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miércoles, 18 de enero de 2017

11 consejos de Charles Spurgeon para los predicadores


Charles Spurgeon es considerado como el príncipe de los predicadores.

Algunos datos interesantes sobre su vida son los siguientes:
-Predicó alrededor de 600 sermones antes de cumplir 20 años.
-La compilación de sus sermones registrados llenan alrededor de 63 volúmenes y sobre 20 millones de palabras, haciéndolo el autor cristiano con una mayor colección de libros.
-En cierta ocasión se dirigió a una audiencia de 23,654 personas sin usar micrófonos o sistema de sonido.
-Él frecuentemente predicaba diez veces por semana porque aceptaba muchas invitaciones a predicar.

Sin lugar a dudas fue un predicador auténticamente dotado para el tiempo específico en el que vivió. Por fortuna, las charlas de predicación que Spurgeon daba a sus pupilos quedaron registradas. Aquí hay 12 consejos que él continuamente daba a sus estudiantes.

1. La oración es parte de la preparación del sermón.

"La oración te asistirá de una forma singular en la entrega de tu sermón; de hecho. De hecho, nada puede prepararte tan gloriosamente como descender fresco del monte de comunión con Dios para hablar con los hombres. Nadie es tan capaz para rogar con los hombres como aquellos que han luchado con Dios por la vida de ellos."

2. Usa introducciones sorprendentes

"Yo prefiero hacer la introducción del sermón similar a la de un heraldo que suena su campana diciendo '¡Oh si! ¡Oh si! Traigo un anuncio' sólo para hacerle saber a la gente que él tiene un anuncio para ellos y quiere que le escuchen. Para hacer eso, la introducción debe tener algo sorprendente en ella. Es bueno hacer un disparo estrepitoso como señal que todos empiecen la acción."

3. Los sermones largos son el producto de estudios cortos.

"Si me preguntaras qué deben hacer para acortar tus sermones, yo diría, estudia mejor...generalmente predicamos sermones más largos cuando tenemos poco que decir."


4. Varía tu voz

"¡Que pesar que un hombre que desde su corazón comunique doctrinas de gran valor, en lenguaje apropiado, cometa suicidio ministerial al tocar sólo una cuerda! ¡Cuidado! Con esa voz que sonaba y sonaba como rueda de molino con el mismo giro monótono, se que hablara del cielo o infierno, vida eterna o ira sin fin. Puede ser que, por accidente, un poco más fuerte o más suave, de acuerdo a la longitud de la oración, pero su tono era siempre el mismo, una desdichada pérdida de sonido en donde no había reposo, variedad, tonalidad, nada sino una horrible monotonía."

5. Vive lo que predicas

"Todos hemos escuchado la historia del hombre que predicaba tan bien y vivía tan mal, que cuando estaba en el púlpito todos querían que no bajara y cuando estaba fuera del púlpito, todos querían que no subiera...de la misma forma que, según el proverbio, las acciones hablan más fuerte que las palabras, así también una mala vida eventualmente ahogará la voz del ministerio más efectivo."

6. Pronuncia correctamente las palabras
"Toma mucho cuidado de las consonantes, pronuncia cada una de ellas con claridad; ellas son las expresiones de las palabras. Practica sin fatiga hasta que pronuncies bien cada consonante como debe ser; las vocales tienen un sonido propio y ellas pueden hablar por sí mismas.”

7. El silencio es oro

"Aprende a saber cuándo pausar. Hablar es plata; pero, el silencio es oro cuando los oyentes no están poniendo atención. Sigue hablando del mismo asunto y estarás meciendo la cuna y eso resultará en sueño profundo; dale una sacudida a la cuna y el sueño se irá."

8. Usa gestos naturales

"Tus gestos siempre deben ser los tuyos, y nunca una mentira bien adornada..."

9. Cuenta historias
"Con frecuencia he visto a algún pobre hombre parado en el pasillo de la Iglesia. ¡Se mira como un gorrión que recién entró al templo y ahora no puede salir! No puede entender lo que está pasando en el servicio; comienza a contar cuantas personas están sentadas en la primera fila, y todo tipo de ideas pasan por su mente. Ahora, yo quiero atraer su atención; ¿cómo lo haré? Si cito un texto de la Escritura, puede que él no sepa lo que eso significa y no esté interesado en ello. ¿He de ponerle un poco de latín o citar el hebreo o griego original de mi texto? Eso no servirá para ese hombre. ¿Qué haré? ¡Ah! Sé de una historia que seguramente, yo creo, le vendrá bien."

10. Predica a Cristo

"De todo lo que quisiera decir, este es el resumen: mis hermanos, prediquen a Cristo, siempre y todas las veces. Él es el evangelio completo. Su persona, oficios y obra deben ser nuestro tema central. El mundo necesita escuchar de Su Salvador y de cómo llegar a Él...no somos llamados a proclamar filosofía y metafísica, sino el evangelio simple. El pecado del hombre, la necesidad del nuevo nacimiento, perdón a través de expiación y salvación como resultado de la fe; estas son nuestras hachas de batalla y nuestras armas de guerra."

11. Invita la evaluación

"Elige a un amigo que te diga tus errores, o mejor aún, dale la bienvenida a un enemigo que te vigile agudamente y te ponga aguijones de forma salvaje. ¡El crítico irritante es una bendición para el hombre sabio, pero una molestia intolerable para el necio! Corrígete a ti mismo con diligencia y frecuencia, o caerás en errores que ni siquiera te darás cuenta. Así que, critícate a ti mismo sin cuidado. Pero, nunca te degeneres en volverte en crítico del púlpito, que piensan que los gestos y la voz es lo más importante."

