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jueves, 31 de diciembre de 2015

¿Cómo terminar bien el año 2016?



Hoy es último día del año 2016. Muchas cosas buenas han pasado. Y también muchas cosas no tan buenas. Algunos terminarán este año muy contentos y felices. 

Algunos otros, no tanto. Cualquiera que sea la situación, quiero compartir tres actitudes para terminar este año.

1. Sé agradecido

Las fiestas de navidad y fin de año a veces no son tan alegres para algunas personas. Puede que sea tu caso. A lo mejor, este año no salió como esperabas. 

El negocio que quisiste emprender no funcionó. Soñaste, planeaste, invertiste y fracasaste. 
Tu relación amorosa terminó mal. Te ilusionaste, confiaste, amaste y... ahora estás en un estado de coma a causa de lo que ocurrió
Perdiste a un familiar. Y esta temporada del año más bien intensifica el dolor de su partida.
Recibiste un diagnóstico médico negativo. No te lo esperabas. Peor en este momento.

Puede que un diluvio de problemas llovió sobre ti durante el 2016.

Y ¿sabes qué? te respeto lo suficiente como para no salirte con psicología popular barata diciendo: “Estás respirando. Estás vivo. Sigue adelante.” A lo mejor este año ha sido tan fatal que no quieres seguir adelante. Y pues, no se lo has dicho a nadie, pero a veces has meditado en si sería mejor no seguir vivo. 

Pero, a pesar de todo esto, creo que sí puedes ser agradecido. 

Agradecer a Dios en medio del desierto significa que confías en Su providencia más que en tu sabiduría. 

Agradecer a Dios en medio del desierto es creer por adelantado al propósito divino que sólo tiene sentido cuando lo ves en retrospectiva.

¿Quieres saber cuál es la voluntad de Dios para tu vida? Pablo, por fortuna, es bastante directo: Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. – 1 Tes. 5:18

Sé agradecido, no por lo que ocurrió. Pues muchas cosas pudieron haber sido malas. Sino agradece por la persona en quien Dios te está convirtiendo a través de este proceso de refinamiento.

 2. Sé reflexivo

El profesor Howard Hendricks solía decir: “La experiencia no te hace mejor. La experiencia evaluada es lo que te hace mejor.” El fin del año es un buen tiempo para reflexionar y evaluar. Toda acción debe estar acompañada de una reflexión. 

Estoy seguro que muchas cosas no salieron como esperabas. Claro, una opción es pretender que nada malo pasó. Pero, eso te robaría la oportunidad de crecer. O puedes pensar que meditar en el pasado traerá malos recuerdos. Hay una gran diferencia entre sentarse a lamentar y detenerse a reflexionar.

Reflexionar no significa llorar sobre la leche derramada. Ni tampoco revivir los momentos dolorosos para caer en una espiral de auto conmiseración. Reflexionar significa ver con sabiduría aquello que hiciste bien. Y aquello que hiciste mal. Con el único objetivo de aprender para crecer.

Me edifica mucho el salmo 90: 12: “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, Que traigamos al corazón sabiduría.” Tu tiempo en este lado de la eternidad tendrá un fin. Eso no debe asustarte. Más bien, debe producir en ti un deseo de actuar con sabiduría. ¿Qué has hecho hasta ahora? ¿Qué legado estás dejando? ¿Qué estás determinado a cambiar?

3. Sé optimista

También, procura ser optimista. No, no me refiero a negar la realidad. En la actualidad hay un serio problema con esto. Muchas personas tienen un falso concepto del optimismo que trae la fe. Algunas personas piensan que tener fe y ser optimista significa negar la realidad. 

Cuando, de hecho, eso no es cierto. La negación no quiere decir que tengas fe. Al contrario, negar tu situación actual es una forma de incredulidad. Es rehusarse a ver las cosas como son por temor a que Dios no quiera o no pueda cambiarlas.

Por otro lado, a lo mejor hay muchas cosas que Dios te quiere enseñar a través de la realidad que estás negando.

¿De qué sirve “decretar cancelación de deudas” si sigues gastando más de lo que ganas y comprando compulsivamente?
¿De qué sirve “decretar salud” si sigues sin comer, descansar y ejercitarte apropiadamente?
¿De qué sirve “decretar crecimiento y expansión” si no estás dispuesto a renunciar a paradigmas antiguos y métodos arcaicos?
  
