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jueves, 20 de abril de 2017

El poder de la manada


Lucas, el médico, relata un episodio en el que Jesús ora por la fe de Pedro. Específicamente para que Dios la fortaleciera. Jesús, en su atributo de omnisciencia, sabe que Pedro lo negara, y tal vez en parte por esto decide orar por su seguidor. Pero, hay algo interesante aquí: Jesús no ora por el resto de sus discípulos.

¿Por qué hace esto el Maestro? Él también pudo haber orado para que Dios fortaleciera la fe de los demás. Pero, sólo ora por Pedro. Lucas, después, nos dice en el mismo pasaje, que Jesús ha orado por Pedro, para que "una vez que él haya vuelto, fortalezca a los demás."

Jesús entonces oró por los demás. No para que Dios los fortaleciera directamente Él, sino para que fueran fortalecidos indirectamente por Dios a través de Pedro.

En repetidas ocasiones, en nuestro caminar con Jesús, Él nos fortalecerá directamente a través de los medios ordinarios de gracia como la meditación de la Palabra, la oración y el ayuno. Pero, también, en la mayoría de los casos, me atrevería a decir, en el día a día, Dios nos fortalece nuestra fe a través de otros. Con las palabras y actos de gracia de parte de  ellos hacia nosotros.

Esta es la razón, probablemente, por la que el Nuevo Testamento se encuentra plagado de referencias que hablan sobre "los unos a los otros." Porque la semejanza a Cristo no ocurre en el aislamiento, sino en la comunidad con otros. Jesús fortalece a algunos, para que después nosotros seamos fortalecidos a través de ellos. Y así también nosotros podemos fortalecer a otros. Los fortalecidos se convierte en fortalecedores. Para que luego nosotros también nos volvamos en fortalecedores.

En una de las mejores películas que ví el año pasado, "El libro de la selva", Mowgli, el niño criado por los lobos, repite el mantra que debía guiarlo por el resto de su vida: "La fortaleza del lobo está en la manada."

De igual forma, se podría decir que la fortaleza del cristiano está en su comunidad de fe. 

-Luís Luna Jr.
Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

miércoles, 29 de marzo de 2017

Tu pecado no es invisible


Un sociólogo hondureño solía hacer la observación que nosotros le damos pleitesía a la corrupción en nuestro país. Muchos tienden a admirar secretamente a aquellos que hacen cosas malas, sin que nadie los vea, y logran salirse con la suya. Por ejemplo, es común escuchar siempre a más de algún señor alabar a un pícaro diciendo cosas como: "Fulano sí que le entiende al trámite." Como si esconder las fechorías es una virtud digna de admiración. No obstante, aunque gran parte de la población en nuestro país piense que uno puede libremente hacer el mal y escaparse de los mecanismos de justicia, hay una verdad inmutable: nadie logra que su pecado escape de la mirada de Dios.

El evangelio según Marcos (cap. 14) relata un episodio muy particular, acerca de un personaje interesante: Pedro, el apóstol. Pedro es el tipo de persona que habla más de lo que debe y que siempre actúa de forma impulsiva. Es de los hombres que siempre tienen 20 centavos de opinión para tirar acerca de todos los temas en la conversación. Una noche antes de ser apresado, Jesús comparte un tiempo con sus discípulos, los doce hombres que habían estado con él durante el transcurso de su ministerio. Y en esa reunión, Jesús advierte que ellos le dejarán y lo van a negar. Ante esto, Pedro, con el ego herido, pues había sido parte de una organización revolucionaria conocida como "los zelotes", y por naturaleza muy beligerante, se pone de pie y dice que eso no será así, al menos en el caso de él. Jesús conociendo mejor la situación le dice que en realidad, esa misma noche, antes que el gallo cante, Pedro negará a Su maestro. Dicho de otra manera, Jesús mira el pecado y el fracaso de Pedro aún antes que él lo cometa.

Más adelante, Lucas, el médico historiador, registra que una criada señala a Pedro diciendo que él era uno de los que andaban con el nazareno, pues su forma de hablar lo delataba. Pedro niega contundentemente tener alguna relación con Jesús. Y en uno de los versos más oscuros y tristes en los evangelios, Lucas 22:60 dice que Jesús se volteó y miró a Pedro mientras él lo estaba negando. Jesús no sólo miró a Pedro antes de que él pecara. Sino que también lo miró mientras él estaba pecando.

Porque los pecados de Pedro, así como los nuestros, no se escapan de la mirada de Dios. Parece que Dios conoce a Pedro mejor de lo que Pedro se conocía a sí mismo. Al igual, que Dios te conoce a ti mejor de lo que tú te conoces a ti.

Unos días atrás, los diarios hondureños publicaron las conversaciones telefónicas llevadas a cabo entre el hijo de un expresidente de la república y uno de sus socios comerciales. Ambos se encuentran en este momento tras las rejas, en una cárcel federal de los Estados Unidos por el delito de estar involucrados en asociaciones ilícitas.  Dudo mucho que ambos estuvieran pensando en ese momento que un día todo el país estaría al tanto de las cosas que ellos hablaban por teléfono. El asunto es que para Dios no existe una categoría de “pecados privados.” Todos los pecados son públicos ante Dios. Tus pecados, eventualmente, te alcanzarán. Por mucho que lo ocultes de las personas a tu alrededor, aún de los más suspicaces y perceptivas, no se escapará de la mirada de Dios.

El Señor mira los mensajes de texto que tú le envías a una mujer que no es tu esposa.
Dios observa el historial de navegación en tu celular.
El Señor escucha los falsos testimonios que tú levantas en contra de alguien.

En definitiva, tu pecado jamás está fuera del radar de Dios.


Es cierto, Dios nos mira. Pero, lo hace a través de los lentes de Jesús: con gracia y verdad. Y esto es una buena noticia. Jesús nos ve con verdad, sin ignorar lo que hemos hecho. Y tampoco pretende que la solución es esconder nuestros pecados debajo de la alfombra. Él llama al pecado como lo que es: una rebelión cósmica ante el Rey del Universo. Pero, Jesús también nos mira con gracia. Sabiendo que la naturaleza auto destructiva del pecado es, en muchas ocasiones, el castigo en sí mismo.

La verdad del evangelio no rasca nuestros corazones de forma superficial. Sino que cava profundamente hasta las capas de incredulidad más gruesas en nuestro espíritu. Porque es ahí donde Jesús nos espera con brazos abiertos para darnos agua viva y decirnos: "Arrepiéntete y cree en el evangelio." Tu pecado “privado”, tarde o temprano, te alcanzará. Y puede que se haga público. Pero, también lo hará Su gracia, exhibida públicamente en una cruz. 

-Luís Luna Jr.
Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.


martes, 3 de enero de 2017

No pongas a Jesús primero en el 2017



Siempre he tenido la costumbre de ponerme metas a inicio de año. Esto no significa que las logre todas, claro. Lo digo reconociendo que necesito ser más constante. Para mí, este año 2017 significa que tengo la oportunidad de lograr las metas que me puse...en el 2014. Algunas metas son más fáciles de alcanzar que otras. Y algunas, pues rápido me doy cuenta que no lo lograré y mejor desisto. No porque sea un mediocre que le gusta renunciar, aunque tal vez sí. Sino porque prefiero enfocar mi energía en aquello que en realidad veo que está dando resultado. Pero, esa es mi opinión personal, nada más. A pesar de esto, creo que es importante y necesario que nos establezcamos metas. Y el inicio de año es un tiempo favorable para hacerlo.

