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martes, 22 de noviembre de 2016

No desperdicies tu dolor


El recuerdo está fresco. Recién había salido del trabajo e iba bebiendo un sorbo de un café mocca, cuando de pronto mi mamá me envió un mensaje que la llamara por algo que era urgente. Y vaya que sí resultó serlo.

Mi mamá me informó que los doctores habían desahuciado a mi abuela. Ningún tratamiento u operación impedirían el avance implacable de su enfermedad. Lo único que quedaba, era esperar su inevitable muerte. Que en efecto llegaría unos días después del fatídico diagnóstico.

La noticia me golpeó más porque en ese momento todo me estaba saliendo bien. Estaba avanzando en mis estudios, viendo frutos en el ministerio de jóvenes y teniendo buenos resultados en mi trabajo. Pero, de un momento a otro, fui sacudido. Los días antes y después de su muerte fueron difíciles. 

Especialmente porque sentí que Dios actuó injustamente con mi abuela. Ella era el tipo de persona que siempre estaba dispuesta a servir al Señor y a su obra. Casi todos los fines de semana ella estaba involucrada en una actividad para recaudar fondos para la iglesia a la que ella pertenecía. Ella tenía la costumbre de ofrecer comida a quien llegara a visitarla. Por eso, su casa estaba lleno de gente que yo no conocía. Porque ellos sabían que la hermana Josefa no los iba a dejar ir con hambre.

En verdad fueron días duros. Mis ojos todavía se humedecen cuando recuerdo lo que pasó. Es sorprendente como la vida destruye la falsa ilusión de que tú tienes el control de las cosas.

Tal vez no has perdido a un ser amado, pero has atravesado algo similar. Puede ser que conozcas lo que significa que tu mundo se derrumbe. O lo que es peor aún, puede que en este momento tu vida se esté derrumbando y no hay nada que puedes hacer al respecto.

Tal vez invertiste energía, recursos y tiempo en lanzar una iniciativa empresarial, sólo para saborear el fracaso amargo y querer renunciar a todo.

A lo mejor iniciaste el ministerio con ganas de cambiar el mundo. Pero, sentiste el dolor de la traición por parte de quienes prometieron ayudarte a cumplir la visión de Dios para la iglesia.
Es probable que te ilusionaste en una relación amorosa. Y todo era color de rosa. Hasta que te diste cuenta que jugaron contigo.

Cuando estás pasando por cosas como estas hay algo que es seguro que no deseas escuchar: Consejos simplistas de parte de quienes  no tienen la menor idea de cómo te sientes.

Atravesar estos desiertos es difícil. Atravesarlos por nuestra propia cuenta lo hace peor.
Pero, Dios no quiere que este sea el caso. De hecho, en su providencia, Dios nos ha dado la iglesia como una familia sanadora y como una comunidad solidaria. Por favor lee bien lo que estoy a punto de decir: Uno de los propósitos de Dios para la iglesia es que en ella encontremos un oasis de amor, esperanza y solidaridad en el desierto de nuestras tragedias.

 El apóstol Pablo entendió esto. 2 Cor. 7:5-7 relata lo siguiente:
Pues aun cuando llegamos a Macedonia, nuestro cuerpo[a] no tuvo ningún reposo, sino que nos vimos atribulados por todos lados: por fuera, conflictos; por dentro, temores. 6 Pero Dios, que consuela a los deprimidos[b], nos consoló con la llegada de Tito; 7 y no sólo con su llegada, sino también con el consuelo con que él fue consolado en vosotros, haciéndonos saber vuestro gran afecto[c], vuestro llanto y vuestro celo por mí; de manera que me regocijé aún más.

Pablo confiesa con libertad la depresión que pasaron. Sin embargo, por importantes que son los medios de gracia para fortalecer nuestra fe, la provisión de Dios a Pablo fue a través de Tito. Pablo y los suyos estaban en crisis; pero, fueron consolados cuando llegó Tito.
Pablo relata que Tito le hizo saber que los corintios "lloraban por él." Y esto fue causa de regocijo en el corazón del apóstol.

En ocasiones, es común ver el dolor de otros y de inmediato disponernos a decirles lo que está mal y cómo deben cambiarlo. Está bien querer ayudar. Pero, también existe el riesgo de querer aconsejar a los que lloran sin primero llorar con los que lloran. Demasiadas veces queremos sonar expertos en cosas que ni siquiera hemos atravesado. Cuando alguien está interesado en nada más dispensar sabiduría, pero no siente el dolor de quien está recibiéndola, el consejo puede ser bueno. Pero, permanece en la superficie del corazón de quien lo recibe.

Por eso, la única manera de sentir, en verdad, el dolor de quien se desmorona frente a tus ojos es que tú hayas sido previamente desmoronado por eso mismo también. Un tiempo atrás mi mamá estuvo hospitalizada y pasó varios días en la clínica. Mi papá y yo nos turnamos para cuidar de ella durante la noche. La mayoría del personal médico cuidó bien de ella. Excepto por algunas de las enfermeras. Me imagino que era el cansancio físico y emocional de estar cuidando a tanta gente durante largos turnos. A pesar de esto, hubo una enfermera que atendió a mi mamá de una forma tan especial que arrestó mi atención.