La fe no significa negar la realidad sino verla desde la perspectiva de Dios. Con ojos de fe. Con ojos de esperanza. 
  
De hecho, aceptar la realidad, a pesar de como te sientas al respecto, es el primer paso para un optimismo dependiente de Dios.

Tim Keller dice: “La fe no es primordialmente una función de sentir. Sino de vivir, confiar y creer en lo que la verdad es, a pesar de como te sientes.”

Hace unas semanas leí una historia sobre dos de mis héroes en la fe. El pastor John Piper y el Dr. Wayne Grudem. En este año, el Dr. Wayne Grudem, teólogo, escritor y profesor en el seminario teológico de Phoenix, fue diagnosticado con la enfermedad de Parkinson. Siendo amigos de décadas, el pastor John Piper se comunicó con el Dr. Grudem para fortalecerlo y animarlo ante tal noticia. Sin embargo, cuando el pastor John le preguntó: “¿Cómo estás?” El Dr. Grudem contestó esto: “La última vez que me fijé, Romanos 8:28 todavía estaba en la Biblia. Entonces, todo está bien. Estoy bien…

Romanos 8:28: "Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados."

En este 2017, Dios seguirá sentado en su trono. Y Jesús seguirá siendo Rey. Eso significa que…al final, todo va a estar bien. No hay nada más optimista que eso.

Y tú, ¿cómo piensas terminar el año 2016? ¡Déjanos tu comentario!


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-Luís Luna Jr.

Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Como luchar contra la pornografía



Hace algunas semanas atrás me alegré al leer que Playboy decidió no seguir mostrando desnudez en su revista. Pensé ingenuamente, "Que bueno.” Pero, me di cuenta que la razón detrás era alarmante. Para Playboy ya no es rentable mostrar desnudez en su circular porque ahora la pornografía gratis ha saturado el internet.

Es decir, Playboy abrió las puertas del diluvio en el que ellos mismos se ahogaron en términos comerciales. La pornografía está en todas partes.

Si bien es cierto, la pornografía es ese tipo de pecado al que muchos aman condenar en público y practicar en secreto. Y muchas personas sometidas en esta esclavitud lo consideran casi una adicción.

Pueden no estar tan equivocados. Pues, según Morgan Bennet, “la investigación neurológica ha revelado que el efecto de la pornografía del internet en el cerebro humano es tan potente--sino aún más--que sustancias químicas adictivas como la cocaína y la heroína.”

¿Cómo puede ser esto posible? En términos simples, la cocaína es una droga estimulante. Genera la producción de dopaminas (las hormonas que te hacen sentir “feliz”). Y la heroína en cambio, es un relajante. Una especie de opio.

La pornografía, sin embargo, se vuelve estimulante a través de la excitación, como la cocaína. Y se vuelve un relajante a través del orgasmo, como la heroína. Esto, la hace una “poli-droga” muy potente.

Sí, sé lo que estás pensando. “Entonces, no es mi culpa. Soy un adicto. No puedo decirle no la pornografía.”

Pero, esto no es la última palabra al respecto. La última palabra siempre la tiene Dios. La única persona que puede cambiar a otra persona es el Espíritu Santo. Y además, puede que a lo mejor tu adicción a la pornografía no sea “incontrolable.”

Imagina, por ejemplo, que estás solo en tu cuarto frente a tu computadora con acceso a internet a punto de ver pornografía. Y de pronto, entra un terrorista de ISIS arrastrando a tu mamá al cuarto con un cuchillo en su garganta y te dice: “Si le das click a ese video, le corto la garganta a tu madre.” ¿Qué pasará? De repente, como por arte de magia, te das cuenta que el miedo se sobrepone a tu lujuria. No mirarás el video.

Ahora, imagina otro escenario. Estás a punto de ver pornografía y de la nada entra un hombre con una bolsa llena de dinero diciéndote: “Si te rehúsas a ver esas imágenes, te regalaré 5 millones de dólares, ya.” ¿Qué ocurrirá? Simplemente, el deseo por dinero será más fuerte que el deseo por ver pornografía.