Tal vez no estoy solo. Muchos leyendo esto han estado reflexionando sobre cómo quieren terminar estos próximos 12 meses. Porque dejar de hacerlo seguramente causará malos resultados. "Fallar en planear es planear para fallar", me dijo alguien. La gente que critica el proceso de establecerse objetivos debe admitir que el que a nada le apunta, a nada le pega.

Puede que a veces sea más fácil no ponerse metas. Porque si lo hacemos y no lo logramos, el fracaso duele más. Pero, esto no debe impedir que lo hagamos. Porque al menos si tenemos una idea de lo que queremos alcanzar ya sea a nivel personal, familiar u organizacional, vamos a tener un camino más claro sobre qué hacer para llegar ahí. Es mejor tener un rumbo y fallar. Que no tener un rumbo y tener un falso sentido de éxito. Las personas que sienten que nunca fracasan es porque nunca se han sentido a ponerse un objetivo.

Nuestras metas pueden ser variadas. Para algunos se trata de bajar unas libras y lograr el peso ideal. Y por eso, ya tienen en sus manos una membresía de gimnasio, aunque esto sea un artefacto irrelevante que no volverán a usar jamás. Para otros, su meta es casarse. No saben con quién, o con qué, pero ya no soportan el "infierno" de la soltería. Para algunos, su meta principal puede ser salir de una deuda. Terminar la universidad. O al fin, empezar la universidad. Cualquiera que sea el caso, las metas que nos ponemos son el reflejo de las prioridades que hay en nuestro corazón.

Por encima de todo esto hay algo que necesitamos tener presente en el proceso de definir nuestro futuro, a corto y largo plazo: ninguna meta u objetivo es más importante que crecer en nuestra relación con Jesús. Todo lo demás es periférico a esto. Para las personas que no tienen una relación con Jesús, es necesario que inicies una a través de la fe y el arrepentimiento. El presente y el futuro de tu alma dependen de esto, literalmente. Y si ya has comenzado una relación con Jesús, es necesario que crezcas en ella.

Pero, muchas veces cuando "tomamos en cuenta" a Jesús en el proceso de definir nuestras resoluciones, en nuestro deseo de ser espirituales, queremos poner a Jesús “de primero.” Y esto está mal. De hecho, uno de los mejores consejos que puedo darte en el inicio de año es que no pongas a Jesús de primero en tu lista de prioridades. Nací y crecí en la iglesia. Así que, estoy al tanto de lo que la gente se refiere cuando decimos que "Jesús debe ser primero." Normalmente, esto se traduce en que queremos leer más la biblia, o tener más tiempo de oración o congregarnos más.

Sin embargo, el problema radica en lo que estamos diciendo implícitamente. Al querer poner a Jesús de primero, estamos diciendo que hay cosas que vienen de segundo y luego de tercero. Esto quiere decir que nuestras vidas están ordenadas, entonces, por compartimentos separados uno del otro. Por un lado, se encuentra nuestro rol como cristiano. Por otro, nuestro papel como empleado. Y por otro, nuestra responsabilidad como padre. Y así sucesivamente. Al pensar así, corremos el riesgo de creer que Jesús sólo es Señor "de nuestra vida espiritual" (lo que sea que eso signifique). Ignorando que cuando decimos que "Jesús es Señor", eso tiene incidencia en el resto de quienes somos y lo que hacemos.

Por eso, el pastor Steven Furtick aconseja: Jesús no quiere ser el primero en la lista de tus prioridades, sino el centro de tu vida. No se trata de Jesús y después la familia, trabajo e iglesia. En lugar de eso, se trata de Jesús en nuestra familia. Jesús en nuestro trabajo. Jesús en nuestros estudios. Jesús no debe ocupar el primer lugar seguido por un montón de cosas más como si una cosa estuviera excluida de la otra. Jesús quiere que nuestra vida entera, cada aspecto de ella, gire alrededor de Él.

Por eso, en este 2017 no pongas a Jesús "de primero", sino en el centro.

-Luís Luna Jr.

Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Dilema: ¿Cristianos celebrando navidad?


Celebrar navidad puede volverse en un tema controversial. “¿Celebrarla o no celebrarla, Hamlet?” Ese es el dilema. Por una parte, es algo curioso que este sea un tema caliente. En especial, entre los cristianos. Digo, al menos debería haber consenso en la fecha de cumpleaños de quien fundó el movimiento del que eres parte, ¿no es cierto?

Sin embargo, con todo y esto, es importante aclarar que celebrar o no celebrar navidad no nos hace más santos o más paganos. Tengo buenos amigos que aman a Dios y a las personas que están en ambos lados de la opinión.

Pero, hoy veremos algunos argumentos usados por quienes deciden, en buena consciencia, no celebrar este día. Veamos algunos de ellos:

1. Jesús no nació en esta fecha
La mayoría de historiadores aseguran que Jesús no nació el 25 de diciembre. Sí, lo siento. Lamento romperte la burbujita. A mí me dolió también. De hecho, muchos estudiosos acuerdan que Jesús nació alrededor del primer cuarto del año. Casi por los meses de marzo y abril. ¿La razón? Esos son los meses equivalentes al tiempo en el calendario judío cuando se celebraba la fiesta de los tabernáculos. Todas las obras navideñas que has visto a Jesús salir en un pesebre cubierto de nieve a su alrededor son lindas…pero, equivocadas. Es poco probable que caiga nieve en lugares como el medio oriente. Como Jesús no nació en diciembre, entonces no debemos celebrar navidad, dicen algunos.

2. La navidad es una fiesta pagana.
Muchos registros históricos constatan que los cristianos del primer siglo querían apartar un día del año para celebrar el nacimiento de Jesús. Pero, como no estaban seguros de la fecha de nacimiento, decidieron tomar una fecha que todo mundo conociera y que fuera celebrada. Así que secuestraron el día apartado a Saturnalia y comenzaron a celebrar navidad en su lugar. Entonces, como navidad tiene un origen pagano, no podemos celebrarla ahora. Porque los cristianos no somos parte de cosas paganas…¿verdad?

3. La navidad es una fiesta de consumo.
La navidad es un tiempo en donde la gente se dedica a gastar dinero comprando cosas que no necesitan para sorprender a gente que ni siquiera les cae bien. El capitalismo consumista occidental ha colonizado la navidad y la ha convertido en una fiesta materialista. Y los cristianos no podemos ser parte del sistema. Pues, esto sería compartir los valores de una cosmovisión opuesta al sistema del reino de Dios, dicen muchos.

Entonces, ante esto, ¿qué hacemos? ¿Celebramos la navidad o qué? Bueno, déjame intentar responder a estas objeciones.

1. Es cierto, la evidencia histórica en su mayoría indica que Jesús no nació exactamente la fecha del 25 de diciembre. Pero, que no sepamos la fecha exacta en que Jesús nació no debería impedirnos celebrar el hecho que él nació. Así que me imagino que puedes celebrar el nacimiento de Jesús alrededor de los meses de marzo o abril. No creo que mucha gente llegue a tu fiesta. Pero, puedes intentarlo, creo.

2. La segunda objeción puede ser un tanto más sensible ya que es muy probable que los primeros cristianos hayan empezado a celebrar la navidad secuestrando un festival con tintes paganos. Sin embargo, no todo lo que tuvo un origen pagano sigue teniendo la intención inicial en la actualidad. Por ejemplo, si tú manejas un volskwagen, entonces estás siendo partícipe del genocidio. Los carros volkswagen fueron concebidos por Adolfo Hitler, el canciller alemán responsable del asesinato de más de un millón de judíos. Piensa en eso la próxima vez que enciendas tu coche volskwagen. ¿Estás en pecado? ¡Claro que no! Porque la concepción ideológica inicial que tuvieron los diseñadores originales de esos carros ahora no es la misma. Esto es cierto también de la celebración de la navidad: que haya tenido un origen pagano no significa que tenga esa misma intención ahora. En este sentido, los cristianos redimimos la celebración de la navidad.