-Extraído del libro “Preaching: Nuts and Bolts” de Brandon Hilgeman. *Las citas de Spurgeon fueron tomadas de su libro "Discursos a mis estudiantes."*

-Luís Luna Jr.

Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba. 

jueves, 14 de julio de 2016

Predicador, eres un exégeta de la cultura



Uno de los aspectos básicos en la tarea de la predicación es aprender a estudiar el texto bíblico. Después de todo, como suele decir el pastor Tim Keller, debemos predicar la Palabra y no nuestras opiniones. La gente quiere escuchar lo que Dios tiene que decir. No tanto nuestros comentarios editoriales sobre los acontecimientos nacionales e internacionales.

El proceso de estudiar detenidamente un texto para extraer la idea central que el autor original quiso comunicar a la audiencia original es conocido como "exégesis." Esta palabra significa "sacar a la luz lo que ya estaba dentro." Los predicadores bíblicos no se afanan por decir cosas nuevas. Sino que buscan decir verdades eternas de manera fresca. Lo opuesto a la exégesis es la eiségesis. Esto significa ir al texto con ideas preconcebidas. Es básicamente, doblarle el brazo al texto para que diga no lo que está diciendo. Sino, lo que nosotros queremos que diga.

Algún tiempo atrás escuché a un predicador enseñar sobre los lujos que los cristianos nos debemos dar. El usó como texto base el pasaje que dice que el hijo del hombre no tiene lugar para recostar su cabeza (Mateo 8:20). Él después prosiguió a explicar que Jesús era tan lleno de glamour que no había ningún lugar tan fino en toda la provincia en donde el Creador del Universo recostara su cabeza.

Eso es un claro y horrendo ejemplo de hacer eisegesis. Y si tú estás de acuerdo con esta interpretación estás haciendo eiségesis también. Porque estás poniendo tus ideas preconcebidas para que tus ideas guíen el texto. En lugar de que el texto guíe tus ideas. Por tanto, debes arrepentirte. O dejar de predicar. O las dos cosas.

Pero, con todo y el hecho que es importante hacer una lectura apropiada del texto y extraer la verdad central original hacia la audiencia original, la labor no termina ahí. Después de esta ardua tarea hay algo más que debemos estudiar: el contexto. Y no me refiero al contexto del texto. Me refiero al contexto de la audiencia a la que vamos a predicar. Hace algunos días atrás estuve en el país de El Salvador. Josué Campos, un amigo y líder de jóvenes salvadoreño apasionado por Jesús, me recordó acerca de la importancia de esto. Él continuamente decía en nuestras conversaciones: “Luís, quiero aprender a leer bien el contexto de mi ciudad y de mi país.”

Debemos estudiar cuidadosamente el texto. Pero, de la misma forma, debemos estudiar cuidadosamente el contexto que forma los corazones de las personas que nos escuchan. La cultura no determina lo que dice la Escritura. Pero, si nos informa en cómo vamos a decir lo que dice la Escritura. 

Lo que decimos no es más importante de como lo decimos. Pero, cómo lo decimos nunca ha sido tan importante.

Ahora, ¿cómo estudiamos la cultura? Hay mucho que se puede decir acerca de esto. Pero, quiero compartir dos preguntas que continuamente nos debemos hacer si queremos entender mejor la cultura a la que le predicamos.

¿Cuáles son las esperanzas más grandes de la gente a la que le voy a predicar?

Cada comunidad de personas ha depositado la esperanza de su corazón en algo particular y representativo de su entorno. Es cierto, la globalización ha permeado el mundo. Pero, en la mayoría de los casos un grupo demográfico puede tener esperanzas muy particulares y diferentes a las de otro grupo demográfico. Dicho de otra manera, ¿qué es lo que las personas a las que les predicas miran como "la tierra prometida"?

Un tiempo atrás estuve en una congregación en donde el pastor me compartió que la esperanza de los jóvenes en esa comunidad era obtener trabajar como marino en un barco. Trabajar como marino es la tierra prometida ahí. En otro lugar, una zona rural, la esperanza de los muchachos es mudarse a la ciudad. La vida metropolitana puede ser "la tierra prometida." ¿Cuál es la “tierra prometida” de la gente a la que le predicas?

La segunda pregunta es: ¿Cuáles son los temores más grandes de la gente a la que voy a predicar?

De manera similar, los temores que persiguen a un grupo comunitario son peculiares y distintos. A lo mejor el fenómeno de las pandillas es una realidad punzante en tu vecindario y la peor pesadilla de las madres es que sus hijos sean reclutados por estos grupos. 

Tal vez te encuentras en una zona agrario en donde la gente que asiste a tu congregación tema que el verano sea duro y cause que la cosecha se pierda. Puede que ser que la mayoría de personas en tu congregación teman al hecho de quedarse sin empleo. O probablemente lideras una comunidad emprendedora en donde su miedo sea siempre quedarse en el mismo empleo trabajando para alguien más.

En otras palabras, ¿cuál sería la peor pesadilla de alguien en tu comunidad? ¿Qué es lo peor que podría pasar a una persona representativa del entorno en el que ministras?

La razón por la que buscamos entender las esperanzas y los miedos de las personas a las que predicamos no es por acomodar el contenido del mensaje. Sino, más bien porque para confrontar efectivamente primero hay que conocer profundamente. Para confrontar al pueblo con el texto de la Palabra primero hay que conocer el contexto que forma las esperanzas y los miedos del pueblo. Sólo así podrán experimentar a Jesús como la única esperanza y su gracia es la cobija que nos arropa en la noche oscura del alma.