¿Cuál es el punto, entonces? La adicción a la pornografía no es tanto un problema biológico, sino un problema teológico.

El Dr.John Piper lo pone así: “Las personas que le dan lugar a la lujuria a través de la pornografía, fornicación y adulterio no están primordialmente controladas por su deseo sexual. Están controladas por aquello en lo que creen—lo que creen que pasará si actúan conforme a su lujuria o no.”

Nuestra petición debe ser que el Espíritu Santo nos muestre el peso de la realidad de las dos advertencias de Jesús:

Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. – Mateo 5:29

El infierno es una realidad aún más atemorizante que cualquier atentado terrorista. Es mejor entrar amputado al cielo que entero al infierno.

Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. –Mateo 5:8

Ver la belleza y esplendor del rostro majestuoso de Jesús es una recompensa muchísimo mayor que cualquier cantidad de dinero…o cualquier intensidad de éxtasis.

C.S Lewis dijo: “Sólo los de limpio corazón verán a Dios porque sólo los puros de corazón desean verlo.”

Las falsas promesas de la pornografía no cumplen lo que prometen. Su recompensa es la culpa y vergüenza.

Ver la belleza de Dios en el rostro de Jesús, por otro lado, es un placer superior. Las cadenas de la adicción se rompen a través de la adoración. Es contemplando el rostro de Jesús que el control del pecado sobre nuestro corazón se disipa. Porque Jesús es mejor que la pornografía. 

¿Y tú? ¿Cuál es tu opinión al respecto? Déjanos tu comentario. Y si este artículo te gustó no olvides compartirlo.

-Luís Luna Jr.
Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

sábado, 7 de noviembre de 2015

Cinco recomendaciones de John Piper para predicadores jóvenes


Cuando tenía 6 años estuve en uno de los puntos más altos del país. Se encuentra en la zona sur. En el departamento de Choluteca. No recuerdo exactamente el nombre de la montaña. Tampoco recuerdo la altura exacta. Pero, sí sé que el lugar era alto. El aire era fresco. La vista era sin igual. Pude ver la hermosura de la costa pacífica en su máximo esplendor.

Esa experiencia me recuerda al libro del Dr. John Piper: "La Supremacía de Dios en la predicación." Este volumen, más que un manual práctico, es una especie de alpinismo homilético. El autor  hace uso del legado teológico del puritano Jonathan Edwards para mostrar que todo sermón debe tener como objetivo cautivar el corazón de sus oyentes con la belleza y la gloria de Dios. 

Es decir, Piper quiere que subas a la montaña y tu corazón sea cautivado con la belleza de lo que ves. De tal manera, que te apasiones por mostrarle a otras personas la hermosura de lo que has visto.

Me encanta como John Piper define la predicación: exaltación expositiva. El predicador explica lo que el texto dice. Exalta a Dios por lo que el texto muestra. Y fervientemente persuade a la congregación a dejar las glorias vanas y patéticas, como la aprobación humana, por la inigualable y majestuosa gloria de Dios.

Quiero compartir cinco recomendaciones que el Dr. John Piper brinda a los predicadores jóvenes en su libro “La Supremacía de Dios en la Predicación”:

1. Lucha por una santidad práctica, intensa y gozosa, en cada área de tu vida. Una de las razones es que no puedes ser algo en el púlpito que no eres durante la semana—al menos no por mucho tiempo. No puedes ser totalmente formal en el púlpito y habitualmente impertinente en la reunión del diaconado y la cena de la iglesia. Tampoco puedes mostrar la gloria de Dios en la alegría de tu predicación si eres hosco, lúgubre y hostil durante la semana. No luches por ser cierta clase de predicador. ¡Lucha por ser cierta clase de persona!

2.  Haz tu vida—especialmente tu vida de estudio—una vida de constante comunión con Dios en oración. El aroma de Dios no permanece en una persona que no permanece en la presencia de Dios. Richard Cecil dijo que “el defecto más grande en los ministros Cristianos es la falta de hábito devocional.” Somos llamados al ministerio de la Palabra y la oración, porque sin oración, el Dios de nuestros estudios será el Dios que no provoca temor ni inspiración, el de los insípidos juegos académicos humanos.