En lo que fuese, ella siempre daba la milla extra para que mi mamá estuviera cómoda durante su estadía en la clínica. Un día me le acerqué para agradecerle por lo que hacía por mi mamá. Sé que, en parte, era su trabajo pero lo hacía tan genuino. Ella me contestó: "No se preocupe. Hace algunos meses atrás yo estuve hospitalizada por la misma razón que su mamá está hospitalizada. Así que sé muy bien como ella se siente y como necesita ser atendida."

Dios te permitirá atravesar episodios que no entenderás al principio para que brindes amor, solidaridad y empatía a quienes están atravesando el desierto que tú ya pasaste. Porque, ¿quién es la persona más adecuada para solidarizarse con una joven sufriendo de anorexia que alguien que haya atravesado por eso?

¿Quién es más indicado para ministrar a un joven pastor desanimado que alguien que ya haya sentido de primera mano lo duro que puede ser el corazón del pueblo de Dios en muchas ocasiones?
¿Quién puede a ayudar a una joven que haya sufrido abuso sino alguien que haya pasado por el mismo infierno?

Aún el apóstol que escribió casi la mitad del Nuevo Testamento y plantó iglesias por todo el Mediterráneo necesito del consuelo y la solidaridad de alguien. De la misma forma, Dios quiere que nosotros brindemos y recibamos amor, empatía y solidaridad a través de nuestra iglesia local.  No tengo idea de cómo mi familia hubiera atravesado el duelo después de la muerte de mi abuela de no haber sido por el consuelo, la solidaridad y el amor que recibimos por parte de nuestra iglesia local.

En Jesús, Dios no sólo se solidariza con nuestra condición. Sino que encarna nuestra realidad. Ese es el milagro de la Encarnación, según Atanasio: “El hijo de Dios se volvió hombre para que los hombres se volviesen en hijos de Dios.”

Hemos recibido gracia para brindar gracia a otros. Hemos recibido consuelo para consolar a otros. Hemos recibido solidaridad para solidarizarnos con otros. En Cristo, Dios se da a nosotros para que nosotros nos demos a los demás.

-Luís Luna Jr.

Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

viernes, 9 de septiembre de 2016

Lo que Satanás de verdad quiere


Cierta vez estaba me encontraba en una iglesia fuera de la ciudad. Cuando de pronto un ruido molesto que provenía del sistema de audio interrumpió el desarrollo del servicio. Era el micrófono del cantante principal en el equipo de alabanza. El ruido persistía y se volvía cada vez más incómodo.  El pastor pasó, y sin micrófono dijo lo siguiente en voz alta: “Iglesia, este es el diablo queriendo robarnos la bendición, el gozo y la paz. No le demos lugar al diablo. Reprendemos todo espíritu malo que quiera dañar el sonido.”

El sonidista, al escuchar esto, se me acercó y muy sinceramente me dijo: “Hermano predicador, tengo varias semanas de decirle al pastor que compre un nuevo cable. Ese ya días está dando problemas. Yo no sé mucho de la biblia. Pero, ¿verdad que el diablo no tiene nada que ver con esa mecha?”

De manera similar, muchos de nosotros en ocasiones pensamos que el diablo tiene la culpa de todo lo malo que acontece en nuestras vidas. Cuántas veces no nos hemos encontrado diciendo cosas como: “el diablo está detrás de mi esposo; el enemigo quiere destruir mi matrimonio; satanás quiere destruir la iglesia; El diablo quiere dañar el cable del micrófono de la congregación.” Esto puede sonar como una herejía, pero a veces parece que el diablo sigue siendo diablo porque está resentido con todos los cristianos que le culpan de hacer cosas que en realidad él no tuvo nada que ver.

Claro, esto no significa que sea inocente. Y no lo estoy defendiendo. Yo también lo odio.  Al fin y al cabo, él anda como león rugiente buscando a quien devorar. Pero, Satanás no está detrás de la mayoría de cosas que nosotros pensamos que él quiere destruir. El enemigo está interesado detrás de algo mucho más profundo de lo que nosotros creemos.

Satanás está detrás de esto: tu fe. Lo único que el enemigo quiere destruir es tu fe. Satanás se alimenta de absorber tu fe. Él se fortalece de la fe que se drena de tu espíritu cuando atraviesas apuros y dificultades (Lucas 22:31-32; 1 Pedro 5:8-9).

El pastor John Piper dice que el diablo desayuna fe. Y almuerza fe. Y cena fe. Así que, cuando él ataca las cosas que te rodean, lo hace no porque está detrás de eso. Ya sea que “eso” signifique matrimonio, negocio, ministerio, visión, etc. Sino por cómo el ataque a “eso” puede debilitar tu fe.

Entonces, cuando el enemigo ataca tu matrimonio, lo hace no porque quiere destruir tu matrimonio. Sino porque quiere derribar tu fe. Y sabe que si destruye tu matrimonio entonces llegará a drenar tu fe. Satanás no está interesado en atacar a tus hijos. En realidad, él está interesado en comer tu fe. Y sabe que si ataca a tus hijos entonces te volverás vulnerable. Satanás no está tan interesado en atacar tu salud. Él ataca tu salud porque sabe que eso puede hacer que tu fe tambalee.

Por consiguiente, si el diablo busca destruir nuestra fe atacando las cosas a nuestro alrededor, entonces la única manera de tener una fe inquebrantable es depositándola en la manos de algo o alguien que no esté al alcance de él.

La única vía de asegurarnos que nuestra fe permanezca inquebrantable es depositándola en manos de Alguien que es inquebrantable. Esta es la razón por la que sólo cuando nuestra fe está puesta por completo en Jesús es que podemos atravesar los ataques que el enemigo hace a nuestras vidas, con el fin de quebrantar nuestra fe. Sólo cuando nuestra fe es sostenida por las manos cicatrizadas de Aquel que sostiene el Universo es que podemos permanecer firmes.

