Review sobre los 5 secretos para incrementar tu productividad en horas laborales. Sino que Jesús viene a contarte acerca de la vez que el sol le fatigó tanto que tuvo que detenerse a pedir agua a una mujer samaritana de dudosa reputación que estaba cerca de un pozo. En Jesús, Dios se cansa y tiene sed. Al igual que tú.

Jesús no es tu coach. Claro, hay muchas cosas que Él tiene tiene que decir acerca de las diferentes áreas de nuestras vidas que debemos escuchar y obedecer. Pero, Jesús da mucho más que buenos consejos. Y es mucho más que un buen instructor. Jesús no es sólo buenos consejos. Jesús es buenas noticias. Jesús es mucho más que un instructor, Jesús es un Redentor. El sumo sacerdote que se compadece de nuestras debilidades porque las ha atravesado todas y ha sufrido de todo al igual que nosotros pero sin pecado.

En medio de los problemas, en medio de las crisis, en medio de las dificultades Jesús no viene a darte una promesa que todo saldrá bien, que todo pasará rápido o que todo se arreglará. Jesús viene a darte algo mucho mejor que eso. Jesús viene a darse a sí mismo. Jesús no siempre trae la solución. Al menos según lo que nosotros concebimos como solución. Pero, siempre trae Su presencia. Porque Su presencia es Su promesa.

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-Luís Luna Jr.
Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba

sábado, 3 de septiembre de 2016

Si quieres reformar la iglesia primero necesitas saber esto


Si somos sinceros con nosotros mismos vamos a reconocer que los humanos a veces somos demasiado críticos de lo que está a nuestro alrededor. Por ejemplo, la selección nacional de fútbol de mi país Honduras recién acaba de jugar. Y cada vez que eso pasa muchos que jamás han puesto un pie dentro de un campo de fútbol de pronto se convierten en balones de oro y asistentes del director técnico. Yo he sido culpable de esto. 

Pero, el fútbol es sólo una de las tantas esferas en las que esto lleva lugar. También ocurre en otros asuntos.

Pueda  ser que algunos no tengan la menor idea de cómo calentar agua en un microondas en la cocina, pero pueden volverse un Gordon Ramsay en esteroides cuando prueban un plato que no estaba bien hecho. Al menos según el paladar de ellos.

A lo mejor algunos no son padres biológicos ni mucho menos son responsables de la crianza de alguien, pero tienen bastantes opiniones acerca de cómo los demás padres deben criar a sus hijos.

Tal vez algunos jamás han estado a cargo de nada, nunca. Pero creen que el presidente y todos los líderes del mundo libre harían bien en sentarse a escucharles por 15 minutos para corregir todo lo que está mal en materia de finanzas, educación y seguridad.

Claro, el problema no radica en tener una opinión crítica. Desarrollar un pensamiento crítico es importante para cada persona sin importar su credo religioso o afiliación política. Desafortunadamente, son demasiadas las personas que aprenden qué pensar, pero no aprenden a pensar. Nuestro aprendizaje no debe limitarse a memorizar información sino también debe incluir aprender a reflexionar. Habiendo dicho esto, creo que a veces confundimos un pensamiento crítico con un espíritu crítico. Está bien poseer un pensamiento crítico. Pero, no está bien ser poseído por un espíritu crítico. Y en más casos de los que deseamos, muchos con espíritu crítico trasladan su sentido nocivo de descontento a la iglesia bajo el título auto proclamado de reformador.

Por gracia de Dios, crecí en un hogar cristiano. Asisto a la iglesia desde que tengo memoria. Si quisiera mostrar mis credenciales, mencionaría el repertorio de canciones de Francisco Orantes que memoricé en escuela dominical. O la cantidad de veces que me dormí debajo de las bancas en el templo. Ahora ya casi no hay bancas en los templos. Pero, las personas que son lo suficiente viejas como para acordarse cuando habían bancas en los templos saben a lo que me refiero. O también mencionaría la cantidad de fogatas en campamentos para jóvenes en los que he estado. O las veces que me he escondido cuando ha llegado un predicador invitado con don de profecía y palabra de ciencia. 

En fin, las congregaciones de las que he sido parte han tenido un papel significativo en cada etapa de desarrollo en mi vida. El mundo relacionado con la iglesia universal tiene un lugar especial en mi corazón. Pero, a pesar de esto, no pretendo defender algunas prácticas presentes que están lejos de la idea que Dios tiene acerca de la iglesia en el nuevo testamento.