3. Sí, vivimos en un mundo obsesionado con las cosas. Y por eso, las tiendas en todo el mundo aprovechan este día para sacarle el dinero a la gente. Pero, no podemos exigir que el mundo se comporte cristiano. No deberíamos escandalizarnos que los mundanos se comporten como mundanos. Específicamente, que los paganos gasten su dinero como paganos. En realidad sólo están siendo coherentes con su manera de ver. O su manera de no ver las cosas, mejor dicho. Lo que sí debería preocuparnos es cuando la gente que está en la iglesia no se comporta como cristianos. Pablo aconseja eso a los corintios.

También, el abuso de algo no invalida su uso. Siguiendo el ejemplo de los coches, podemos concluir que muchos carros son mal usados: para atropellar a gente y salir huyendo de crímenes. Pero, eso no significa que debemos dejar de usar los carros en definitiva.

Similarmente, la celebración de la navidad puede ser abusada en términos consumistas. Pero, eso no quiere decir que debamos desecharla. Es más, los cristianos, más que nadie, debemos ser los primeros en dar a conocer al mundo el verdadero mensaje de la navidad: el milagro de la Encarnación. Dios decidió acercarse a nosotros tomando forma de hombre en Jesús. El hijo de Dios se volvió hombre para que los hombres se volviesen hijos de Dios. En Jesús, Dios ha decidido habitar entre nosotros. Ha tomado la determinación de mudarse a nuestra vecindad. ¡Que alegría más grande! ¡Eso es navidad!

-Luís Luna Jr.
Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Pequé...¿y ahora qué?


Si estás respirando quiere decir que estás vivo. Si estás vivo es seguro que has pecado. O estás pecando. O vas a pecar. Al decir esto no es porque yo esté deseando que esto pase. Sino porque los humanos vivimos en mundo emponzoñado por el pecado. El pecado existe no sólo a nuestro alrededor sino también, y esta es la realidad más difícil de aceptar, en nuestro interior (Rom. 3:23). Incluso, para quienes estamos en Cristo.

Si estamos en Cristo, eso significa que Él ha pagado por la penalidad de nuestro pecado (Rom. 6:23; 8:1-2). Por medio del Espíritu Santo estamos siendo librados del poder del pecado (2 Tes. 2:13). Pero, un día, en la glorificación y en la venida total de Su Reino, seremos liberados totalmente de la presencia del pecado (Fil. 3:21). Sin embargo, lo que eso significa, es que en este lado de la eternidad lucharemos de forma continua con el pecado remanente en nuestros corazones. Es por esta razón que Pablo nos instruye a que nos vistamos del nuevo hombre (Efesios 4:24).

La lucha con el pecado es algo real que ocurrirá en nuestro caminar diario (Rom. 8:12-13). Nuestra lucha contra el pecado estará marcada por victorias. Confiamos en que la gracia del Señor nos sostiene y la mano del Espíritu nos llevará a salvo hasta el día que Cristo venga. Pero, también, en algunas ocasiones, más de lo que estamos dispuestos a admitir, experimentaremos derrotas. Así que, por esto, quiero compartir contigo tres sugerencias para levantarte después de haber caído en pecado.

1. Reconoce que has pecado. Pretender que todo está bien no anula la realidad del pecado que cometiste. Es más, una de las tantas cosas que hace es que alarga el proceso de restauración. Seguirás comiendo algarrobas para cerdos si sigues negando tu pecado. La restauración comienza al quitarnos la máscara. La Biblia enseña que "quien cubre sus pecados no prosperará. Más quien los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia” (Prov. 28:13).

Tal vez no quieres admitir que pecaste porque tienes miedo de lo que eso haría a la imagen que intentas proyectar hacia los demás. Sin embargo, ¿de qué le vale a un hombre ganar una buena reputación e imagen y perder su alma? El primer paso para curarse es admitir que uno está enfermo. Reconoce tu pecado. No te justifiques.

2. Cambia tu mente hacia el pecado. Puede que muchos no tengamos ningún problema en reconocer el pecado que hemos hecho. Pero, seguimos pensando de la misma manera con respecto a él. Podemos reconocer nuestras transgresiones, pero seguirlas amando al mismo tiempo. Debemos ver el pecado por lo que realmente es: una alta traición y rebelión ante el Soberano Creador del Universo que, en su infinita gracia, ha decidido llamarnos Sus hijos. El pecado es un suicidio espiritual. Es cauterizar la mente. Nos volvemos leprosos arrancando pedazos de nuestra misma piel. 

No hay nada más deshumanizante que el pecado. Y debemos verlo como Dios lo ve: aborreciéndolo. La palabra bíblica para esto es "arrepentimiento." En el idioma original el vocablo es "metanoia", que, esencialmente, significa cambiar de mentalidad y retornar en el camino acerca de algo. Cuando nos arrepentimos de verdad, estamos cambiando la manera en que pensamos acerca del pecado. Reconozcamos nuestro pecado y cambiemos la manera en que pensamos sobre el a través del arrepentimiento. Porque el reino de Dios ha venido (Mat. 3:2).

3. Contempla a Jesús. Puede ser que cuando pensamos en restaurarnos después de haber pecado, lo primera idea que se nos viene a nuestra mente es "esfuerzo." Esto es cierto, en gran medida. Debemos estar vigilantes hacia aquellos pecados que eventualmente pueden enfriar nuestro corazón. Debemos esforzarnos y estar alertas. Pero, es importante que dirijamos bien nuestros esfuerzos. Debemos esforzarnos en enfocar nuestra mirada en Jesús. Dios transforma nuestras vidas no cuando decidimos "portarnos bien" sino cuando determinamos poner la mirada de nuestros ojos espirituales en la belleza y la majestad de Jesús. 

Ese es el camino para la restauración después de haber pecado y para la liberación progresiva del pecado mismo (2 Cor. 3:18). Porque cuando vemos la hermosura de Dios en Cristo, al mismo tiempo vemos lo horrible que es el pecado. El famoso predicador londinense Charles Spurgeon solía decir: "Cuando el pecado se vuelve amargo, Cristo comienza a sentirse dulce." De la misma manera, cuando vemos que Dios es hermoso, comenzamos a repugnar el pecado.

Luís Luna Jr.

Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente por Abba.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Una actitud de gratitud


¿Has estado al lado de alguien que se queja siempre? ¡Que duro que es! ¡Soportar su verborrea negativa! ¡Ver siempre la manera en cómo contentarlos y cumplirles sus caprichos porque de lo contrario no se callaran! ¡Hay gente con la que simplemente nunca se queda bien!

Algunos se quejan porque hace mucho calor. Otros se quejan porque hace mucho frío. Algunos se quejan porque la música está muy bajita. Otros porque está demasiado estridente. 

Algunos se quejan porque tienen mucho tiempo de trabajar y no les han aumentado el sueldo. Otros se quejan porque les aumentaron el sueldo y ahora tendrán que pagar más impuestos. 

Algunos se quejan porque no soportan ya la vida de soltero y quieren casarse. Otros se quejan porque no soportan la vida de casados y quieren regresar a estar solteros.

Todos nosotros en algún punto de nuestra vida nos hemos quejado. O nos vivimos quejando. La ironía del comienzo de este artículo es que inicié quejándome de la gente que se queja. Entonces, creo que eso automáticamente me convierte en alguien igual a las personas de las que me estoy quejando, ¿no?