Porque la certeza de nuestra salvación no proviene de cómo confiamos sino en qué, o en Quien confiamos.

¿Qué es lo que esto quiere decir? Imagina que estás en un precipicio muy alto. A punto de caerte. Lo único que se interpone entre tú y una muerte segura al golpear el suelo desde 3,000 metros de altura una rama de la que estás sostenido. Tú confías y tienes una fe firme en que esa rama te sostendrá. Crees con todo tu corazón que esa rama evitará que mueras de forma instantánea. Pero, si esa rama es débil y a punto de quebrarse porque no puede sostener tu peso, no importa cuanta fe tengas, morirás. Tu fe, aunque firme, estaba depositada en un objeto débil.

Pero, si por otro lado, la rama de la que te encuentras sostenido es una rama robusta, grande y sólida que está anclada a sus raíces de 60 metros de profundidad, no importa si tu confianza en esa rama es débil, te salvarás. Porque tu salvación es determinada no por la fortaleza de tu fe sino por el objeto de tu fe. No en cómo crees sino en Quien crees.

Satanás está obsesionado por destruir tu fe. Ponla en las manos sólidas de Quien es la Roca de Nuestra Salvación. Pon tu fe en Jesús.

¡Gracias por compartir este artículo con los demás!

-Luís Luna Jr.

Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Buenas noticias: Jesús no es tu coach


Ya varias veces he intentado ser parte de la cultura fit que se ha apoderado del mundo. Con pena, admito que no he podido. Mi pancita es evidencia empírica de ello. Un tiempo atrás probé ingresar a un gimnasio. “De todos modos”, solía decirme a mí mismo, “no es algo que parezca tan difícil. Sólo voy, hago mi rutina y me largo.” Eso era lo que yo creía. Los veteranos del gym han detectado esta misma ingenuidad en los novatos que se inscriben la primera semana de enero de todos los años.

Entré pensando que como yo sabía el resultado que quería alcanzar, no necesitaba de alguien que me dijera lo que tenía que hacer. Pasó poco tiempo para reconocer lo equivocado que estaba. Me di cuenta que, por mucho que no quisiera, necesitaba de un coach, o instructor o de gimnasio cuyo nombre fuera Mike, Tony o Charlie. ¿Alguna vez se han preguntado porque casi todos los entrenadores de gimnasio llevan nombres como esos?

En fin, nos guste o no, en el gimnasio en particular y en la vida en general necesitamos de coaches o entrenadores que nos ayuden a tomar decisiones correctas.
Necesitamos coaches, por ejemplo, en nuestras finanzas. Tal vez tienes metas financieras grandes. Pero, ¿adivina qué? Hay personas que ya han logrado los objetivos que tú recién te acabas de poner. Y una de las mejores cosas que puedes hacer es acercarte a estas personas para invitarles un café, hacerle buenas preguntas y luego callarte la boca para aprender acerca de cómo han logrado lo que han logrado.

Necesitamos coaches que nos ayuden a llevar buenas relaciones interpersonales. Si analizamos bien nuestras vidas nos daremos cuenta que una causa común de los problemas que cargamos son conflictos no resueltos que involucran las relaciones más cercanas y significativas que tenemos. Pero, hay personas que han sabido caminar el a veces espinoso trecho de las relaciones humanas y pueden guiarnos para que seamos saludables en esta área.

Estos sólo son algunos ejemplos, pero podemos seguir nombrando áreas en las que necesitamos la retroalimentación y el consejo de aquellos que ya han estado en donde nosotros queremos llegar. Y que pueden guiarnos hasta ahí, en lugar de cargarnos hasta ahí. Después de todo, los mejores coaches son aquellos que nos guían acerca de qué hacer en lugar de aquellos que hacen las cosas por nosotros.

Y por muy novedoso que se pueda escuchar el concepto de tener un coach, no es algo innovador en la Biblia. Pablo aconseja a Timoteo para que enseñe a los hombres y mujeres mayores de la iglesia en Éfeso a que puedan ayudar a madurar a aquellos que están más jóvenes dentro de la congregación. Pero, por mucha ayuda que es tener un coach hay momentos en nuestras vidas que necesitamos algo más que mera instrucción y sabiduría práctica. A veces los consejos no son suficiente. Porque hay momentos en nuestra vida que necesitamos más que sólo buenos consejos y buenos instructores. 

Cómo cuando te encuentras tan cansado que no quieres seguir. Sabes que Dios te ha llamado. Pero, no sabías que la misión a veces puede drenar tu vida. Te sientes cansado. Pero, no sólo físicamente cansado. Sino un cansancio que va más allá. Del tipo de cansancio que no se arregla con dormir 20 minutos por la tarde.  Un cansancio de tanto hacer el bien. Cansado de ser el parachoques de la familia, del trabajo y de la iglesia. Cansado de ser el basurero emocional de la gente que te rodea. Un cansancio del espíritu que se manifiesta en el cuerpo.

O como cuando has sido traicionado. No de forma superficial. Sino traicionado de verdad. Por personas que jamás te lo imaginaste. Traicionado por aquellos en quienes tuviste el atrevimiento de poner tu confianza en las manos de otros. Y ellos la tomaron, la tiraron al suelo, la escupieron y la pisotearon. El puñal duele más cuando es clavado por aquellos que sostenían tu corazón.