La norma de Cotton Mather era detenerse al final de cada párrafo conforme escribía su sermón, para orar y examinarse, y tratar de fijar en su corazón alguna santa impresión de su tema. Sin este espíritu de oración constante, no podremos mantener la solemnidad y la alegría que permanecen en la vecindad del trono de gracia.

3. Lee libros escritos por aquellos que exudan Biblia cuando los pinchas y que son intensamente apasionados acerca de la verdad que discuten. De hecho, descubrí que era un consejo transformador de vida cuando un profesor de seminario nos pidió hallar a un gran evangelista teólogo, y sumergirnos en su vida y sus escritos. Apenas puedo exagerar el efecto que ha tenido en mi vida vivir con Jonathan Edwards mes tras mes, desde mis días de seminario.

Y por medio de él encontrar mi camino a los hombres más apasionados en el  mundo—¡Calvino, Lutero, Bunyan, Burroughs, Bridges, Flavel, Owen, Charnock, Gurnall, Watson, Sibbes y Ryle! Busca los libros que son apasionados acerca de Dios, y descubrirás que ellos conocen el camino que conduce al gozo, con más exactitud que muchos otros guías contemporáneos.

4. Dirige tu mente a menudo a la contemplación de la muerte. Es absolutamente inevitable si el Señor se demora y es absolutamente trascendental. No pensar en sus implicaciones para la vida y la predicación es increíblemente ingenuo. Edwards fue el hombre que fue—con profundidad y poder (¡y once hijos creyentes!)—por decisiones como éstas, que tomó en su juventud.  

Resuelto. En toda ocasión pensar mucho acerca de mi muerte y las circunstancias comunes que la rodean.  Resuelto. Esforzarme al máximo a fin de actuar como pienso que debiera hacerlo si ya hubiera visto la felicidad del cielo y los tormentos del infierno. –Jonathan Edwards

5. Lucha con toda tu fuerza por conocer a Dios y por humillarte delante de Su poderosa mano (1 Pedro 5:6). No te conformes con guiar a la gente entre las colinas de Su gloria. Conviértete en un escalador de montañas sobre los acantilados de la majestad de Dios, y permite que la verdad comience a trastornarte, de tal modo que nunca agotes las alturas de Dios.

Cada vez que asciendas sobre el borde de un discernimiento, se extiende delante de ti, desapareciendo en las nubes, un millar de kilómetros de imponente belleza en el carácter de Dios.

Prepárate a ascender, y pondera el pensamiento que interminables edades de descubrimiento en el infinito Ser de Dios no serán suficientes para debilitar tu alegría en la gloria de Dios u opacar la intensidad de la solemnidad en Su presencia

Puedes adquirir el libro "La Supremacía de Dios en la Predicación" del Dr. John Piper aquí

-Luís Luna Jr.
Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

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sábado, 17 de octubre de 2015

Reflexiones sobre el caso Rosenthal


Si eres hondureño, lo más probable es que estés relativamente informado acerca del caso Rosenthal.

Si no lo eres o no estás al tanto, la historia resumida es esta: el Ing. Jaime Rosenthal es la versión hondureña del norteamericano Warren Buffet y el mexicano Carlos Slim. Estudió bajo el tutelaje del Premio Nobel de Economía Paul Samuelson. Se graduó con honores del MIT (Massachussets Institute of Technology). Fundó el Grupo Continental, que componía el 5% del producto interno bruto del país. Sus empresas habían generado aproximadamente 11,000 empleos directos. Una especie de Rey Midas. Todo lo que tocaba y todo en lo que invertía se volvía oro.

¿La trama? Algunos de sus familiares, con puestos claves en el consorcio, han sido implicados en actividades ilícitas. Y como consecuencia, el emporio que habían edificado por tanto tiempo se ha ido desbaratando en cuestión de unos días.

Sin embargo, escribo, no como periodista reportando; ni como abogado explicando; mucho menos como predicador condenando; sino, como un simple ex cliente del banco, pensando. Como un ex cuentahabiente haciendo una enorme fila esperando información de parte de la CNBS (Comisión Nacional de Banca y Seguros).