Pero, Dios no quiere que nuestras vidas estén marcadas por un corazón quejumbroso. Todo lo contrario, Dios espera que caminemos con un espíritu agradecido.

Porque una actitud de gratitud abre las puertas a la plenitud.

La manera en cómo desarrollamos un espíritu de gratitud es a través de la práctica del agradecimiento. Esto es: continuamente agradecer a Dios por todo lo que proviene de su mano. Esto no quiere decir vamos a agradecer hipócritamente, sin sentir lo que estamos expresando. La gratitud fingida es esencialmente, al fin y al cabo, mera ingratitud. 

Pero, en ocasiones no necesitamos sentir el deseo de algo para realizar la acción. Sino, más bien, cuando decidimos hacer algo por convicción el sentimiento se une después. Aunque no “sintamos” ser agradecidos, si decidimos ser agradecidos entonces el "sentimiento" de gratitud nos acompañará después.

Pero, ante todo esto es importante que nos preguntemos porque es necesario cultivar un corazón agradecido en primer lugar.

La gratitud sustituye al pecado. Ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias." (Efesios 5:4).

Las palabras que hablamos evidencian el contenido que llena el corazón que cargamos. Si nuestras palabras están marcadas por negativismo, quejas y reclamos entonces eso significa que nuestro corazón está seriamente descontento. Y por consiguiente, el círculo vicioso es reforzado. Ósea, un corazón descontento expresa palabras negativas que a su vez refuerzan el malestar de un corazón que ya estaba inconforme en primer lugar.

Hablar con negativismo es algo malo no porque los libros de auto-ayuda y de psicología popular lo condenan, pues nos impiden "cumplir nuestras metas." En realidad, el asunto es más profundo que eso. Dejar de ser agradecido, o ser mal-agradecido, es un síntoma que indica una patología más peligrosa: la incredulidad en el carácter bondadoso de Dios. 

Un cristiano con un corazón quejumbroso es, en primera instancia, alguien que no cree que Dios verdaderamente cuida de sus hijos. No lo expresaríamos de esta manera tan cruda. Pero, esa es la música de fondo que suena en el corazón de una persona que se pasa la vida quejándose.

Si somos malagradecidos significa que primero fuimos incrédulos. No creemos, o creemos parcialmente, que Dios es bueno y que cuida de nosotros. Y todo lo que proviene de la incredulidad es pecado (Rom. 14:23). Vivir con una mentalidad quejumbrosa, no sólo es señal de incredulidad, sino que también asfixia el proceso de ver las cosas desde una perspectiva celestial. La vela de la esperanza y el optimismo se apagan por el viento implacable de las quejas. El pecado se nutre de la incredulidad y crece en la oscuridad. Por consiguiente, un corazón quejumbroso está más propenso a vivir en pecado.

Es en vista de esto, que tenemos la necesidad de cultivar un corazón agradecido. Porque cuando lo hacemos nos estamos poniendo lentes de optimismo. Estamos viendo al mundo de la manera en que Dios lo ve.  Los cristianos, de todas las personas, deberíamos ser los más agradecidos, optimistas y llenos de esperanza. Porque nuestro optimismo no es ingenuo y frágil, basado en nuestros impulsos intermitentes de hacer el bien. Sino, sólido y bien fundamentado, basado en la revelación de un Dios que está haciendo nuevas todas las cosas.

La esperanza escatológica de un cielo nuevo y una tierra nueva deben llenarnos de agradecimiento por lo que Dios hará. Un corazón distinguido por el agradecimiento a un Dios que cumple sus promesas es terreno fértil para que crezcan las flores de la piedad en lugar de la maleza del pecado.

¿Agradecido en todas las circunstancias? Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (1 Tes. 5:16-18).

Muchos leyendo esto sienten que tienen derecho a quejarse. Porque las personas los han tratado mal. O la vida les ha jugado una mala carta. Es fácil sentirse agradecido cuando todo está bien. Cuando lo que emprendamos da resultados. Cuando la familia está unida. Cuando las cuentas están pagadas. Pero, ¿qué pasa cuando todo se desmorona? ¿Qué ocurre cuando, a simple vista, no hay ninguna razón lógica por la que deberíamos estar agradecidos?

¿Qué pasa cuando sentimos que tenemos todo el derecho de quejarnos después de lo que hemos sufrido? Es importante entender que Dios no te llama a negar la, a veces, cruda realidad que rodea tu vida. La fe bíblica no niega lo que es. 

Al contrario, al negar lo que realmente es estamos removiendo el escenario para que Dios haga lo que sólo Él puede hacer. Es como si estuviéramos sentados frente a un médico y juráramos que no hemos estado teniendo los síntomas respectivos de un tumor maligno.

Sin embargo, la verdadera fe bíblica es creer que la realidad de Dios puede invadir la realidad aquí en la tierra y transformarla para Su gloria. Cuando creemos esa verdad entonces estamos comenzando a ver el mundo a través de los lentes de Dios. Con los ojos de la fe. 

Y sólo cuando vemos al mundo con los ojos de la fe es que podemos estar agradecidos ante cualquier tipo de circunstancia. Creemos en lo que Dios puede hacer y creemos en lo que Dios ha prometido hacer. ¿Por qué? Nuestra confianza en lo que Dios promete descansa en que Él ha cumplido lo que ha prometido en el pasado.

Del cumplimiento de las promesas pasadas dependen la certeza de nuestra fe en el futuro y nuestra gratitud en el presente. ¿Y cómo podemos estar seguros que Dios cumple sus promesas? Viendo la cruz. Mucho se puede decir sobre las razones por las que Dios permite el mal. Pero, una de las razones que con seguridad podemos afirmar que NO es, es esta: Dios es indiferente al sufrimiento y al mal en el mundo. Eso no es cierto. 

De hecho, Dios mismo ha pasado por los niveles de dolor y sufrimiento más grandes que alguien haya podido experimentar siendo brutalmente asesinado en una cruz romana. La cruz, al igual que la tumba vacía, son las evidencias más grandes que Dios cumple lo que promete. Las promesas del Antiguo Testamento sobre un Redentor que salvaría el mundo a través de su propio sufrimiento se llevan a cabo en la vida y obra de Jesús.

Por eso, ahora a la luz de estas verdades nosotros caminemos con seguridad. Pues estamos siendo sostenidos por las mismas manos que diseñaron el cosmos y fueron clavadas por nosotros. Pase lo que pase y venga lo que se venga, podemos tener una actitud de gratitud. Porque aunque no tengamos el control de las cosas, somos inmensamente amados por Aquel que sí lo tiene. Y por eso, gracias Dios.

-Luís Luna Jr.

Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

martes, 22 de noviembre de 2016

No desperdicies tu dolor


El recuerdo está fresco. Recién había salido del trabajo e iba bebiendo un sorbo de un café mocca, cuando de pronto mi mamá me envió un mensaje que la llamara por algo que era urgente. Y vaya que sí resultó serlo.

Mi mamá me informó que los doctores habían desahuciado a mi abuela. Ningún tratamiento u operación impedirían el avance implacable de su enfermedad. Lo único que quedaba, era esperar su inevitable muerte. Que en efecto llegaría unos días después del fatídico diagnóstico.

La noticia me golpeó más porque en ese momento todo me estaba saliendo bien. Estaba avanzando en mis estudios, viendo frutos en el ministerio de jóvenes y teniendo buenos resultados en mi trabajo. Pero, de un momento a otro, fui sacudido. Los días antes y después de su muerte fueron difíciles. 