-Luís Luna Jr.
Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba

viernes, 10 de junio de 2016

El mejor regalo que le puedes dar a un predicador



Hace algún tiempo me preguntaron cuál era el mejor regalo que se le puede dar a un predicador. Es una interesante pregunta. Nunca me había puesto a pensar en algo así. Bendecir a quien te instruye en La Palabra no es sólo una buena práctica sino un mandato bíblico (Gal. 6:6; 1 Tim. 5:17; 1 Tes. 5:12-13). Puede que tú aprecias a tu pastor o a alguien que predica la Palabra de Dios y quieres regalarle algo, pero no estás tan seguro que debes darle. En verdad, hay muchas cosas buenas que se le pueden dar a un predicador.

Tal vez estás pensando en regalarle un libro. Por lo general, a los predicadores nos gusta leer. Regalar buenos libros siempre es una buena idea. Herramientas como comentarios bíblicos, enciclopedias o diccionarios enriquecen el estudio de un predicador.

Puede que estés pensando en regalarle corbatas, trajes o zapatos. De todos modos, el pastor siempre está en bodas, funerales, graduaciones, etc. y en otros eventos que requieren una vestimenta formal.

Tal vez has pensado en bendecir a un predicador económicamente. Eso está bien. Contrario a la idea popular que mucha gente tiene acerca de los predicadores, casi nadie está en este asunto por ganar dinero fácil. Claro, hay lobos vestidos de oveja y asalariados que explotan al pueblo de Dios. Pero, la gran mayoría de predicadores que conozco personalmente han incluso renunciado a trabajos bien pagados por dar su vida a la proclamación del evangelio. Créeme, hay maneras mucho más rápidas y menos complicadas de hacer grandes sumas de dinero que predicar el evangelio y cuidar del rebaño del Señor.

Todos estos son buenos regalos. Pero, hay algo aún mejor. El mejor regalo que le puedes dar a un predicador es algo intangible. No es material ni físico. No se usa para vestir ni comer ni conducir. Y es algo todos tenemos de sobra. Nunca se acaba. Y sé que tenemos de sobra porque ya la estamos dando a muchas personas en varios lugares.

El mejor regalo que le puedes dar a un predicador es tu atención mientras él está predicando.

Tal vez no lo creas así, pero tu atención es importante para nosotros. Incluso, estamos dispuestos a hacer cosas que nunca nos imaginamos con el fin de comunicar bien un punto. ¿Alguna vez has estado en algún culto o en algún evento en el que sentiste que el predicador fue un poco excéntrico o cruzó la línea? Sin ánimos de excusar o justificar su error, estoy seguro que lo hizo por una razón noble: captar tu atención.

Estar atento no significa estar de acuerdo con todo lo que el predicador dice. Donde la Biblia es silenciosa, es normal que haya espacio para diferir sobre algunos artículos. Ningún predicador serio desea que su congregación deje su cerebro en la entrada al templo. En lo personal, siempre me halaga que alguien se acerque para discutir algún punto sobre algo que prediqué. Porque eso significa que al menos pusieron atención.

Si te preguntas porque esto parece ser tan importante para nosotros, déjame explicarte. Si tu pastor o algún predicador que conozcas ama a Dios y ama a las personas es seguro que antes de pararse detrás del púlpito pasa mucho tiempo orando y preparándose. Ora por La Palabra. Y ora por ti. Específicamente, ora para que la Palabra haga efecto en ti a través del Espíritu. Lucha con el pasaje para entender su idea central. Consulta comentarios y compara interpretaciones. Y sigue orando por ti un poco más. Cuando llega el momento de servir la Palabra se siente, aunque le cueste admitirlo, vulnerable. Y hasta desnudo. Todo predicador honesto consigo mismo y consciente sobre la enorme carga de predicar La Palabra siente algún grado de inseguridad. Aunque tenga 20 años de predicar o haya comenzado la semana pasada. 

Por eso cuando estamos predicando y tú estás más interesado en el celular, lo notamos. Cuando estamos predicando y aunque tu cuerpo esté ahí pero tu mente está en la deliciosa cena que vas a comer después del culto, también lo notamos. Cuando bostezas y miras el reloj, también lo notamos. Cuando tu mirada está perdida y estás haciendo un esfuerzo desmedido por bloquearte, también lo notamos. Y porque nos sentimos vulnerables en ese momento eso tiende a hacernos sentir inseguros.

¿Quieres bendecir a un predicador y ayudarle a predicar mejor? Bendícelo con tu atención.

Pero, hay algo más por lo que tu atención es importante para nosotros. Este, en realidad, es el verdadero porqué.

Los predicadores fieles creemos que la Biblia es La Palabra de Dios. Es autoritativa. Es definitiva. Es suficiente. Como estamos persuadidos de esto, tenemos la convicción que la gente necesita escuchar lo que la Biblia dice. Porque Dios habla a través de la Biblia. Si nos paráramos a hablar por 45 minutos acerca de nuestras opiniones políticas, nuestros estereotipos y gustos, entonces merecemos ser ignorados. Total, no somos tan interesantes. Pero, es precisamente por el hecho que Dios habla cuando exponemos fielmente la Palabra que esperamos la atención de las personas que están ahí.

George Whitefield fue uno de los predicadores más poderosos de los últimos siglos. Dios lo usó como un catalizador para iniciar el segundo gran avivamiento en Inglaterra y el este de Estados Unidos. Era un orador prodigioso. Un actor británico contemporáneo solía decir que estaba dispuesto a matar por poseer la misma elocuencia que Whitefiled desplegaba al decir palabras como "Mesopotamia." 