O como cuando has perdido a un ser querido. Y el dolor es indescriptible. Si lo quisieras poner en palabras, dirías que la mitad de tu alma se está asfixiando. Porque la otra mitad se fue con la persona que te dejó. La soledad, el desamparo, la ira hacia Dios, y a veces, hacia el difunto. Tanto así que no puedes si quiera funcionar bien en horas laborales. Y estás ausente en horas familiares.

Es bueno tener un coach. Pero, en momentos en la vida como estos necesitas más que un instructor que te diga que hacer. Necesitas a alguien que no sólo te de consejos que lo único que revelan es que él o ella no ha pasado por lo que tú estás pasando. Necesitas a alguien que haya atravesado lo mismo que tú.
Necesitas a un salvador.  Necesitas a Jesús.  El problema central del hombre no es falta de instrucción. El problema central es un problema del corazón. El corazón de todo problema es un problema del corazón. Sólo Jesús puede sostener tu corazón y ayudarte en momentos que sientes que te ahogas y estás espiritualmente y emocionalmente agonizando.

Por eso, cuando estás recogiendo los pedazos que quedaron de tu alma después de haber sido traicionado por alguien que amabas, Jesús no viene a ti con el libro de Dale Carnegie sobre como “Ganar amigos e influenciar a las personas.” El viene a sentarse a tu lado y a decirte: “Me di cuenta que te hirieron.  Yo fui traicionado también por un amigo, sabes. Se llamaba Judas. Sé exactamente cómo te sientes. Y estoy contigo.” En Jesús, Dios ha sido traicionado. Al igual que tú.

Cuando estás atravesando los momentos más oscuros después de la pérdida de un ser querido, Jesús no viene a ti con una presentación de PowerPoint sobre las diferentes etapas del duelo y como atravesarlas de forma efectiva. Jesús viene a conversar contigo diciéndote: “Supe que perdiste a alguien que amabas. Yo también he llorado la muerte de un ser querido. Se llamaba Lázaro. Sé exactamente cómo te sientes. Y estoy contigo.” En Jesús, Dios ha sufrido duelo. Al igual que tú.

Cuando te encuentras a punto de tirar la toalla porque sientes que tu vida es una montaña rusa emocional y estás cansado de todo, Jesús no viene con el artículo más reciente de Harvard Business Review sobre los 5 secretos para incrementar tu productividad en horas laborales. Sino que Jesús viene a contarte acerca de la vez que el sol le fatigó tanto que tuvo que detenerse a pedir agua a una mujer samaritana de dudosa reputación que estaba cerca de un pozo. En Jesús, Dios se cansa y tiene sed. Al igual que tú.

Jesús no es tu coach. Claro, hay muchas cosas que Él tiene tiene que decir acerca de las diferentes áreas de nuestras vidas que debemos escuchar y obedecer. Pero, Jesús da mucho más que buenos consejos. Y es mucho más que un buen instructor. Jesús no es sólo buenos consejos. Jesús es buenas noticias. Jesús es mucho más que un instructor, Jesús es un Redentor. El sumo sacerdote que se compadece de nuestras debilidades porque las ha atravesado todas y ha sufrido de todo al igual que nosotros pero sin pecado.

En medio de los problemas, en medio de las crisis, en medio de las dificultades Jesús no viene a darte una promesa que todo saldrá bien, que todo pasará rápido o que todo se arreglará. Jesús viene a darte algo mucho mejor que eso. Jesús viene a darse a sí mismo. Jesús no siempre trae la solución. Al menos según lo que nosotros concebimos como solución. Pero, siempre trae Su presencia. Porque Su presencia es Su promesa.

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-Luís Luna Jr.
Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba

martes, 7 de junio de 2016

La oración no es como el portero gordito


Siempre me gustó jugar fútbol. Por eso, de niño siempre esperaba con ansias salir a recreo. Cuando sonaba la campana, todos salíamos al campo. Hacíamos una sola fila. Los capitanes, que eran los más habilidosos, elegían los jugadores de ambos equipos, uno por uno.

Hasta llegar al gordito menos habilidoso del grado. El niño que quedaba de último. Ninguno de los "capitanes habilidosos" lo quería en su equipo. Era, por así decirlo, como la última opción. 

Ya de perdida, alguien tenía compasión y lo elegía. Luego le decía una de las mentiras más grandes en la historia de la humanidad: "Ponte de portero. Y al gol cambiamos."

El gordito menos habilidoso siempre era el último en ser elegido.

Muchos de nosotros vemos la oración de la misma manera que los capitanes ven al gordito menos habilidoso.

Como la última opción en la lista de las posibles soluciones a un problema. Podemos decir mucho acerca de lo importante que nosotros creemos que la oración es. Pero, la manera en que nos referimos sobre la oración después que lo que intentamos no funcionó revela nuestras creencias fundamentales.

¿Alguna vez te has puesto a pensar en lo que decimos con respecto a la oración cuando después de intentarlo todo las cosas han fallado?

"Ya fui a todos los bancos a solicitar un préstamo y en todos me lo negaron. Ahora...lo único que queda es orar."

"Ya obtuve diferentes diagnósticos de diferentes médicos y no hay tratamiento para esto...lo único que queda es orar."

"Ya fui a los mejores consejeros y terapeutas sobre familia para rescatar mi matrimonio. Pero, nada ha funcionado. Creo que lo único que queda es orar."