Especialmente porque sentí que Dios actuó injustamente con mi abuela. Ella era el tipo de persona que siempre estaba dispuesta a servir al Señor y a su obra. Casi todos los fines de semana ella estaba involucrada en una actividad para recaudar fondos para la iglesia a la que ella pertenecía. Ella tenía la costumbre de ofrecer comida a quien llegara a visitarla. Por eso, su casa estaba lleno de gente que yo no conocía. Porque ellos sabían que la hermana Josefa no los iba a dejar ir con hambre.

En verdad fueron días duros. Mis ojos todavía se humedecen cuando recuerdo lo que pasó. Es sorprendente como la vida destruye la falsa ilusión de que tú tienes el control de las cosas.

Tal vez no has perdido a un ser amado, pero has atravesado algo similar. Puede ser que conozcas lo que significa que tu mundo se derrumbe. O lo que es peor aún, puede que en este momento tu vida se esté derrumbando y no hay nada que puedes hacer al respecto.

Tal vez invertiste energía, recursos y tiempo en lanzar una iniciativa empresarial, sólo para saborear el fracaso amargo y querer renunciar a todo.

A lo mejor iniciaste el ministerio con ganas de cambiar el mundo. Pero, sentiste el dolor de la traición por parte de quienes prometieron ayudarte a cumplir la visión de Dios para la iglesia.
Es probable que te ilusionaste en una relación amorosa. Y todo era color de rosa. Hasta que te diste cuenta que jugaron contigo.

Cuando estás pasando por cosas como estas hay algo que es seguro que no deseas escuchar: Consejos simplistas de parte de quienes  no tienen la menor idea de cómo te sientes.

Atravesar estos desiertos es difícil. Atravesarlos por nuestra propia cuenta lo hace peor.
Pero, Dios no quiere que este sea el caso. De hecho, en su providencia, Dios nos ha dado la iglesia como una familia sanadora y como una comunidad solidaria. Por favor lee bien lo que estoy a punto de decir: Uno de los propósitos de Dios para la iglesia es que en ella encontremos un oasis de amor, esperanza y solidaridad en el desierto de nuestras tragedias.

 El apóstol Pablo entendió esto. 2 Cor. 7:5-7 relata lo siguiente:
Pues aun cuando llegamos a Macedonia, nuestro cuerpo[a] no tuvo ningún reposo, sino que nos vimos atribulados por todos lados: por fuera, conflictos; por dentro, temores. 6 Pero Dios, que consuela a los deprimidos[b], nos consoló con la llegada de Tito; 7 y no sólo con su llegada, sino también con el consuelo con que él fue consolado en vosotros, haciéndonos saber vuestro gran afecto[c], vuestro llanto y vuestro celo por mí; de manera que me regocijé aún más.

Pablo confiesa con libertad la depresión que pasaron. Sin embargo, por importantes que son los medios de gracia para fortalecer nuestra fe, la provisión de Dios a Pablo fue a través de Tito. Pablo y los suyos estaban en crisis; pero, fueron consolados cuando llegó Tito.
Pablo relata que Tito le hizo saber que los corintios "lloraban por él." Y esto fue causa de regocijo en el corazón del apóstol.

En ocasiones, es común ver el dolor de otros y de inmediato disponernos a decirles lo que está mal y cómo deben cambiarlo. Está bien querer ayudar. Pero, también existe el riesgo de querer aconsejar a los que lloran sin primero llorar con los que lloran. Demasiadas veces queremos sonar expertos en cosas que ni siquiera hemos atravesado. Cuando alguien está interesado en nada más dispensar sabiduría, pero no siente el dolor de quien está recibiéndola, el consejo puede ser bueno. Pero, permanece en la superficie del corazón de quien lo recibe.

Por eso, la única manera de sentir, en verdad, el dolor de quien se desmorona frente a tus ojos es que tú hayas sido previamente desmoronado por eso mismo también. Un tiempo atrás mi mamá estuvo hospitalizada y pasó varios días en la clínica. Mi papá y yo nos turnamos para cuidar de ella durante la noche. La mayoría del personal médico cuidó bien de ella. Excepto por algunas de las enfermeras. Me imagino que era el cansancio físico y emocional de estar cuidando a tanta gente durante largos turnos. A pesar de esto, hubo una enfermera que atendió a mi mamá de una forma tan especial que arrestó mi atención.

En lo que fuese, ella siempre daba la milla extra para que mi mamá estuviera cómoda durante su estadía en la clínica. Un día me le acerqué para agradecerle por lo que hacía por mi mamá. Sé que, en parte, era su trabajo pero lo hacía tan genuino. Ella me contestó: "No se preocupe. Hace algunos meses atrás yo estuve hospitalizada por la misma razón que su mamá está hospitalizada. Así que sé muy bien como ella se siente y como necesita ser atendida."

Dios te permitirá atravesar episodios que no entenderás al principio para que brindes amor, solidaridad y empatía a quienes están atravesando el desierto que tú ya pasaste. Porque, ¿quién es la persona más adecuada para solidarizarse con una joven sufriendo de anorexia que alguien que haya atravesado por eso?

¿Quién es más indicado para ministrar a un joven pastor desanimado que alguien que ya haya sentido de primera mano lo duro que puede ser el corazón del pueblo de Dios en muchas ocasiones?
¿Quién puede a ayudar a una joven que haya sufrido abuso sino alguien que haya pasado por el mismo infierno?

Aún el apóstol que escribió casi la mitad del Nuevo Testamento y plantó iglesias por todo el Mediterráneo necesito del consuelo y la solidaridad de alguien. De la misma forma, Dios quiere que nosotros brindemos y recibamos amor, empatía y solidaridad a través de nuestra iglesia local.  No tengo idea de cómo mi familia hubiera atravesado el duelo después de la muerte de mi abuela de no haber sido por el consuelo, la solidaridad y el amor que recibimos por parte de nuestra iglesia local.

En Jesús, Dios no sólo se solidariza con nuestra condición. Sino que encarna nuestra realidad. Ese es el milagro de la Encarnación, según Atanasio: “El hijo de Dios se volvió hombre para que los hombres se volviesen en hijos de Dios.”

Hemos recibido gracia para brindar gracia a otros. Hemos recibido consuelo para consolar a otros. Hemos recibido solidaridad para solidarizarnos con otros. En Cristo, Dios se da a nosotros para que nosotros nos demos a los demás.

-Luís Luna Jr.

Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

lunes, 21 de noviembre de 2016

6 Estrategias Para Luchar Contra El Orgullo


Dios es quien se encarga de edificar Su obra. Y lo hace otorgando diferentes tipos de dones y habilidades a diferentes tipos de personas. Si por su gracia Dios te ha dotado sobrenaturalmente para algunas tareas específicas de Su Reino, las personas se acercarán para felicitarte y afirmarte. Y aunque este no sea el impulso que te mueve a hacer las cosas, es necesario que tu espíritu se mantenga vigilante a lo que puede ocurrirle a tu corazón al recibir aprobación humana.

No hay nada de malo en expresar admiración por lo que Dios hace a través de otros. Muchas veces siento que un sermón ha salvado mi vida. Y en la manera que puedo, intento expresar mi agradecimiento y admiración hacia la persona que Dios usó para edificarme.

Muchos obreros están haciendo una labor fenomenal. Pero, a la vez, caminan desanimados. Porque casi nunca reciben afirmación de parte de aquellos a quienes sirven fielmente. Por eso, cuando puedas, agradece y felicita a las personas que Dios usa para asistirte en tu caminar con Jesús.

Sin embargo, el fin de este artículo es ayudarte cuando recibas felicitaciones o afirmación de otros por lo que haces en el Reino de Dios. La aprobación humana puede intoxicar el corazón. Y al igual que muchas sustancias tóxicas, nos podemos volver adictos a ella si no tenemos cuidado. Una señal de esto, por ejemplo, es cuando sentimos que los demás están obligados a darnos un "like", "retweet" o una palmada en el hombro después de haber bateado lo que nosotros pensamos fue un "home run."