Whitefield estaba seguro que Dios habla a través de la exposición de la Escritura. Tan convencido estaba de esta realidad que mientras estaba predicando en una iglesia alguien en las primeras filas comenzó a dormirse. Al ver esto, Whitefield golpeó el púlpito y le dijo: "Si viniera a hablar de mis opiniones, tendrías el derecho a dormirte. Pero, vengo a dar un mensaje de parte de Dios. Y por lo tanto, debo ser escuchado y seré escuchado."

Si alguien predica un mensaje de parte de Dios a través de la Biblia y en el poder del Espíritu, esa persona espera tu atención porque merece tu atención. Tal vez tu predicador o pastor no sea Spurgeon. O Whitefield. O John Piper. Puede que no cautive contando una historia. Tal vez tenga una muletilla incómoda. Pero si durante el tiempo que predica está exponiendo la Escritura con fidelidad él es la boca de Dios hacia el pueblo. Y por lo tanto, debes estar atento.

¿Quieres darle el mejor regalo a un predicador? Dale tu atención mientras él está predicando.

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-Luís Luna Jr.

Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

jueves, 14 de enero de 2016

Las 15 mejores citas del libro sobre Predicación de Tim Keller



Él no lo sabe, y puede que nunca lo sepa, pero mi relación con el pastor Tim Keller es como la de Obi Wan y Anakin (al menos en los episodios I y II), como Yoda y Luke Skywalker. Lo considero una especie de mentor a la distancia. Sus sermones y sus libros han sido usados por Dios para moldear mi vida y ministerio de una forma singular.

Su más reciente libro sobre predicación (Preaching: Communicating Faith in an age of skepticism) es simplemente excepcional. Profundo sin dejar de ser práctico. Simple, pero sin volverse simplista. Y sobre todo, bastante retador con respecto a predicar a Cristo a una audiencia cada vez más escéptica.

Después de haberlo leído, quiero compartirte 10 mejores citas de este libro.

1. La diferencia entre un buen sermón y un mal sermón está ampliamente localizada en el predicador—en sus talentos, habilidades y tiempo de preparación para cualquier mensaje en particular. Pero, la diferencia entre un buen sermón y un gran sermón descansa principalmente en la obra del Espíritu Santo en el corazón del oyente como también en el predicador (pos. 155)

2. Debemos hacer el trabajo que se requiere para hacer nuestra comunicación de la verdad de Dios buena y dejarle a Dios el cómo y cada cuanto Él hará grande para el oyente.

3. La buena predicación proviene de dos amores—amor por la Palabra y amor por las personas—y de estos dos amores un deseo de mostrar a las personas la gloriosa gracia de Dios.

4. No se trata solamente de hablar acerca de Cristo en el sermón, sino de mostrarlo. Demostrar su grandeza y revelarlo a Él como digno de alabanza y adoración. Si hacemos eso, el Espíritu Santo nos ayudará, porque esa es su misión principal en el mundo.

5. Cada vez que expones un texto Bíblico, no has terminado a menos que demuestres como el texto enseña que no nos podemos salvar a nosotros mismos y que sólo Jesús puede.

6. La predicación expositiva es el mejor método de reflejar nuestra convicción que la Biblia entera es verdad.

7. Cuando Dios renombra a alguien, eso automáticamente lo rehace (Génesis 17:5). La Biblia no dice que Dios habló y luego procedió a actuar, que Él nombra y luego procede a formar—sino que el hablar y el actuar de Dios son la misma cosa. Su Palabra es su acción y su poder divino.

8. La tentación será dejar que el púlpito te lleve a la Palabra, pero en realidad, debes dejar que la Palabra te lleve el púlpito. La preparación del corazón del predicador es más importante que la preparación del sermón.

9. Un buen sermón no es como un martillo que golpea la voluntad sino como una espada que atraviesa el corazón.

10. Lo único que puede demoler el legalismo no es sólo el principio abstracto de que “eres aceptado y perdonado” sino un nuevo entendimiento de la bondad de Dios y Su costoso amor para nosotros en Cristo Jesús.

11. La lógica proveniente del evangelio que debe impregnar cada sermón es: "Esto es lo que debes hacer", luego "Esta es la razón porque no puedes hacerlo", luego "Aquí está Él que lo hizo por ti" y finalmente "Así es como la fe en Él te habilita para hacerlo."
La Biblia es, en realidad, una gran historia cuyo climax es Jesucristo.

12. El cambio ocurre no sólo cuando le das nuevos argumentos a la mente, sino cuando alimentas la imaginación con nuevas bellezas.

13. Realmente, sólo hay dos maneras de leer la Biblia: ¿Se trata básicamente acerca de mí o básicamente acerca de Jesús? En otras palabras, ¿se trata básicamente de lo que yo tengo que hacer o de lo que Él ya ha hecho?

14. "El predicador cristiano no es el sucesor del orador griego, sino del profeta Hebreo," escribe P.T Forsyth. "Es una cosa persuadir a la gente a hacer algo. Es algo muy diferente inducrilos a que confien en alguien y renuncien a sí mismos. El orador lleva a la gente a la acción, el predicador los invita a que sean redimidos."

15. Charles Spurgeon relata la historia de un ministro Galés que habló con un predicador joven acerca de su sermón después de haberlo oído. “Fue un sermón muy pobre”, le dijo al joven. “¿Me puede decir porque piensa así?” fue la interrogante del muchacho. “Porque,” dijo el ministro Galés, “Cristo no estaba en tu sermón.” “Bueno,” dijo el joven, “Cristo no aparecía en el texto; no debemos predicar a Cristo siempre, debemos predicarlo cuando aparezca en el texto.” 