¡¿Cómo que lo único que queda es orar?! 

Podemos hablar mucho acerca de lo grande que nosotros creemos que Dios es. Pero, nada revela la verdadera convicción que alguien tiene acerca de Dios que la manera en que ora.

La oración no es el último recurso en el “arsenal” de resolución de problemas. La oración es la vía principal para la transformación.

Cada vez que Dios quiere hacer algo radicalmente nuevo en una persona, en una iglesia, en una organización, en un país o en un continente, Él lo hace a través de las oraciones de su iglesia.

Los avivamientos en la historia de la iglesia cristiana no fueron causados por las reuniones estratégicas de los líderes denominacionales en donde ideaban que método usar para atraer más gente. No, los grandes avivamientos en la historia cristiana iniciaron mientras la iglesia se volvía consciente de su pobreza espiritual y su inmensa dependencia en el Dios Todopoderoso. Los avivamientos, antes, al igual que ahora, siempre han iniciado de rodillas.

Es curioso que mientras los hombres buscan maneras trendy y “en vogue” para resolver problemas, Dios está buscando hombres acostumbrados a oler el piso de sus cuartos, con su rostro postrado en tierra en oración.

¿Lo único que queda es orar? Claro. Desde el comienzo, la única alternativa que ha quedado ha sido y será…orar.

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-Luís Luna Jr.

Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

jueves, 2 de junio de 2016

Cuando Dios te deja "en visto."


La vida era bonita. Hasta que mis papás llegaron con una mala noticia: "Reasignaron a tu papá en el trabajo. Y nos vamos a mudar de ciudad."  Sé que no suena como un gran asunto para muchos. Pero, para un niño de 6 años lleno de inseguridad y dificultades para hacer amiguitos la idea de mudarme significaba estrés y ansiedad por ir a un ambiente desconocido

Como no sabía qué hacer, me puse a orar. Oraba todos los días. Por las mañanas, le pedía a Dios que no nos mudáramos. Por las tardes, se lo recordaba. Y por las noches, por si a Dios se le había olvidado, justo antes de dormirme, también le recordaba que por favor hiciera algo para que no nos mudáramos.

Y... ¿qué creen? ¡Siempre nos terminamos mudando!

Sentí como que Dios no escuchó absolutamente nada de lo que dije. Y si me escuchó, no me puso atención. A lo mejor Dios estaba demasiado ocupado intentando erradicar el hambre en el África o abogando por la paz en el Medio Oriente. ¿Quién sabe?

¿Alguna vez has sentido que le pides algo a Dios pero parece que Él no escucha?
A lo mejor has estado orando por un ascenso en el trabajo, pero parece que Dios te ha dejado "en visto."

Tal vez estás orando por un esposo o una esposa y sientes que Dios ha escuchado tu petición, pero te ha dejado con las dos flechitas en azulito.

Incluso, puede ser que has estado pidiendo por un milagro financiero en tu familia pero la respuesta no viene.

Y la interrogante debajo de todo esto es: "¿Por qué Dios no contesta mis oraciones?"

Todas estas son preguntas válidas que personas que aman a Jesús genuinamente se las están haciendo. Y en realidad no pretendo contestar todas las preguntas del porqué Dios no contesta algunas de tus oraciones.

Pero, sólo porque Dios no te haya contestado como tú esperabas no significa que Dios no te haya contestado en lo absoluto

Es decir, Dios contesta todas las oraciones. Sólo que algunas veces, la respuesta es "NO."  

Yo sé que esto es mucho más fácil hablarlo que vivirlo. Pero, la manera en que tú reaccionas cuando Dios no contesta tus oraciones como tú lo esperabas revela quien es el Señor de tu corazón. Si nuestro amor a Jesús está condicionado por la manera en como Él responde nuestras oraciones entonces no es a Jesús a quien adoramos sino a nosotros mismos.

En ocasiones nos gustaría que el Dios de la Biblia fuera como Jim Carrey, quien hace el papel de Dios en la película “Todopoderoso Bruce”, que después de pasar un día abrumado escuchando las peticiones de todo mundo, decide crear un software por medio del cual puede contestar: “SÍ” a todas las oraciones para no complicarse.

Pero, Dios no es negligente y perezoso. Él escucha todas nuestras plegarias. Y Él contesta todas y cada una de ellas. Pero, porque nos ama, a veces contesta de una manera que no nos parece. Porque, Él es un Padre sabio.

Al final, Dios contesta todas las oraciones de la manera en que nosotros quisiéramos que Él las contestara si nosotros supiéramos lo que Él sabe. 

Cuando sientes que Dios te deja “en visto” es porque tú no has visto lo que Él ha visto.

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-Luís Luna Jr.
Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

jueves, 31 de diciembre de 2015

¿Cómo terminar bien el año 2016?



Hoy es último día del año 2016. Muchas cosas buenas han pasado. Y también muchas cosas no tan buenas. Algunos terminarán este año muy contentos y felices. 

Algunos otros, no tanto. Cualquiera que sea la situación, quiero compartir tres actitudes para terminar este año.

1. Sé agradecido

Las fiestas de navidad y fin de año a veces no son tan alegres para algunas personas. Puede que sea tu caso. A lo mejor, este año no salió como esperabas. 