En nuestro caminar, la clave para crecer más en conformidad a Cristo radica no en controlar o domesticar nuestro ego. Sino en atravesarle una espada para matarlo. Una y otra vez. Y las veces que sean necesarias. Al compartir este artículo, en ninguna manera pretendo haber vencido en totalidad este tipo de pecado. Pensar eso sería suicidio para mi alma. Sino que en mi lucha contra la arrogancia remanente en mi propio corazón, que no es poca, me encontré con las siguientes recomendaciones prácticas del pastor John Piper. Creo que son útiles. 

Si bien es cierto el orgullo se manifiesta de muchas formas, estas dagas son más efectivas contra la arrogancia naciente en un corazón que se quiere acostumbrar a ser alabado:

1. Recuerda que no eres auto-existente; sólo el Dios trinitario lo es. Sólo Dios es absoluto. Tú eres contingente. Recuerda que eres dependiente de Dios en tu origen, presente y futuro. Recuerda esto y medita en esta verdad.

2. Recuerda que eres por naturaleza un pecador depravado y que en todo tu pecado has tratado a Dios con desprecio, prefiriendo otras cosas en lugar de su gloria. Recuerda que no hay nada bueno que hayas hecho que no requiera arrepentimiento. Todas tus buenas obras están, de alguna manera, manchadas por el pecado. Cada una tiene algún grado de error porque Dios demanda perfección. Y por eso, Dios no te debe nada más que dolor en esta vida y en la venidera. Todo lo bueno que tienes a tu alrededor, entonces, es una obra de gracia y no por tu propio mérito.

3. Medita en la realidad que tú condición era tan desesperada que sólo pudo ser remediada por la horrible muerte del hijo de Dios, quien llevó tu pecado y proveyó tu justicia. Y gózate en el perdón y justicia que ahora es tuya en Jesús.

4. Renuncia a todos los deseos de fama y notoriedad cuando sientas que se levantan en tu corazón diciendo: "¡No! En el nombre de Jesús salgan de mi cabeza." Y voltea tu mente con frescura hacia la belleza, verdad y valor de Cristo.

5. Trata de recibir toda crítica, ya sea de amigo o enemigo, asumiendo que casi siempre hay algún grado de verdad del cual te puedes beneficiar. "Sé pronto para oír, tardo para hablar y tardo para airarse." -Santiago 1:19.

6. Trata de acudir a escritores cristianos de siglos anteriores que conocían a Dios en profundidades que la mayoría de nosotros, gente moderna, somos incapaces de conocer.


*En lo personal, he sido redargüido, confrontado y edificado por los escritos de los Padres del Desierto del siglo IV y los predicadores puritanos del siglo 17.* 

-Luís Luna Jr. 
Pecador rescatado por Gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

Puedes encontrar todas las recomendaciones del pastor John Piper haciendo click aquí

martes, 13 de septiembre de 2016

Trastorno de bipolaridad eclesial: La Iglesia ante la reelección


"Nunca voy a probar el sushi", le dije a un amigo después de insistirme que comiera el tradicional platillo japonés. "Sólo son rollos de pescado crudo. ¿Quién en su sano juicio lo haría? ¡No importa lo trendy o chic que esté, no voy a comerlo!" Esa era mi postura firme. Antes de haber probado el sushi, claro está. De más está decir que cambié de opinión después de comer sushi por primera vez. Ahora, aunque a mi billetera no le parezca tanto, me fascina el sushi. (Acepto invitaciones. Nos podemos poner de acuerdo en la sección de los comentarios.)
Al igual que yo, estoy seguro que hay muchos que han cambiado su opinión sobre varias cosas con el pasar del tiempo.

Tal vez amabas la soltería. Y no entendías porque la gente se quería complicar la vida casándose. Pero, ahora estás casado. Y después de haber visto el ultrasonido de tu hijo(a) quieres retroceder el tiempo. Para decirle a tu "yo" de hace 5 años atrás que es un patán. Porque nada se compara con la alegría de saber que Dios te usó para concebir a un ser humano.

O puede ser que tenías una postura marcada frente a algunos temas considerados como dilemas éticos. Como la eutanasia o la pena de muerte. Y después de estudiar y reflexionar al respecto ahora razonas de manera diferente.  
Tener una perspectiva distinta acerca de un asunto con el pasar del tiempo no es algo inherentemente bueno. O necesariamente malo. No equivale a un relativismo de convicciones o a un fundamentalismo extremista. En ocasiones, puede ser una señal de humildad reconocer que no todo lo que pensabas acerca de algunas problemáticas estaba acertado.

Habiendo dicho esto, por otro lado, también pienso que hay algunos cambios de opinión general que pueden ser grandes y rápidos a la vez. Existen cambios radicales de proporciones épicas. Como, por ejemplo, el giro de 180 grados que ha dado un gran sector de la Iglesia evangélica con respecto al tema de la reelección presidencial.
Entiendo que hablar sobre eso puede causar controversia. Pero, quiero aclarar que no intento discutir si la reelección presidencial es ética o no. Personas entrenadas en la disciplina jurídica y además, mucho más inteligentes que yo, han determinado que ese es un caso juzgado.

Dejando a un lado el hecho que no todo lo legal es necesariamente moral, mi consternación no recae en decidir si la reelección es lo mejor para el país o no. Esas conversaciones se dan mejor en persona. Preferiblemente, con un café en medio. La iglesia es un solo Cuerpo en Cristo. Pero, eso no implica que todos vamos a pensar de la misma manera sobre todas las cosas. En especial, lo que concierne a temas en los que hay un espacio para el desacuerdo saludable.

A pesar de todo, no deja de ser un tanto bizarro la aparente bipolaridad repentina que un gran sector de la iglesia evangélica ha evidenciado con respecto a su postura hacia esta temática. Algunos años atrás, en el 2009 para ser exactos, las plazas y los parques estaban saturados de personas que querían a un país de paz. El mar de las camisetas blancas, símbolo de pureza, reclamaba que la Carta Magna de la nación no fuese reformada. ¡Que atentado querer cambiar los artículos pétreos! "Amo mi país y por eso defiendo mi constitución" clamaban a unísono. ¿Y quién no?

El presidente de turno, anunciaban, quería cambiar este país y volverlo un enclave socialista. En donde las iglesias serían cerradas y se harían parques de diversiones en su lugar. Las biblias serían quemadas. Suplantadas por "El Manifiesto del Partido Comunista" de Karl Marx. Los maestros adoctrinarían a los alumnos. Diciéndoles que cerraran los ojos, pidieran un chocolate y que abrieran los ojos. Sólo para ver una barra de dulces en su pupitre que decía: "Este chocolate proviene del comandante en jefe, no del Dios de arriba." Así es como el proyecto de transformar a Honduras en una nación marxista-leninista tendría lugar. Honduras sería Bolivariana. Y el gran Chávez, en lugar del  Sabio Valle, aparecería en el billete de 100 lempiras. El presidente de aquel entonces era el anticristo. Y la reelección era un prototipo de la Gran Tribulación.

Pero, algunos años después, las cosas parecen haber cambiado. Bastante. Al menos según, la óptica de una parte de la iglesia. La reelección ya no es, tal parece, la gran tribulación. Sino, el reino milenial. Y el comandante en jefe ya no es el anticristo, sino un David. Quienes defendían la Constitución guardaron el escudo con el que la protegieron y ahora sacaron la pluma para editarla. Los artículos que antes eran pétreos, ahora son moldeables. Las camisas que antes eran blancas, ahora son beige. Eran los peores tiempos, ahora son los mejores tiempos.