La conversación continuó: “¿Acaso no sabes, joven predicador, que de cada pueblo, de cada villa y de cada caserío en Inglaterra, en donde quiera que sea, hay un camino hacia Londrés?” “Sí,” dijo el joven. “¡Ah!” dijo el viejo predicador, “tal es el caso de cada texto en la Escritura, siempre hay un camino hacia la metrópolis de las Escrituras, o sea a Cristo. 

Y mi querido hermano, tu trabajo cuando llegues a un texto es decir: ¿Ahora, cuál es el camino de este texto hacia Cristo? Y después predica el sermón, corriendo el camino hacia la gran metrópolis: Cristo. Y” dijo él, “Nunca he encontrado un texto que no tenga un camino hacia Cristo en el, y si alguna vez encuentro uno que no lo tiene, pues yo lo construiré; Iré por encima de arbustos y estanques, pero llegaré a mi maestro, pues el sermón no hace ningún bien si el sabor de Cristo no está en el.”

Por los momentos, tengo entendido que el libro todavía no ha sido traducido al español. Y sólo está en inglés. Puedes adquirirlo aquí

-Luis Luna Jr.
Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

sábado, 7 de noviembre de 2015

Cinco recomendaciones de John Piper para predicadores jóvenes


Cuando tenía 6 años estuve en uno de los puntos más altos del país. Se encuentra en la zona sur. En el departamento de Choluteca. No recuerdo exactamente el nombre de la montaña. Tampoco recuerdo la altura exacta. Pero, sí sé que el lugar era alto. El aire era fresco. La vista era sin igual. Pude ver la hermosura de la costa pacífica en su máximo esplendor.

Esa experiencia me recuerda al libro del Dr. John Piper: "La Supremacía de Dios en la predicación." Este volumen, más que un manual práctico, es una especie de alpinismo homilético. El autor  hace uso del legado teológico del puritano Jonathan Edwards para mostrar que todo sermón debe tener como objetivo cautivar el corazón de sus oyentes con la belleza y la gloria de Dios. 

Es decir, Piper quiere que subas a la montaña y tu corazón sea cautivado con la belleza de lo que ves. De tal manera, que te apasiones por mostrarle a otras personas la hermosura de lo que has visto.

Me encanta como John Piper define la predicación: exaltación expositiva. El predicador explica lo que el texto dice. Exalta a Dios por lo que el texto muestra. Y fervientemente persuade a la congregación a dejar las glorias vanas y patéticas, como la aprobación humana, por la inigualable y majestuosa gloria de Dios.

Quiero compartir cinco recomendaciones que el Dr. John Piper brinda a los predicadores jóvenes en su libro “La Supremacía de Dios en la Predicación”:

1. Lucha por una santidad práctica, intensa y gozosa, en cada área de tu vida. Una de las razones es que no puedes ser algo en el púlpito que no eres durante la semana—al menos no por mucho tiempo. No puedes ser totalmente formal en el púlpito y habitualmente impertinente en la reunión del diaconado y la cena de la iglesia. Tampoco puedes mostrar la gloria de Dios en la alegría de tu predicación si eres hosco, lúgubre y hostil durante la semana. No luches por ser cierta clase de predicador. ¡Lucha por ser cierta clase de persona!

2.  Haz tu vida—especialmente tu vida de estudio—una vida de constante comunión con Dios en oración. El aroma de Dios no permanece en una persona que no permanece en la presencia de Dios. Richard Cecil dijo que “el defecto más grande en los ministros Cristianos es la falta de hábito devocional.” Somos llamados al ministerio de la Palabra y la oración, porque sin oración, el Dios de nuestros estudios será el Dios que no provoca temor ni inspiración, el de los insípidos juegos académicos humanos.

La norma de Cotton Mather era detenerse al final de cada párrafo conforme escribía su sermón, para orar y examinarse, y tratar de fijar en su corazón alguna santa impresión de su tema. Sin este espíritu de oración constante, no podremos mantener la solemnidad y la alegría que permanecen en la vecindad del trono de gracia.

3. Lee libros escritos por aquellos que exudan Biblia cuando los pinchas y que son intensamente apasionados acerca de la verdad que discuten. De hecho, descubrí que era un consejo transformador de vida cuando un profesor de seminario nos pidió hallar a un gran evangelista teólogo, y sumergirnos en su vida y sus escritos. Apenas puedo exagerar el efecto que ha tenido en mi vida vivir con Jonathan Edwards mes tras mes, desde mis días de seminario.

Y por medio de él encontrar mi camino a los hombres más apasionados en el  mundo—¡Calvino, Lutero, Bunyan, Burroughs, Bridges, Flavel, Owen, Charnock, Gurnall, Watson, Sibbes y Ryle! Busca los libros que son apasionados acerca de Dios, y descubrirás que ellos conocen el camino que conduce al gozo, con más exactitud que muchos otros guías contemporáneos.

4. Dirige tu mente a menudo a la contemplación de la muerte. Es absolutamente inevitable si el Señor se demora y es absolutamente trascendental. No pensar en sus implicaciones para la vida y la predicación es increíblemente ingenuo. Edwards fue el hombre que fue—con profundidad y poder (¡y once hijos creyentes!)—por decisiones como éstas, que tomó en su juventud.  

Resuelto. En toda ocasión pensar mucho acerca de mi muerte y las circunstancias comunes que la rodean.  Resuelto. Esforzarme al máximo a fin de actuar como pienso que debiera hacerlo si ya hubiera visto la felicidad del cielo y los tormentos del infierno. –Jonathan Edwards

5. Lucha con toda tu fuerza por conocer a Dios y por humillarte delante de Su poderosa mano (1 Pedro 5:6). No te conformes con guiar a la gente entre las colinas de Su gloria. Conviértete en un escalador de montañas sobre los acantilados de la majestad de Dios, y permite que la verdad comience a trastornarte, de tal modo que nunca agotes las alturas de Dios.