El negocio que quisiste emprender no funcionó. Soñaste, planeaste, invertiste y fracasaste. 
Tu relación amorosa terminó mal. Te ilusionaste, confiaste, amaste y... ahora estás en un estado de coma a causa de lo que ocurrió
Perdiste a un familiar. Y esta temporada del año más bien intensifica el dolor de su partida.
Recibiste un diagnóstico médico negativo. No te lo esperabas. Peor en este momento.

Puede que un diluvio de problemas llovió sobre ti durante el 2016.

Y ¿sabes qué? te respeto lo suficiente como para no salirte con psicología popular barata diciendo: “Estás respirando. Estás vivo. Sigue adelante.” A lo mejor este año ha sido tan fatal que no quieres seguir adelante. Y pues, no se lo has dicho a nadie, pero a veces has meditado en si sería mejor no seguir vivo. 

Pero, a pesar de todo esto, creo que sí puedes ser agradecido. 

Agradecer a Dios en medio del desierto significa que confías en Su providencia más que en tu sabiduría. 

Agradecer a Dios en medio del desierto es creer por adelantado al propósito divino que sólo tiene sentido cuando lo ves en retrospectiva.

¿Quieres saber cuál es la voluntad de Dios para tu vida? Pablo, por fortuna, es bastante directo: Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. – 1 Tes. 5:18

Sé agradecido, no por lo que ocurrió. Pues muchas cosas pudieron haber sido malas. Sino agradece por la persona en quien Dios te está convirtiendo a través de este proceso de refinamiento.

 2. Sé reflexivo

El profesor Howard Hendricks solía decir: “La experiencia no te hace mejor. La experiencia evaluada es lo que te hace mejor.” El fin del año es un buen tiempo para reflexionar y evaluar. Toda acción debe estar acompañada de una reflexión. 

Estoy seguro que muchas cosas no salieron como esperabas. Claro, una opción es pretender que nada malo pasó. Pero, eso te robaría la oportunidad de crecer. O puedes pensar que meditar en el pasado traerá malos recuerdos. Hay una gran diferencia entre sentarse a lamentar y detenerse a reflexionar.

Reflexionar no significa llorar sobre la leche derramada. Ni tampoco revivir los momentos dolorosos para caer en una espiral de auto conmiseración. Reflexionar significa ver con sabiduría aquello que hiciste bien. Y aquello que hiciste mal. Con el único objetivo de aprender para crecer.

Me edifica mucho el salmo 90: 12: “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, Que traigamos al corazón sabiduría.” Tu tiempo en este lado de la eternidad tendrá un fin. Eso no debe asustarte. Más bien, debe producir en ti un deseo de actuar con sabiduría. ¿Qué has hecho hasta ahora? ¿Qué legado estás dejando? ¿Qué estás determinado a cambiar?

3. Sé optimista

También, procura ser optimista. No, no me refiero a negar la realidad. En la actualidad hay un serio problema con esto. Muchas personas tienen un falso concepto del optimismo que trae la fe. Algunas personas piensan que tener fe y ser optimista significa negar la realidad. 

Cuando, de hecho, eso no es cierto. La negación no quiere decir que tengas fe. Al contrario, negar tu situación actual es una forma de incredulidad. Es rehusarse a ver las cosas como son por temor a que Dios no quiera o no pueda cambiarlas.

Por otro lado, a lo mejor hay muchas cosas que Dios te quiere enseñar a través de la realidad que estás negando.

¿De qué sirve “decretar cancelación de deudas” si sigues gastando más de lo que ganas y comprando compulsivamente?
¿De qué sirve “decretar salud” si sigues sin comer, descansar y ejercitarte apropiadamente?
¿De qué sirve “decretar crecimiento y expansión” si no estás dispuesto a renunciar a paradigmas antiguos y métodos arcaicos?
  
La fe no significa negar la realidad sino verla desde la perspectiva de Dios. Con ojos de fe. Con ojos de esperanza. 
  
De hecho, aceptar la realidad, a pesar de como te sientas al respecto, es el primer paso para un optimismo dependiente de Dios.

Tim Keller dice: “La fe no es primordialmente una función de sentir. Sino de vivir, confiar y creer en lo que la verdad es, a pesar de como te sientes.”

Hace unas semanas leí una historia sobre dos de mis héroes en la fe. El pastor John Piper y el Dr. Wayne Grudem. En este año, el Dr. Wayne Grudem, teólogo, escritor y profesor en el seminario teológico de Phoenix, fue diagnosticado con la enfermedad de Parkinson. Siendo amigos de décadas, el pastor John Piper se comunicó con el Dr. Grudem para fortalecerlo y animarlo ante tal noticia. Sin embargo, cuando el pastor John le preguntó: “¿Cómo estás?” El Dr. Grudem contestó esto: “La última vez que me fijé, Romanos 8:28 todavía estaba en la Biblia. Entonces, todo está bien. Estoy bien…

Romanos 8:28: "Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados."

En este 2017, Dios seguirá sentado en su trono. Y Jesús seguirá siendo Rey. Eso significa que…al final, todo va a estar bien. No hay nada más optimista que eso.

Y tú, ¿cómo piensas terminar el año 2016? ¡Déjanos tu comentario!


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-Luís Luna Jr.

Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

martes, 22 de diciembre de 2015

Lo que todo líder debe aprender de Steve Harvey, el anfitrión de Miss Universo 2015


Años atrás un amigo me mostró un videoclip de comedia de Steve Harvey. Terminé con un fuerte dolor de estómago sin poder parar de reír. De ahí en adelante, me hice un fan. En especial, de las bromas que él hacía relacionadas con el “mundo cristiano” en su DVD "Don't Trip! He ain´t through with me yet..."