Estamos en una época adecuada para que el escritor inglés, Charles Dickens, autor de la épica novela "Un cuento de dos ciudades" resucite para dar a luz a una narrativa que lleve por título algo como "Un cuento de dos iglesias." Una iglesia a lo Harvey Dent. Un extraño cuadro clínico que sugiere la presencia de un trastorno de bipolaridad eclesial.

Pero, tal vez, sobre esto, hay otro relato que sea pertinente a la actualidad. Como la historia que narra la Biblia en Números 22 y 23, por ejemplo. La trama gira entorno a un profeta llamado Balaam, la voz de Dios para el pueblo. Un día un rey llamado Balac le ofrece dinero al profeta para que maldiga a Israel. El profeta, Balaam, ensilla su burro decidido a tomar camino. De pronto, el burro se detiene porque ve a un ángel que impide su paso. Tanto fue el enojo del profeta hacia el burro terco que le pegó. Tanta fue la frustración del burro hacia el profeta que, sobrenaturalmente, le reclamó. Ante esto, el ángel que estaba en medio le dio a Balaam las instrucciones de lo que en realidad tenía que decir una vez estuviese parado ante el rey. 

¿La moraleja? El autor bíblico quiere ilustrar que nadie puede maldecir lo que Dios bendice. Y si esto es cierto, su corolario inverso también lo es: nadie puede bendecir lo que Dios maldice. El autor del libro de Números quiere dar un mensaje claro: la voz profética de Dios hacia una nación no se condiciona por ofertas de gobernantes. Y si eso es cierto para aquel entonces, también lo es para ahora.

Es sólo un relato. Y soy sólo yo pensando, o escribiendo, en voz alta. No condeno, ni apruebo el movimiento telúrico que ha causado el giro tectónico de la opinión de un sector de la iglesia hacia el asunto de la reelección. Sólo es algo que encuentro extrañamente fascinante. A lo mejor es porque estoy demasiado joven e ingenuo. Es probable que la razón sea que, en buen español, no le entiendo al trámite. O no sé "como corre el agua." Tal vez es porque soy un simple y obstinado...burro. Pero, considerando lo que hizo el burro sobre el que iba montado Balaam, tal vez eso significa que estoy en no tan mala compañía.

-Luís Luna Jr.

Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba.

sábado, 10 de septiembre de 2016

¡Ayuda!: Una respuesta cristiana hacia el bullying



Yo también ví el video. Y sentí la misma ira que cualquiera con una pizca de sentido de justicia sintió. Lo primero que pensé cuando vi al joven con la camisa del futbol club Barcelona golpear de forma repetida al jovencito delgado y menos corpulento es: “No me quiero imaginar cómo se sintieron los padres del jovencito abusado cuando vieron el video.”

El video sólo nos mostró una realidad que no es ni nueva ni inusual. El tipo de abuso que se lleva a cabo en su mayoría en centros educativos, conocido como bullying, es un fenómeno que ocurre a lo largo y ancho de las escuelas y colegios del país.

Pero, a todo esto: ¿Qué es el bullying? El término se ha popularizado recientemente. En especial, en el contexto de centros educativos. Por definición, el bullying es un acoso físico o psicológico al que es sometido un alumno por sus compañeros, de manera sistemática y continua. Es importante enfatizar el hecho que para que el bullying esté presente, el abuso debe ser realizado forma sistemática y continua.

¿Qué lo causa?
Los aspectos que generan o que están relacionados con el bullying pueden ser varios. Por un lado, cuando la agresión que los niños manifiestan en los primeros años de edad no es bien controlada entonces ese niño es un posible "bully" (abusador).  También, en muchos casos, los niños abusadores, o “bullies” estén imitando el comportamiento que ven en casa, por parte de las personas que están encargadas de él. O están canalizando hacia los demás el abuso que están recibiendo.

Es posible, también, que un “bully” esté abusando en respuesta a su propia inseguridad. La incomodidad que los abusadores sienten consigo mismos hacen que ellos busquen personas más “débiles” a quien maltratar para así sentirse poderosos o fuertes. En realidad, los bullies no son fuertes. Son internamente débiles y por eso hacen bullying.

Si bien es cierto, estos factores contribuyen e intensifican la problemática. Sin embargo, la causa definitiva del bullying es el pecado que radica en el corazón de cada adulto, joven y niño. Desde Caín rebelándose contra Dios matando a su propio hermano, nosotros abusamos a nuestro prójimo de diferentes maneras y en las diferentes etapas de nuestras vidas.

¿Cómo detectarlo?
Es muy común que los niños o adolescentes en el colegio estén siendo abusados y sus padres no se dan cuenta. En el caso de los niños que están sufriendo abuso, una señal es que tengan miedo de ir a la escuela. Normalmente, pocos niños están entusiasmados de ir a clases, por las implicaciones obvias de levantarse temprano y hacer tareas. 

Pero, cuando un niño o adolescente está sufriendo bullying es como si todos los días se levantara temprano para ir camino a una tortura. También, cuando las cosas como lonchera, ropa, utensilios, comienza a desaparecer misteriosamente, es probable que el niño esté siendo abusado y prefiera guardar silencio.

Una respuesta cristiana
Una forma efectiva no sólo de combatir el bullying sino de prevenirlo es desarrollar lazos de confianza con su hijo(a), de manera que él se sienta cómodo contando las dificultades que atraviesa en la escuela. Puede ser que si le preguntas a un niño de manera directa si está siendo abusado no responda nada. Pero, es importante aprender a leer el lenguaje corporal. El silencio después de tal pregunta revela más que las palabras.

Porque amamos a las personas, los cristianos debemos odiar el bullying. Y la razón por la que amamos a las personas es porque Dios ama a las persona. Y cada ser humano es un portador activo de la imagen de Dios. Cuando Dios creó a los seres humanos decidió depositar en nosotros su imagen (Génesis 1:26). Esto se conoce como la doctrina de la imago Dei, o la imagen de Dios.

Si Dios puso su imagen en cada persona que habita sobre la faz de la tierra, eso significa que cada vez que una persona es abusada, explotada, insultada o denigrada, la misma imagen de Dios en ese individuo está siendo explotada, insultada, denigrada y abusada. Cuando un niño está siendo abusado por un bully, la imagen de Dios en el niño está siendo abusada también. La doctrina de la imagen de Dios nos hace odiar al bullying. Pero, la doctrina de la gracia de Dios nos lleva a buscar restauración tanto en abusados como en abusadores.

El mensaje del evangelio de la gracia es tanto para aquellos que han sido víctimas como para, y esto es lo radical del asunto, aquellos que son victimarios. El evangelio de Jesús es para los abusados y también para los abusadores. El mismo Dios que defiende a las potenciales víctimas de abuso diciendo: “Ay de Aquel que haga tropezar a uno de mis pequeñitos…” (Mateo 18:6) Es el mismo Dios que se acerca a un victimario y abusador llamado Zaqueo diciendo: “Hoy es necesario que pose yo en tu casa.” (Lucas 19:5)

Esto no significa que los “bullies” o abusadores están exentos de recibir castigos por su comportamiento de abuso hacia otros. Es imprescindible poner límites y enseñarles a respetar la dignidad humana en cada persona. Pero, lo que sí significa es que sus pecados, si se arrepienten y creen en Jesús, han sido pagados por el abuso que Jesús recibió en el Gólgota.