Cada vez que asciendas sobre el borde de un discernimiento, se extiende delante de ti, desapareciendo en las nubes, un millar de kilómetros de imponente belleza en el carácter de Dios.

Prepárate a ascender, y pondera el pensamiento que interminables edades de descubrimiento en el infinito Ser de Dios no serán suficientes para debilitar tu alegría en la gloria de Dios u opacar la intensidad de la solemnidad en Su presencia

Puedes adquirir el libro "La Supremacía de Dios en la Predicación" del Dr. John Piper aquí

-Luís Luna Jr.
Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

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viernes, 9 de octubre de 2015

Hijo de Dios primero, hijo de pastor después.



"Todo mundo está viendo lo que haces..."

"No podés tener novia...y si tenés, no podés besarla, O al menos trata que no te vean."

"Tenés siempre que ir a la iglesia, aunque a veces no querrás ir."

"Siempre habrán un par de ancianas que estarán pendientes de cada cosa que hagas...o que no hagas."

Y la clásica: "Alguien te va a sacar en cara que tú y tu familia comen gracias a los diezmos y ofrendas que ellos dan..." (¡Ouch!)

Con esa plática un amigo pintó el extraño y, hasta entonces desconocido para mí, mundo de los hijos de pastores. Antes que mi papá empezará a pastorear una iglesia escuchaba historias siniestras acerca de lo que tenía que vivir la familia pastoral.

Sí, el paisaje que me pintaban no era nada alentador. En resumidas cuentas, me formé el concepto que un hijo de pastor es una especie de mini-celebridad sin privacidad ni derecho a tener una vida fuera de la Iglesia. Con la única ventaja que por muy feo que seas siempre hay muchachas queriendo andar con vos.

Ahora, si bien es cierto, la Iglesia en la que sirvo nos ha amado mucho y he podido ser yo sin tener que cumplir expectativas pesadas acerca "del rol del hijo del pastor." Pero, mi caso en particular no es la norma.

Muchas veces sé que tienes que pretender ser más espiritual de lo que eres, más entusiasmado de lo que en verdad eres y más puro de lo que en realidad eres.

Y terminas nada más cumpliendo un papel.

Vas a la iglesia porque se supone que tienes que ir a la iglesia.

Estás apoyando los eventos de la iglesia porque se supone que tienes que ser el primero en apoyar.

Lees la Biblia porque se supone que tienes que saber más de la Biblia que el resto de los simples mortales.

Y te encuentras realizando la actividad de un hijo de pastor olvidando tu identidad como hijo de Dios.

Pero, antes de ser hijo de pastor eres un hijo amado por el Dios que creó el universo. Tu identidad como hijo de Dios siempre será más importante que tu actividad como hijo de pastor. La fuente de tu identidad es vertical y no horizontal. Proviene de Dios y no de las personas, particularmente de tu congregación.

La única opinión que verdaderamente importa es la del Creador cósmico que respiró el universo en existencia. Y si estás en Cristo, el Padre te ha aprobado diciendo “Tú eres mi hijo amado en quien yo me complazco.”

Así que, si no te has involucrado en tu iglesia porque tienes miedo de no dar el ancho en el papel que “tienes que cumplir”, recuerda que en Cristo eres infinitamente amado, no tienes que probar nada a nadie. Eres libre para estar activo en tu iglesia local. Eres libre para correr, tropezarte, sacudirte y seguir.

¡Ah! También, eres libre para no ser un pastor. Sí. Por alguna razón hay una tendencia novedosa de que los hijos de pastores deben ser los “sucesores del llamado de sus padres.”

Eso no sólo es anti bíblico sino que es antihumano. ¡Dios no quiere que todos los hijos de pastores sean pastores!

Los que inmediatamente están pensando sobre los sacerdotes en el Israel del Antiguo Testamento eran de la familia de Leví y por tanto ahora el ministerio debe ser una sucesión familiar, guárdense ese argumento. Eso es una pésima interpretación del Texto y una peor aplicación aún.

Es injusto para el hijo de pastor que aprecia y admira el ministerio de sus padres, pero tiene el sueño de ser un ingeniero, médico o abogado para la gloria de Dios. (Sí, hay abogados que glorifican a Dios.)

Y también es injusto para la congregación que se le asigne a la fuerza  un pastor que en primera instancia no quiere ser pastor, pero que lo hace porque se supone que tiene que hacerlo.

Amado pastor, sé que sólo soy un mocoso que no sabe nada de la vida ni de ministerio, pero, ¿podría considerar que es normal que su hijo tenga sueños y metas que glorifiquen a Dios pero no tengan nada que ver con el ministerio pastoral?

¿Podría considerar que es algo egoísta de su parte imponer sus sueños ministeriales a sus hijos en lugar que ellos vivan los suyos?

Si en serio creemos que Efesios 4:11-12 es verdad. Y yo creo que lo es. Y sé que usted también. Entonces, ¿qué tiene de malo en instruir a sus hijos para que hagan la obra del ministerio siendo buenos profesionales en las diferentes áreas que ellos escojan?

Pero, hermano, mis hijos tienen que continuar. Yo no voy a trabajar tan duro para que otro venga a disfrutar.”