Y como la fila era larga, el tiempo para pensar fue mucho. Aquí te comparto algunas reflexiones sobre el caso Rosenthal.  Aclaro, antes, que mis opiniones no provienen de la suposición que los implicados son culpables. Creo que cada quien es inocente hasta que se ha confirmado lo contrario mediante evidencia verificable en un juicio justo. Es sólo que esto era hacia lo que mi mente gravitaba mientras observaba el frenesí alrededor y esperaba mi lugar en la fila:

Ten cuidado con poner tu fe en el dinero.


“En seis días acabaron con lo que nos costó 100 años construir” fueron las palabras del Ing. Jaime Rosenthal Oliva haciendo referencia a la liquidación forzosa del Banco Continental.

Eso me hizo recordar algo que Jesús dijo: “No traten de amontonar riquezas aquí en la tierra. Esas cosas se echan a perder o son destruidas por la polilla. Además, los ladrones pueden entrar y robarlas. Es mejor que amontonen riquezas en el cielo. Allí nada se echa a perder ni la polilla lo destruye. Tampoco los ladrones pueden entrar y robar.  Recuerden que la verdadera riqueza consiste en obedecerme de todo corazón.” –Mateo 6:19-21 (TLA)

Todos necesitamos el dinero para vivir. Es verdad. A veces,  hay personas que hablan del dinero como si fuera algo inherentemente malo o innecesario. Por cierto, si usted piensa que el dinero es malo entonces deme todo el dinero que tiene y deshágase rápido de ese instrumento de maldad.

¡No! El dinero no es malo. Es un medio para diferentes fines. El problema viene cuando lo volvemos  un fin en sí mismo.

Cuando hacemos del dinero nuestro tesoro, él se convierte en nuestro señor.

Fíjate que hace un tiempo ví una entrevista a una persona muy adinerada y él habló sobre el miedo que sentía ante la realidad económica actual. Recuerdo pensar: “Este tipo tiene más dinero de lo que yo puedo hacer en 100 vidas. Y él está preocupado. ¡Cuánto más yo!”

Curiosamente, ¿te has fijado que el mensaje que todas las instituciones bancarias transmiten es “solidez” y “seguridad”?

Porque lo que en realidad amamos no es el dinero sino la seguridad y estatus que creemos que trae.

Si bien es cierto, hay muchos escritores buenos acerca del manejo del dinero desde una perspectiva cristiana: Dave Ramsey, Michael Hyatt, Andrés Panasiuk y muchos otros.

Pero, francamente, el corazón del problema sobre el manejo del dinero es un problema del corazón.

Tu corazón tembloroso busca sentirse seguro e importante. Pero, el dinero te provee una ilusoria seguridad, tan variable como el sube y baja de la bolsa de valores. Y un falso sentido de importancia, que se va al momento que tus riquezas dejan de existir.

Ahora, ¿por qué depositar la confianza entera de tu corazón en algo tan frágil y fluctuante como el dinero en lugar de la Roca Inamovible que es Jesús?
Sólo en Cristo puedes encontrar completa seguridad. Nadie te puede separar de su amor ni arrebatar de su mano (Juan 10:28; Rom. 8:39). Sólo en Jesús eres infinitamente amado e importante, no porque lo tienes, sino por quien eres (Salmo 139:13-16; Efesios 1:14).

Así que, trabaja duro. Sé generoso. Provee para ti y tu familia. Ahorra con disciplina. Pero, no pongas tu fe en el dinero. El dinero es un buen esclavo, pero un terrible amo.

Adviérteles a los ricos de este mundo que no sean orgullosos ni confíen en sus riquezas, porque es muy fácil perder todo lo que se tiene. Al contrario, diles que confíen en Dios, pues él es bueno, y nos da todo lo que necesitamos para que lo disfrutemos. – 1 Timoteo 6:17 (TLA)
  

Guarda tu corazón de la avaricia


Jesús habló más acerca del dinero que del sexo. ¿Por qué? Nadie que comete adulterio se despierta una mañana en la cama equivocada y dice con sorpresa: “¡Hey, tú no eres mi esposa.”

Cualquiera puede admitir: “Soy un adúltero” o “soy un adicto.” Pero, casi nunca escucharás a alguien decir: “Es cierto. Soy ávaro.”

Porque la avaricia es mucho más sutil que el resto de los pecados.