-Luís Luna Jr.
Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba

jueves, 8 de septiembre de 2016

Buenas noticias: Jesús no es tu coach


Ya varias veces he intentado ser parte de la cultura fit que se ha apoderado del mundo. Con pena, admito que no he podido. Mi pancita es evidencia empírica de ello. Un tiempo atrás probé ingresar a un gimnasio. “De todos modos”, solía decirme a mí mismo, “no es algo que parezca tan difícil. Sólo voy, hago mi rutina y me largo.” Eso era lo que yo creía. Los veteranos del gym han detectado esta misma ingenuidad en los novatos que se inscriben la primera semana de enero de todos los años.

Entré pensando que como yo sabía el resultado que quería alcanzar, no necesitaba de alguien que me dijera lo que tenía que hacer. Pasó poco tiempo para reconocer lo equivocado que estaba. Me di cuenta que, por mucho que no quisiera, necesitaba de un coach, o instructor o de gimnasio cuyo nombre fuera Mike, Tony o Charlie. ¿Alguna vez se han preguntado porque casi todos los entrenadores de gimnasio llevan nombres como esos?

En fin, nos guste o no, en el gimnasio en particular y en la vida en general necesitamos de coaches o entrenadores que nos ayuden a tomar decisiones correctas.
Necesitamos coaches, por ejemplo, en nuestras finanzas. Tal vez tienes metas financieras grandes. Pero, ¿adivina qué? Hay personas que ya han logrado los objetivos que tú recién te acabas de poner. Y una de las mejores cosas que puedes hacer es acercarte a estas personas para invitarles un café, hacerle buenas preguntas y luego callarte la boca para aprender acerca de cómo han logrado lo que han logrado.

Necesitamos coaches que nos ayuden a llevar buenas relaciones interpersonales. Si analizamos bien nuestras vidas nos daremos cuenta que una causa común de los problemas que cargamos son conflictos no resueltos que involucran las relaciones más cercanas y significativas que tenemos. Pero, hay personas que han sabido caminar el a veces espinoso trecho de las relaciones humanas y pueden guiarnos para que seamos saludables en esta área.

Estos sólo son algunos ejemplos, pero podemos seguir nombrando áreas en las que necesitamos la retroalimentación y el consejo de aquellos que ya han estado en donde nosotros queremos llegar. Y que pueden guiarnos hasta ahí, en lugar de cargarnos hasta ahí. Después de todo, los mejores coaches son aquellos que nos guían acerca de qué hacer en lugar de aquellos que hacen las cosas por nosotros.

Y por muy novedoso que se pueda escuchar el concepto de tener un coach, no es algo innovador en la Biblia. Pablo aconseja a Timoteo para que enseñe a los hombres y mujeres mayores de la iglesia en Éfeso a que puedan ayudar a madurar a aquellos que están más jóvenes dentro de la congregación. Pero, por mucha ayuda que es tener un coach hay momentos en nuestras vidas que necesitamos algo más que mera instrucción y sabiduría práctica. A veces los consejos no son suficiente. Porque hay momentos en nuestra vida que necesitamos más que sólo buenos consejos y buenos instructores. 

Cómo cuando te encuentras tan cansado que no quieres seguir. Sabes que Dios te ha llamado. Pero, no sabías que la misión a veces puede drenar tu vida. Te sientes cansado. Pero, no sólo físicamente cansado. Sino un cansancio que va más allá. Del tipo de cansancio que no se arregla con dormir 20 minutos por la tarde.  Un cansancio de tanto hacer el bien. Cansado de ser el parachoques de la familia, del trabajo y de la iglesia. Cansado de ser el basurero emocional de la gente que te rodea. Un cansancio del espíritu que se manifiesta en el cuerpo.

O como cuando has sido traicionado. No de forma superficial. Sino traicionado de verdad. Por personas que jamás te lo imaginaste. Traicionado por aquellos en quienes tuviste el atrevimiento de poner tu confianza en las manos de otros. Y ellos la tomaron, la tiraron al suelo, la escupieron y la pisotearon. El puñal duele más cuando es clavado por aquellos que sostenían tu corazón.

O como cuando has perdido a un ser querido. Y el dolor es indescriptible. Si lo quisieras poner en palabras, dirías que la mitad de tu alma se está asfixiando. Porque la otra mitad se fue con la persona que te dejó. La soledad, el desamparo, la ira hacia Dios, y a veces, hacia el difunto. Tanto así que no puedes si quiera funcionar bien en horas laborales. Y estás ausente en horas familiares.

Es bueno tener un coach. Pero, en momentos en la vida como estos necesitas más que un instructor que te diga que hacer. Necesitas a alguien que no sólo te de consejos que lo único que revelan es que él o ella no ha pasado por lo que tú estás pasando. Necesitas a alguien que haya atravesado lo mismo que tú.
Necesitas a un salvador.  Necesitas a Jesús.  El problema central del hombre no es falta de instrucción. El problema central es un problema del corazón. El corazón de todo problema es un problema del corazón. Sólo Jesús puede sostener tu corazón y ayudarte en momentos que sientes que te ahogas y estás espiritualmente y emocionalmente agonizando.

Por eso, cuando estás recogiendo los pedazos que quedaron de tu alma después de haber sido traicionado por alguien que amabas, Jesús no viene a ti con el libro de Dale Carnegie sobre como “Ganar amigos e influenciar a las personas.” El viene a sentarse a tu lado y a decirte: “Me di cuenta que te hirieron.  Yo fui traicionado también por un amigo, sabes. Se llamaba Judas. Sé exactamente cómo te sientes. Y estoy contigo.” En Jesús, Dios ha sido traicionado. Al igual que tú.

Cuando estás atravesando los momentos más oscuros después de la pérdida de un ser querido, Jesús no viene a ti con una presentación de PowerPoint sobre las diferentes etapas del duelo y como atravesarlas de forma efectiva. Jesús viene a conversar contigo diciéndote: “Supe que perdiste a alguien que amabas. Yo también he llorado la muerte de un ser querido. Se llamaba Lázaro. Sé exactamente cómo te sientes. Y estoy contigo.” En Jesús, Dios ha sufrido duelo. Al igual que tú.

Cuando te encuentras a punto de tirar la toalla porque sientes que tu vida es una montaña rusa emocional y estás cansado de todo, Jesús no viene con el artículo más reciente de Harvard Business Review sobre los 5 secretos para incrementar tu productividad en horas laborales. Sino que Jesús viene a contarte acerca de la vez que el sol le fatigó tanto que tuvo que detenerse a pedir agua a una mujer samaritana de dudosa reputación que estaba cerca de un pozo. En Jesús, Dios se cansa y tiene sed. Al igual que tú.

Jesús no es tu coach. Claro, hay muchas cosas que Él tiene tiene que decir acerca de las diferentes áreas de nuestras vidas que debemos escuchar y obedecer. Pero, Jesús da mucho más que buenos consejos. Y es mucho más que un buen instructor. Jesús no es sólo buenos consejos. Jesús es buenas noticias. Jesús es mucho más que un instructor, Jesús es un Redentor. El sumo sacerdote que se compadece de nuestras debilidades porque las ha atravesado todas y ha sufrido de todo al igual que nosotros pero sin pecado.

En medio de los problemas, en medio de las crisis, en medio de las dificultades Jesús no viene a darte una promesa que todo saldrá bien, que todo pasará rápido o que todo se arreglará. Jesús viene a darte algo mucho mejor que eso. Jesús viene a darse a sí mismo. Jesús no siempre trae la solución. Al menos según lo que nosotros concebimos como solución. Pero, siempre trae Su presencia. Porque Su presencia es Su promesa.

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-Luís Luna Jr.
Pecador rescatado por gracia. Hijo eternamente amado por Abba