Sin embargo, paralelamente a eso, creo que debemos tener cautela hacia la gran muchedumbre contemporánea de personas que se autoproclaman reformadores. Y bajo ese título escudan muchas de las continuas granadas que lanzan hacia la iglesia. A veces pareciera que si alguien quiere tener un espacio en la farándula cristiana en la actualidad debe construir su nicho con las piedras que lanzara al cuerpo de Cristo.

Primero que nada, y al riesgo que esto sea tangencial, si en serio eres un reformador, permite que sean otros quien te asignen ese título. Es un poco raro y poco creíble cuando eres tú quien te lo asigna.

Y segundo, si en serio quieres causar una reforma en la iglesia, ya sea que tengas en mente a la iglesia como cuerpo de Cristo universal o a tu congregación local, el requisito indispensable para reformar la iglesia es, según el pastor Juan Sánchez, amar la iglesia. Nadie puede reformar una iglesia que primero no ama.

Porque si intentamos reformar la iglesia sin primero amar la iglesia terminaremos deformando la iglesia.

Deformamos la iglesia cuando nuestro deseo de "reformarla" proviene de un amor narcisista que quiere llenar templos con minions que emulen nuestras opiniones y gustos personales. Si es el caso contigo, eso no te hace un reformador. Eso te hace un líder egocéntrico e inseguro.  La verdadera reforma ocurre cuando nuestro deseo por hacer cambios sustanciales dentro de la iglesia proviene de una convicción profunda de trabajar por ver realidad todo lo que Dios ha dicho que la Iglesia es y debe hacer.

Antes de reformar la iglesia, primero debemos estar seguros que nuestro motivo para reformarla es porque la amamos. Y la razón por la que amamos la iglesia es porque Jesús ama la iglesia. El amor de Jesús hacia la iglesia no es un concepto vago, abstracto y un tanto nebuloso. La evidencia del amor de Jesús hacia la iglesia es un madero oliente a sudor y sangre; un par de manos y pies traspasados por clavos romanos y una tumba vacía.

Y porque Jesús ama la iglesia de manera sacrificial, nosotros también podemos y debemos hacerlo. Debemos amar la iglesia con sinceridad y con intensidad. Amamos la iglesia con sinceridad cuando la aceptamos tal cual es. El teólogo alemán y espía que intentó asesinar a Adolf Hitler, Dietrich Bonhoeffer, decía que muchos ministros sostienen una visión tan grande de la iglesia que desean tener que no aman la iglesia que en realidad tienen. Debemos amar la iglesia en la que Dios nos ha permitido liderar. No la que nosotros fantaseamos con liderar.

Pero, también debemos amar la iglesia con intensidad. Amamos la iglesia con intensidad cuando damos nuestra vida para que se convierta en la radiante novia que espera la venida de su Amado. Amamos la iglesia sinceramente, con manchas y arrugas. Pero,  amamos la iglesia intensamente. Trabajamos y damos nuestras vidas para que reciba a Su amado con esplendor, sin manchas y arrugas.

Estoy seguro que, al igual que yo, son muchas las cosas que te disgustan de la iglesia en la actualidad. Puede que te disgusten las cosas grandes y malas que ocurren en los lugares más altos dentro de ella. Su  aparente intoxicación por el poder político a través de la historia. O la corrupción de cuello blanco que en ocasiones hay dentro de círculos administrativos.
Tal vez son las cosas pequeñas las que te sacan de casillas. Como el hecho que el líder de alabanza sea desafinado. O que el pastor cuente los mismos chistes y las mismas historias en sus sermones.

A lo mejor tu malestar es porque tu iglesia es demasiado grande y lujosa. O demasiado pequeña y sencilla. Pero, cristiano, si en tu congregación, Dios y Su Palabra son imperfectamente exaltados, Jesús está ahí. Jesús está en tu congregación porque Él murió por tu congregación. Está bien si tienes una lista de las 95 cosas que deben cambiar en tu iglesia. ¿Quieres reformarla? ¡Excelente! Uno de los lemas en el tiempo de la reforma protestante en el siglo 16 era SEMPER REFORMANDA, que quiere decir: "Siempre reformando." Pero, ¿qué tal si antes de reformarla primero intentas amarla? De todos modos, sólo aquellos que han amado la iglesia profundamente han reformado la iglesia radicalmente.

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-Luís Luna Jr.

Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.