Verás, el corazón humano tiene un hambre implacable por querer siempre “un poquito más.”

Por ejemplo, a lo mejor contemplaste la idea que si tan sólo te aumentaban entonces todo estaría bien. Pues, te aumentaron  y ¿qué pasó? ¡Ahora gastas más porque ganas más!

“Luís, pero Dios me ha bendecido. Creo que puedo disfrutar de mis bendiciones.” ¡Claro que sí! Es bueno que disfrutes del fruto de tu ardua labor.

El Pastor John Piper lo pone de esta manera:
“¿Por qué nos bendice Dios con abundancia? Para que tengamos lo suficiente para vivir y usar el resto para todo tipo de buenas obras que alivien la miseria espiritual y física. El principio es este: Lo suficiente para nosotros y la abundancia para los demás.

No se trata de cuánto dinero hace una persona. Las grandes industrias y los grandes salarios son un hecho en nuestros tiempos y no son un mal necesario. El mal está en ser engañado a pensar que un salario de seis dígitos debe estar acompañado de un estilo de vida de seis dígitos” (Deseando a Dios, pg. 202-203).

Disfruta de tus bendiciones ayudando a los demás. Muchas personas dicen que el dinero no te hace feliz. El dinero sí te hace feliz...cuando lo usas para ayudar a otros.

Recuerda que Dios te bendice para ser más generoso, no más lujoso.

No existe mayor riqueza que la que Cristo ha comprado para nosotros a través de la cruz. Es una riqueza que no fluctúa. No se corrompe. Y nunca será liquidada.

Por eso, cuando el Reino de Dios, en lugar del dinero, es tu tesoro, la generosidad será tu estilo de vida.

Por tanto, pongamos nuestra confianza en Jesús, no en el dinero. Y guardemos nuestro corazón de la avaricia, siendo generosos con los demás, pues Dios ha sido generoso con nosotros en Cristo.

No vivan siempre con el deseo de tener más y más! No por ser dueños de muchas cosas se vive una vida larga y feliz. – Jesús (Lucas 12:15) (TLA).

-Escrito por Luís Luna Jr.
Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

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miércoles, 13 de mayo de 2015

¿Cómo deleitarse en la Palabra de Dios?

¿Cómo deleitarse en la Palabra de Dios?

¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras!

Más que la miel a mi boca. –Salmo 119:103


Nunca reduzcas el Cristianismo a un asunto de peticiones y resoluciones y fuerza de voluntad. Es un asunto de lo que amamos, de aquello en que nos deleitamos y lo que sabe bien a nosotros.
Cuando Jesús vino al mundo la humanidad fue dividida de acuerdo a lo que amamos. “ Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” (Juan 3:19). Los justos y los impíos son separados por el objeto de su deleite—la revelación de Dios o el camino del mundo.

Pero alguien puede preguntar: “¿Cómo puedo deleitarme en la Palabra de Dios?” La respuesta consiste en dos partes:
Ora por nuevas papilas gustativas en la lengua de tu corazón y medita en las asombrosas promesas de Dios a su pueblo.

El mismo salmista que dijo “¡Cuan dulces son a mi paladar tus palabras!” (119:103), dijo anteriormente, “Abre mis ojos para ver las maravillas de Tu Ley” (119:18). Él oró, porque tener nuevas papilas gustativas en la lengua del corazón es un regalo de Dios. Ningún hombre o mujer naturalmente tiene hambre por y se deleita en la sabiduría de Dios.

Pero cuando hayas orado, de hecho mientras oras, medita en los beneficios que Dios promete a su pueblo y en el gozo de tener al Dios Todopoderoso como tu ayudador y esperanza eterna.

¿Quién no se deleitaría en leer un libro cuya lectura lo cambiaria a uno de ser paja a un cedro de Líbano, de un tazón de polvo a un huerto Hawaiano? Nadie en el fondo quiere ser paja—sin raíz, peso y sin uso. Todos nosotros queremos sacar fuerzas de un río profundo de realidad para ser personas fructíferas y útiles.


Ese río de realidad es la Palabra de Dios y todos los grandes santos han sido hechos grandes por ella.

Este post fue tomado del devocional de John Piper "Solid Joys" y traducido por Luís Luna Jr.