Eso sería un buen punto. Si la iglesia del Señor Jesucristo fuera una panadería. O un negocio de televisión por cable. ¡O si la Iglesia del Señor Jesucristo fuera suya! Pero, no es una empresa. No es un negocio. No es un patrimonio familiar. ¡Y tampoco es suya! ¡La Iglesia de Dios es el cuerpo de Cristo! ¡Y es del Señor!


Habiendo dicho esto, si al contrario, tú estás súper involucrado en la obra del Señor.

Si el culto comienza a las 7:00 pm y tú estás desde las 5:30 pm preparando todo. Tu papá anuncia ayuno congregacional a las 7:00am y tú estás a las 6:30 am.

Si eres la mano derecha de tu padre.

Si eres en quien él puede descansar y confiar.

Si genuinamente amas la obra del ministerio pastoral y la consideras tu vocación.

Mi admiración y respeto para ti. Eres el verdadero MVPK (most valuable preacher’s kid).

Pero, si eso te hace sentir mejor que “los hijos de pastores que no le ayudan a sus papás”, recuerda que quien vive de la aprobación de otros morirá por su rechazo.

Aparte, siempre habrá un hijo de pastor más involucrado, y más “exitoso” (lo que sea que eso signifique) que tú.

Por tanto, tu identidad está en Cristo y no en lo que hagas, o dejes de hacer,  por el ministerio de tus papás. Hijo de Dios primero, hijo de pastor después.

-Luís Luna Jr.

Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

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jueves, 8 de octubre de 2015

Un consejo para el predicador joven: Guarda la pluma roja, man



Hace algunos días estaba platicando con una maestra y me explicaba que ahora se considera inapropiado corregir un trabajo en el cuaderno de un niño usando pluma roja. Ella prosiguió a explicarme como eso dañaba la autoestima y disminuía la motivación del infante.

Entre otras cosas, esa plática me concientizó ante el hecho que estoy envejeciendo. Recuerdo cuando en mis tiempos de primaria nadie podía escribir en rojo en el cuaderno. Nadie. Excepto una persona: el profesor. Sólo él o ella podían escribir en rojo. Porque rojo significaba corrección.

Las “técnicas pedagógicas modernas” cada día son más raras. Mis maestras me escribían en rojo siempre y nunca me sentí desmotivado. Es más, yo seguía muy motivado presentando trabajos incompletos. Pero, todos sabíamos que cuando el profesor sacaba la pluma roja, había algo que estaba malo.

Esto es igual con los predicadores. Por alguna razón, los predicadores siempre estamos cargando una pluma roja en nuestra mente. Siempre tratando de corregir todo lo que la persona en el púlpito hizo mal a nuestro juicio.

Esa palabra no se pronuncia de esa manera.

Contó demasiados chistes en el sermón. Con la palabra de Dios no se juega.

No contó ningún chiste en el sermón. Es un pecado predicar de forma aburrida.

Gritó mucho. Estaba demasiado emocionado. Demasiado pentecostal.

Fue bien pausado. No tiene la unción. Para nada pentecostal.

Y la lista sigue. De hecho, un amigo una vez me contó que le daba terror predicar en su iglesia. Porque después que alguien terminaba de predicar y se bajaba del púlpito, el pastor tenía un cuaderno en la mano con todas las palabras que habían sido mal pronunciadas y al final les decía: “Corríjalas.”

Ahora, no estoy diciendo que nadie nos debe corregir. Eso sería insensato. La retroalimentación es clave para crecer como comunicador de la Palabra. Pero, es necesario ser sabio y prudente con respecto a cuándo, cómo y a quien darla.

Cuando yo comencé a predicar, no andaba una pluma roja, sino que cargaba un marcador jumbo permanente color rojo. Una vez un hermano predicó en mi iglesia. Y por casualidad yo había estudiado ese pasaje hace algunos días atrás. 

Después de terminar el servicio, me le acerqué y sin pudor le dije: “Bonito su mensaje. Pero, eso no fue lo que el texto quiso decir. En realidad, la tradición oral judía se refiere a este pasaje como bla, bla, bla…” Esto persona sólo me sonrío amablemente y se fue. Yo quedé atónio. ¿Cómo es posible que despreció mi consejo? ¿Quién se atreve a rechazar la guianza hermenéutica de un muchacho de 17 años?

Usar siempre la pluma roja para corregir el sermón de otro cuando te toca estar escuchando revela más la arrogancia en tu corazón que tu deseo de “defender la verdad del evangelio.

Claro. Pablo defendió con tenacidad la sana doctrina. Y acusó a los falsos maestros. Y nosotros tenemos que hacerlo también. Pero, hay una gran diferencia entre alguien que está en error doctrinal por falta de instrucción y alguien que intencionalmente quiere desviar a las ovejas para edificar su propio imperio. Aprendamos a discernir entre ambas.

Sé lo difícil que puede ser. Más si estás en algún tipo de estudio teológico formal como en un seminario e instituto bíblico. Quieres decirle a todos los que predican en tu iglesia lo equivocado que están y porque deben aprender a usar una verdad central, palabra clave, aliteración y cuanta cosa.

Pero, mira, relájate. No seas el típico seminarista que recién terminó de cursar “Interpretación Bíblica” y “Homilética” y ahora quiere andar por ahí evaluando a todo mundo desde Walter Mercado hasta a Adrián Rogers.  

Tú no eres Charles Spurgeon. Y esas personas a las que tanto quieres corregir en tu iglesia han sido pacientes contigo escuchando decenas de tus sermones inmaduros.

Así que guarda la pluma roja, sé humilde, saca la pluma negra, anota y crece.

Sí, hay contextos específicos para la corregir, como una clase o curso sobre predicación en los que nadie puede escapar a la examinación del estudio, estructuración y entrega del mensaje. Pero, predicar se aprende predicando.