Sin embargo, ahora se ha vuelto mucho más famoso. Y por una razón que seguramente él lamenta. A menos que vivas en una montaña en el Tíbet, es improbable que no estés al tanto de lo que sucedió. 

Pero, si tal es el caso, ahí va: Steve Harvey fue el anfitrión del concurso de belleza Miss Universo 2015. Al final del show, él anunció que la ganadora era la representante de Colombia. Minutos después, regresó al escenario para decir que la ganadora no era la representante de Colombia sino la representante de las Filipinas. Mostró la tarjeta a la cámara para dar fe de lo que estaba diciendo. Y dijo que él se había equivocado.

Inmediatamente, el universo de las redes sociales se inundó con un diluvio de memes, GIFS y bromas sobre este "planche" (jerga popular hondureña que significa "fracaso"). Algunos bastante graciosos, honestamente. 

Y a decir verdad, cualquiera puede señalar que Steve Harvey se ha ganado la vida como comediante, burlándose de la gente. Ahora, puede que esté probando un poquito de su propio jarabe.

Pero, cuando el vi el video completo, sin ediciones, recordé una valiosa lección: en la vida, tanto como en el liderazgo, hay que reconocer los errores, asumir la responsabilidad y pedir perdón.

Steve Harvey estaba frente a millones de personas sintonizando el evento en vivo. Cometió lo que posiblemente es el error más grande en la historia del concurso. Miss Colombia, de hecho, ya estaba saludando a quienes la vitoreaban como ganadora. Y de pronto, aparece Steve diciendo que ella no era la reina de belleza. Él se había equivocado anunciando la ganadora. 

No me imagino lo que pasó por la cabeza de Steve en ese momento. Pero, si estoy seguro que pudo haber tomado el camino más corto. Y más fácil. Pudo haber echado la culpa al personal técnico. Pudo haber dicho que el diseño de la tarjeta estaba mal hecho. Pudo haber dicho que no le informaron bien. 

Pudo haber dicho cualquier cosa para haberse visto bien librado. 

Pero, no lo hizo. Reconoció su error, asumió la responsabilidad y pidió perdón.

Reconoce tus errores
Muchas personas en general, y muchos líderes en particular, haríamos bien en aprender de esto. Hay demasiados líderes que no reconocen sus errores. Pensando que porque son "los ungidos de Dios" sólo Él los puede corregir. Pretendiendo que las cosas están bien cuando en realidad no es así. 

Patrick Lencioni, un gurú de la salud organizacional, dice que la única manera en la que un líder puede instigar confianza en su equipo es siendo vulnerable. Y la única manera de ser vulnerable es reconociendo los errores. 

De hecho, Lencioni es bastante gráfico para describir este principio. Él dice: "Los mejores líderes no son aquellos que pretenden que no están sudando. Sino, aquellos que levantan sus brazos, muestran sus axilas y les dicen a su equipo: 'Chicos, miren estoy sudando.'"

Reconoce tus errores. Perderás valiosa información que te ayudará a crecer si sigues pretendiendo que no has cometido ningún error.

El proverbista dice "Quien admite esconde sus transgresiones no prosperará. Pero, quien los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia." - Prov.28:13

Asume la responsabilidad
También, es importante asumir la responsabilidad. El famoso conquistador francés Napoleón Bonaparte cierta vez dijo: "La victoria tiene muchos padres. Pero, la derrota es huérfana." 

O sea, cuando algo ha salido bien todo mundo quiere llevarse el crédito. Pero, cuando algo ha salido mal, todo mundo quiere asignar la culpa. 

Los líderes debemos tener carácter y médula para decir asumir la responsabilidad de algo. Claro, puede que los factores externos influyan. A lo mejor algunas circunstancias estaban fuera de control. 

Pero, al final del día... ¿qué es lo que tú estás haciendo que está generando o contribuyendo a los resultados actuales, sean estos buenos o malos?

Si los resultados del equipo no son buenos, puede que la culpa no sea del líder, pero sí es su responsabilidad hacer algo para que las cosas cambien.

Los líderes mediocres buscan excusas. Los líderes efectivos buscan soluciones.

Pide perdón
Y por último, es esencial que aprendamos a pedir perdón. Muchos líderes piensan que pedir perdón es una señal de debilidad. Por el contrario, es una señal de humildad. Y también de una seguridad interior. Sólo las personas inseguras se rehúsan a pedir perdón porque piensan que eso las hace ver mal. 

Asimismo, hay que saber pedir perdón. Con esto, confieso que he sido bastante malo. Usualmente la manera en que he pedido perdón ha sido: "Lamento que me hayas malentendido. No quise decir eso. Lamento que lo hayas interpretado de esa manera." 

A decir verdad, eso no es pedir perdón. Porque lo que estoy diciendo no es que fallé sino que la otra persona me malinterpretó. Básicamente estoy diciendo: "Lamento que no hayas sido lo suficientemente ágil para comprender lo que estoy diciendo." 

Cuando la otra persona está herida, no quiere escuchar explicaciones de porque su interpretación está errada. Sino, quiere que reconozcamos que le hicimos daño y pidamos perdón. Una mejor alternativa sería: "Hice mal en haberte hecho sentir así. No debí hacerlo. Perdón."

Después, si la otra persona lo permite...hay lugar para explicaciones. Antes, no. Tus relaciones más significativas, en el trabajo, la familia y en la iglesia, serán aquellas en las que más veces se hayan perdonado mutuamente.

Santiago, el hermano de Jesús, lo dijo así: "Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados." -Santiago 5:16.


La única manera en que tendremos libertad para pedir perdón y perdonar es que nos mantengamos asombrados que Dios en Cristo ha perdonado nuestros pecados.

¿Cuál es tu opinión al respecto? ¡Me gustaría escucharte! ¡Déjanos tu comentario!

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-Luís Luna Jr. 
Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

martes, 4 de agosto de 2015

Jesús, el Verdadero y Supremo Sansón

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En el camino a Emaús, Jesús explicó a sus discípulos como todo en el Antiguo Testamento, desde el libro de Moisés hasta los profetas, se trataba de él. A la mayoría de personas les cuesta leer el Antiguo Testamento de esa manera. Así que cuando llegan a un libro como Jueces se preguntan, "¿Qué tiene que ver Jesús en todo este desorden?"

Pero, las pistas están ahí sí sabemos cómo leerlas. Muchas de las historias del Antiguo Testamento proveen la sombra de la cual Jesús es la realidad. Ellas son el bosquejo, Él es la substancia. Lo que ellas comienzan, Jesús termina.

Recientemente, fui sorprendido mientras leía la historia del nacimiento de Sansón. Cuando un ángel viene a prometer sobre el nacimiento milagroso de Sansón, él dice que "Sansón comenzará a salvar a Israel de la mano de los Filisteos" (Jueces 13:5). 

Comenzará. Esa es una manera extraña de decirlo. ¿Quién lo habría de terminar? Sansón, después de todo, era el último juez en el libro. El autor intencionalmente nos está mostrando algo: para el final de esta historia, tienes que leer más allá del libro. Y para aquellos que sabemos el final de la gran historia, debe ser obvio: Jesús completa la salvación que Sansón nada más comenzó.

Esto puede ser visto aún en la historia del nacimiento de Sansón. Hay algunos paralelismos fascinantes: ambos nacimientos fueron prometidos milagrosamente; ambos fueron respuestas al cautiverio de Israel; ambas historias describen el nacimiento y luego la adultez, saltándose la parte de la niñez. Se puede considerar la historia de nacimiento de Sansón como una anticipación del verdadero y supremo Juez que habría de venir.

Los paralelismos entre el nacimiento de Jesús y de Sansón son impactantes, pero también hay una diferencia abismal. El nacimiento de Sansón traería gozo y honor a una mujer que, debido a que era estéril, vivía en medio de la vergüenza. Pero, el nacimiento de Jesús fue todo lo opuesto: trajo vergüenza a María y José, porque parecía que ellos habían concebido un hijo antes del matrimonio. 

La diferencia es crucial, porque nos muestra como el verdadero Salvador nos salvaría--no a través de poder y honor, sino a través de vergüenza y desgracia.

Desde el principio, la historia de Sansón apunta a más allá de Sansón. Apunta a Jesús, el verdadero y supremo Sansón, que triunfaría en cada lugar que Sansón había fallado. Al igual que Sansón, la fuerza de Jesús residía no en su contextura, sino en el poder del Espíritu. Pero, a diferencia de Sansón, Jesús nunca comprometería la ley de Dios. Él obedecería cada faceta de la ley.

A diferencia de Sansón, que fue controlado por sus impulsos, Jesús sería controlado por la voluntad de Dios. Después de ayunar por 40 días en el desierto, Él pudo resistir las tentaciones de Satanás diciendo, "No vivo por pan; vivo por la Palabra de Dios."

A diferencia de Sansón, que se volvió arrogante y egoísta, Jesús--quien sí tenía derecho a un trono--tomaría el rol de un siervo y se sometería a sí mismo a la humillación de la cruz.

Quedamos deslumbrados ante la fuerza de Sansón. Pero, yo quedo sorprendido ante la presencia de Jesús el Nazareno.

Vea, admirar a Sansón por su fuerza nos puede impresionar, pero nunca nos hará cambiar. Porque lo que más necesitamos no es un fuerte modelo y referente a seguir; lo que más necesitamos es un Salvador quebrantado, alguien que nos diera su fuerza y nos salve de nosotros mismos.

La ironía de Sansón radica en que él era fuerte exteriormente, pero terriblemente débil interiormente. En esa forma, él es como muchos de nosotros. Necesitamos alguien que empodere nuestros espíritus, no que simplemente inspire nuestras imaginaciones. Y cuando tú vez y crees lo que Jesús hizo por ti--que Aquel que era fuerte se hizo débil por ti; Aquel que era justo se hizo pecado por ti; que La Vida misma sufrió la muerte por ti...entonces, y sólo entonces, recibirás la fuerza moral para vivir de la manera que Sansón no pudo.


El objetivo de leer la Escritura--ya sea Jueces, Juan o Jonás--es la adoración. No se trata de aprender nuevos datos. No se trata de indagar pasos de acción. Se trata de adoración. Llega un tiempo cuando pones la pluma a un lado, tus ojos miran arriba y dejas de decir, "¡Ay Dios! Mira todo lo que yo he hecho por ti..." y tú dices, "¡Oh, Dios mío! Mira todo lo que Tú has hecho por mí."

Traducido por Luís Luna Jr. 
Este fue un extracto del Sermón "Cuando los débiles se convierten fuertes" del Pastor J.D. Greear, de Summit Church en Raleigh-Durham, Carolina del Norte. Puedes escuchar el sermón en inglés aquí