Y si en verdad crees que tu retroalimentación puede ser beneficiosa para la persona que recién predicó. Espera un par de días, invítale un café y trae a conversación el tema con un simple pero auténtico: "Hey, te felicito por haber predicado. Y quiero sugerirte un par de cosas que sé que puedes hacer mejor."

Necesitamos más Aquilas y Priscilas dispuestos a instruir apropiadamente a los Apolos de esta generación.


 Y comenzó [Apolos] a hablar con denuedo en la sinagoga; pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios. – Hechos 18:26

-Luís Luna Jr.
Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

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lunes, 5 de octubre de 2015

El mito del sexo seguro


Hace un tiempo atrás, alguien que formaba parte de una organización que brinda charlas sobre prevención sexual se me acercó preguntándome si yo trabajaba con jóvenes en mi iglesia.

Cuando le respondí afirmativamente, él me indicó: "Estamos haciendo una campaña en toda la ciudad acerca del sexo seguro. Y nos gustaría que los muchachos de tu iglesia recibieran las charlas."

Recuerdo que pregunté acerca del contenido de las charlas. Cuando me informaron bien, decidí mejor rechazar la oferta.

Pero, quedé pensando en la frase: "sexo seguro."

Frase que, después de la interacción que tuve, fue popularizada por una canción que lleva el mismo nombre interpretada por el famoso dúo Wisin y Yandel.

No voy a despotricar en contra del misoginismo que contiene la canción. En realidad no se necesita ser un crítico intelectual ni un monje franciscano para darse cuenta de la inmoralidad que aparece en la letra.

Y tampoco intento disuadir en este post a las parejas casadas a que dejen de usar el método anticonceptivo que han elegido. Eso sería un intento quijótico.

Sino que, la idea entera del "sexo seguro" es un mito. Una mentira que pretende hacerte creer que puedes disfrutar a riendas sueltas sin preocuparte por contraer una enfermedad o concebir un embarazo no deseado.

El problema está en que un condón no puede proteger tu corazón.

El sexo es mucho más que la unión física de dos cuerpos. De hecho, la palabra hebrea para sexo es "yada" que, en una definición extensa, significa, "la interacción de dos almas."

Es decir, la relación de intimidad sexual es un diálogo de dos almas que se conocen mutuamente. De ahí, que la Biblia en Génesis 4:1 se refiere al episodio en que Adán tuvo intimidad sexual con Eva diciendo “Y Adán conoció a Eva…”

Yo sé. Alguien está pensando, “Luís, por favor. Es sólo sexo. Se trata de pasar un buen momento. No hay que espiritualizar todo.”

¿Ah sí?

Entonces sí es sólo sexo, porque las víctimas de abuso sexual se sienten con un golpe tan grande que es casi imposible describirlo.

Si es sólo sexo entonces porque, sin importar tus creencias religiosas, consideras que es malo serle infiel sexualmente a tu pareja.

Si es sólo sexo entonces porque después que alguien pasa la noche contigo y se pierde del mapa te sientes nada más como un objeto.

Porque en tu corazón sabes que no es sólo sexo.

C.S Lewis, en su libro Cartas del diablo a su sobrino, lo pone de esta manera: "La verdad es que cuando un hombre se acuesta con una mujer, ahí, aunque les guste o no, una relación trascendental se está llevando a cabo. Una unión que será eternamente disfrutada o eternamente soportada."

Por eso, fuera de o antes del pacto matrimonial, no existe el sexo seguro.

¿Qué significa esto?

Dios diseñó el sexo. Pero, como todo hermoso jardín que debe tener un cerco alrededor para cuidarlo, el Señor creó este regalo para que fuese disfrutado dentro del matrimonio.

Tim Keller dice, "El sexo en el matrimonio es una expresión física del compromiso del matrimonio. Cuando se está desnudo frente a alguien uno se encuentra tímido y vulnerable. La desnudez sexual sólo es más significativa cuando existe una desnudez espiritual. Cuando te he mostrado quien en realidad soy, fuera del dormitorio, y has visto de mí lo que nadie más conoce, y me aceptas. Esa es la belleza del matrimonio."

Es decir, la desnudez del cuerpo en el dormitorio sólo tiene sentido cuando hay desnudez del alma fuera del dormitorio.

Así que buscar sólo la gratificación sexual por medio de otra persona, sin estar dispuesto a estar con ella o con él en pobreza o en riqueza, en salud y enfermedad es una expresión clara de egoísmo y egolatría.

Dios creó el matrimonio, no para saciar las fantasías más descabelladas de los jóvenes solteros, sino para reflejar el amor sacrificial de Cristo en el evangelio.

Por eso es que la idea de cohabitación o “unión libre” es en realidad una contradicción en términos. ¿Qué se supone que es “unión libre”? ¿Cómo puedes estar unido a alguien en cuerpo y alma y a la vez pretender ser libre para irte cuando las cosas no se estén dando?

¿Te imaginas que Cristo estuviera en “unión libre” o cohabitando con Su Iglesia? “Vamos a estar juntos un tiempo para ver como salen las cosas…si somos compatibles pues, doy mi vida por ella.”

¡No! El Apóstol Pablo escribe: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella…” (Efesios 5:25)

El verdadero amor sacrificial dice: Te he conocido en tus peores días. He visto las facetas más feas de ti. Te he visto cuando no eres atractiva y mucho menos amable. Y no me voy a ninguna parte. He decidido quedarme.



De la misma manera que “Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” – Romanos 5:8. 

-Luís Luna Jr.
Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.